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La decadencia de Occidente

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El filósofo e historiador Oswald Arnold Gottfried Spengler (1880 – 1936) publicó, en 1918, la primera parte y, en 1922, la segunda, de lo que sería su ensayo más famoso y relevante: ‘Der Untergang des Abendlandes’ (La decadencia de Occidente), título que he tomado para el presente escrito, en el que efectúo unas elucubraciones actualizadas.

Fundamentos teóricos:

Spengler presentó una tesis relativista, basada en la constatación de que todos los seres vivientes presentan la siguiente evolución: nacimiento, prosperidad y muerte; y el autor consideró que ese mismo proceso lo experimentan, también, las culturas, las civilizaciones, los supraorganismos, etc. Es decir, que todas las culturas atraviesan un ciclo vital similar al de la vida humana: nacimiento, juventud, madurez, decadencia y muerte. Y ese ciclo, por lo tanto, es predecible.

La visión orgánica de Spengler fue determinada por la visión pesimista europea, en unas décadas muy convulsas.

Otros estudiosos trascendentales, presentaron visiones diferentes, entre ellos, Arnold Joseph Toynbee (1889 – 1975), autor de ‘Study of History’ (Estudio de la historia), publicado en doce tomos, entre los años 1933 y 1961, en los que presenta una visión alejada del morfologismo y determinismo de Spengler, y defende que las civilizaciones se desarrollan superando retos.

Toynbee consideró que el crecimiento de las civilizaciones no es automático, como lo prueban la existencia de civilizaciones detenidas, que consiguieron nacer, pero que se estancaron en una fase primaria de su evolución; y tampoco el crecimiento es producto de la expansión geográfica o del desarrollo tecnológico, ya que ambos coinciden no tanto con fases de crecimiento, sino de decadencia.

Según este autor, el crecimiento exige sucesivas respuestas creativas o comunidades que ofrezcan soluciones a los problemas que surgen, y que ‘ex hypothesi’ no pueden ser los creadores que han surgido con anterioridad, ya que ellos han creado el estado de cosas que ocasiona el nuevo problema. El grupo o persona que encuentre la solución es una minoría creadora, que emprende un movimiento de retiro y regreso, apartándose del curso normal de la civilización y reencontrándose con la misma, ofreciéndole una respuesta.

Asimismo, Toynbee considera que el colapso de las civilizaciones es evitable, ya que el proceso por el cual sucesivas minorías creadoras se van relevando unas a otras puede continuar teóricamente ad infinitum. Sin embargo, puede suceder que en determinados momentos ninguna minoría creadora sea capaz de ofrecer una respuesta a un problema que aflige a la civilización, frente al cual ya no habrá solución posible. La civilización colapsa entonces y se precipita al abismo de la desintegración. 

La pasividad consiste en la némesis de la creatividad, que es la idolatría de una institución que ha sido clave en una etapa anterior de la historia de la civilización, pero que pasa a ser un estorbo en una etapa siguiente, pese a lo cual los habitantes de la misma no se deshacen de ella por venerarla en demasía. 

La variante activa consiste en la hybris de extralimitarse más allá de toda medida racional, embarcándose en una carrera desenfrenada que llevará a la ruina; frecuentemente asume el carácter de militarismo suicida.

(fuente: diversas páginas de Wikipedia)

Analizando la situación actual en base a estas tesis que, a mi modo de ver, tienen puntos de conexión (prescindiendo de su diferencia respecto a los ciclos), ya que, en el momento actual, Occidente y, de forma especial, su principal motor, que son los EUA, me parece que están en un momento de decadencia, y próximos al colapso.

Me parece evidente que el gobierno de Donald Trump y las tesis MAGA, han estresado a todo Occidente; y lo hacen erróneamente, ya que el crecimiento basado en la estricta expansión geográfica y tecnológica no es suficiente, pues la competitividad que generan y potencian, es propia de la fase de decadencia. Y la hipercreatividad basada en la hybris (arrogancia, insolencia, soberbia, desenfreno, desmesura), como dijo Toynbee, no deja de ser más que un estorbo.

Asimismo, la represión que ejerce Trump sobre todo tipo de oposición, discrepancia, disidencia, etc., evita la aparición de minorías creadoras, que son las necesarias para rectificar y realimentar el propio sistema.

Y el mencionado hybris de Trump, siguiendo con Toynbee, expresado en su extralimitación más allá de toda medida racional, y embarcándose en una carrera desenfrenada que llevará a la ruina, frecuentemente asume el carácter de militarismo suicida, como ya he citado con anterioridad.

En estos momentos, me parece que podríamos hacer un cierto paralelismo con la caída del imperio romano, fragmentado en el año 476 y disuelto, en Occidente, en el 480, por la invasión de los godos, a los que los romanos, despectivamente, consideraban bárbaros (desconociendo los valores culturales y civilizatorios de los godos). La falta de visión global, la prepotencia, y el mencionado hybris de los emperadores, les llevó a colapsar el imperio. 

Pero, es importante destacar que el imperio sobrevivió a emperadores nefastos, como Nero Claudius Caesar Augustos Germanicus (Nerón, 37 – 68), es decir, un personaje que ejerció de emperador durante 14 años y que fue forzado a suicidarse, con apenas 30 años de edad.

Este emperador Nerón, a pesar de su extravagancia, ejecuciones sistemáticas, incendiar Roma para reconstruirla (y culpando a los cristianos del incendio), según los historiadores Publius o Caius Cornelius Tacitus (56 – 120), Gaius Suetoniis Tranquillus (70 – 126) y Luciuss Cassius Dio Cocceinanus (155 – 230), los ciudadanos romanos lo vieron de forma favorable, y tenía gran popularidad, incluso en Oriente.

Y por eso, me parece que podría efectuarse un cierto paralelismo entre Nerón y Trump.  

En definitiva, si la ciudadanía americana, su congreso y senado, su partido demócrata, sus medios de comunicación, etc., son reprimidos, el final estará próximo.

La única alternativa sería que surgieran minorías creadoras, capaces de plantear y llevar a cabo, esta vez con éxito, un tercer impeachment contra Donald Trump (el primero fue en el 2017, por obstrucción del congreso y abuso de poder; el segundo en 2021, por su incitación a la insurrección); este sería el reto al que hacía referencia Toynbee, reto que si es superado, lleva a un nuevo estadio o, por el contrario, si no es superado, lleva al final del ciclo de Spengler