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La cratosexualidad y la ley de la reversibilidad

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Es conocida la atracción del poder (cratosexualidad) y esa es la trampa para elefantes que nos tiene anestesiados, pero contra esa ley de la atracción, hay otra, igualmente poderosa, que es la ley de la reversibilidad (el psicólogo Jean William Fritz Piaget, 1896 – 1980, describió que ‘la reversibilidad es la característica más definida de la inteligencia’); y sobre esas leyes va el presente escrito.

La kratología (cratología) (kratos: poder; logia: ciencia) ‘es el estudio del poder en todas sus formas, dimensiones y manifestaciones’. Y la cratosexualidad se centra en la erótica del poder y su efecto en sentirnos atraídos por el poder de otra persona y sus circunstancias, pues la primera ley fundamental de la atracción es que ‘lo similar atrae a lo similar’, y, generalmente, queremos asimilarnos a los poderosos, pues ‘la naturaleza aborrece el vacío’ y ‘el presente siempre se considera mejor’ (segunda y tercera ley de la atracción, respectivamente)

Todas las culturas expresan que ‘somos lo que comemos’ (como escribió, en 1850, el filósofo, antropólogo y biólogo Ludwig Andreas Feuerbach, 1804 – 1872); pero esa acción de comer, debe ser entendida de forma amplia, es decir, desde la alimentación, la lectura, el estudio, las relaciones sociales, etc.

En mi escrito de ayer, citando un manifiesto del presidente de la república española en el exilio durante el período 1951 – 1960, Félix Gordón Ordás, en concreto el comunicado del 1 de enero de 1958, titulado ‘Lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos’, destaqué la importancia de la convicción en la consecución de los objetivos.

Ahora bien, las circunstancias, muchas veces, imposibilitan la realización de nuestras convicciones, como sabemos; como en ese caso concreto, ya que se mantuvo ese gobierno paralelo de la república en el exilio hasta el año 1977, en total 8 presidentes, desde el de Juan Negrín López (1939 – 1945), José Giral Pereira, Rodolfo LLopis Ferrándiz, Álvaro de Albornoz Liminiana, Félix Gordón Ordás, Emilio Herrera Linares, Claudio Sánchez Albornoz Menduiña, hasta Fernando Valera Aparicio (1971 – 1977); momento que, traicionando sus principios señalados por Gordón, que apuntó ‘el deseo de someterse  al fallo de unas elecciones sinceras celebradas en cuanto España haya recobrado sus libertades’. 

Pero, como sabemos, las primeras elecciones ‘democráticas’ (1977) tras la muerte del dictador y asesino Franco, así como la constitución de 1978, nos robaron la posibilidad de votar la forma de gobierno, y nos colaron la monarquía; y eso fue una traición a los principios republicanos, demostrando, una vez más, la debilidad de ciertas convicciones, en concreto, la de esos líderes republicanos.

En ese período, en la Generalitat de Catalunya nos pasó algo similar, ya que tuvimos 3 presidentes en el exilio: Lluís Companys i Jover (1938 – 1940), Josep Irla i Bosch (1940 – 1954) y Josep Tarradellas Joan (1954 – 1977), si bien, éste último, fue restablecido por la ‘democracia’, hasta 1980; pero, rebajando las aspiraciones y sometiéndose al mero autonomismo (Tarradellas, incluso aceptó el título de marqués, concedido por el rey). No en vano, Salvador Illa (155) tiene a Tarradellas como su guía y referente.

Volviendo a la mencionada cita de Feuerbach (somos lo que comemos), y enlazándola con la de Gordón (lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos) hay otras alternativas, defendidas por diferentes teóricos, entre ellas: ‘somos porque fuimos’ y su variante ‘somos lo que fuimos’, para acabar con la simplona ‘somos lo que somos’.

Pero claro, las circunstancias han ido modelando, alterando y traicionando muchos de los principios iniciáticos, originarios; y eso, como dijo Piaget, podría ser una muestra de inteligencia, pero, a mi modo de ver, más bien, la asimilación al españolismo ha sido por puro conformismo pragmático, utilitario, primario. Y eso nos ha llevado al momento actual, con un presidente represor (Illa), ‘gracias’ a ERC. 

En esa línea, Víctor Alexandre, en su interesante artículo titulado ‘He aquí la ‘normalidad’ y la ‘convivencia’ de Salvador Illa’, tras explicar las principales medidas del gobierno del nacionalista español Illa, y, analizar su discurso de la pasada Diada, explica que:

‘(…) el desprecio que siente por su país es tan grande, que día si y día también, su preocupación es parecer más español que los españoles. Para entendernos: es como los oprimidos que, en lugar de luchar por su libertad, denuncian aquellos que la pretenden y no solo aplauden entusiasmados cuando el opresor los flagela, sino que se ofrecen para ser ellos los flageladores. Todo se vale para hacerse perdonar los orígenes y ganarse la mirada complaciente del amo. Ignora, este cautivo, que por muchas contorsiones que haga, el amo nunca lo tendrá por uno de los suyos. Para el opresor, el oprimido colaboracionista solo es un tonto útil, una herramienta más para mantener la opresión.

(…) La figura de Illa, por lo tanto, no es ninguna novedad, y todavía menos en Catalunya. Al contrario: vamos sobrados de Dalmaus de Queralt. Es una triste figura que se repite.

(…) y para decir ‘he ido a Bruselas solo, ¡solo! después de haber visto a los otros (presidentes). Como si los otros tuviesen ahora el mismo poder ejecutivo que tiene el president Puigdemont’.

(…) Incluso, despreciando la história textil de Catalunya, Illa encargó la confección de la senyera que ondea en el Parc de la Ciutadella, a una empresa española. El autoodio llega a estos extremos de alergia crónica’ (…) quiere una Catalunya dependiente y sometida (…) y esa es la base de lo que Illa entiende como ‘normalidad’ y ‘convivencia’. La normalidad y la convivencia que quiere todo opresor: que el oprimido acate su voluntad, que se someta dócilmente y, sobre todo, que no se rebele, haciendo una de las cosas más antidemocráticas y criminales que se pueden hacer en esta vida, que es poner las urnas al servicio de la gente. Contra esa rebelión, Illa ya tiene a punto el jarabe de bastón dialogante y buenista del estado. Es el secular jarabe de bastón para ‘pacificar’ Catalunya.

¿Recuerda el lector aquella canción de Raimon que dice: ‘De vegades, la pau…’ (a veces la paz)?. Pues esta es la paz que quiere Salvador Illa, la del miedo, la de la claudicación, la de la sumisión. Cuando reina esta paz, que es la de los catalanes que aceptan dejar de ser catalanes para ser españoles. 

(…) y es que el opresor que permite la insumisión del oprimido, pierde la autoridad sobre él, y sin autoridad su poder tiene las horas contadas. ¿Qué quiere, por tanto, el opresor? El opresor quiere que haya paz. Quiere que haya paz para que no se note la opresión.

(elmon.cat, 16/09/2025)  

Por todo ello, los independentistas deberíamos despertarnos de la actual pesadilla que nos está provocando el anestesiante estado español. 

Y tras ese necesario despertar, deberíamos fijarnos las metas y las estrategias precisas para reorientar nuestra actividad, nuestra actuación. 

Bryan Tracy (n. 1944), en su libro ‘Metas: estrategias prácticas para determinar y conquistar sus objetivos’, señala que ‘el éxito se funda en sus metas’, todo lo demás son palabras. Todos los triunfadores están intensamente orientados a una meta. Saben lo que quieren y se concentran resueltamente en alcanzarlo, un día tras otro. (…) Y una vez fijada la meta, es preciso establecer las estrategias prácticas para determinar y conquistar sus objetivos (…) pues eso ‘te convierte en lo que piensas la mayor parte de tiempo’ (otra frase lapidaria, como las citadas), pues es la forma para tomar las riendas de nuestras vidas. Así se crea el futuro, siendo dueños de nuestras vidas; y para eso, es preciso aclaras los valores que tenemos.

Y obviamente, tras ese ejercicio, de forma objetiva aplicaremos la ley de la reversibilidad, tan necesaria para recuperar la ilusión compartida que tuvimos hasta el 2017, pues la ley de la convicción se basa, entre otras, en la idea de que ‘cualquier cosa que creamos con convicción se convertirá en realidad’. Ese es nuestro poder, y no debemos olvidar ni despreciar.