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Para este escrito he tomado el título de la película ‘The thin red line’, dirigida en 1998 por Terrence Malick, pues en el debate sobre la corrupción, varios partidos acusaron a Alberto Núñez Feijóo, de haber cruzado la línea roja, un límite de seguridad, por haber acusado a familiares de Pedro Sánchez; y sobre la conveniencia, o no, de esas líneas, va el presente escrito.
En ese debate, Núñez Feijóo (PP) acusó a Pedro Sánchez (PSOE) por haberse beneficiado del negocio de ‘prostitución y saunas gais’ de su suegro Sabiniano Gómez Serrano (1942 – 2024), preguntándole ‘¿pero de qué prostíbulos ha vivido usted? como partícipe a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución, y ahora quiere usted ilegalizar su biografía’.
El tema es muy delicado, pues, siguiendo con las acusaciones, Begoña Gómez, la esposa de Sánchez, había sido la administradora del negocio de su padre; y la vivienda que adquirieron, al casarse, había sido mediante la ayuda económica paterna.
Realmente, es complejo, pues se supone que el negocio en cuestión, de ser tal como dijo Feijóo, debía cumplir la normativa legal, en sus diferentes vertientes. Y sacarlo, un año después del fallecimiento del suegro, parece fuera de lugar. Ahora bien, está claro que no se puede reducir el análisis al mero aspecto formal y legal, si no que, también, deben contemplarse los flecos morales y éticos de los beneficiarios directos e indirectos, para validar o no determinados discursos políticos.
Pero, claro, utilizados con el único objetivo de minar la credibilidad y honorabilidad del contrincante, está fuera de lugar, pues el daño es irreversible, como explica Josep Antich en su editorial de hoy, al decir que ‘The Times resumía el debate del Congreso de la siguiente manera: ‘Pedro Sánchez vivía de los burdeles de su suegro’ (el national.cat, 10/07)
Pedro Sánchez también utilizó esa misma estrategia descalificatoria, recordando la famosa fotografía de Núñez Feijóo con el narcotraficante Marcial Dorado, publicadas por El País en el año 2013.
Y claro, todo fueron acusaciones intercruzadas, sobre haber traspasado líneas rojas, que, implícitamente estaba acordado no traspasar.
Personalmente, estoy en contra de esas líneas rojas, mejor dicho, de todas las líneas rojas (por ejemplo, las de considerar la unidad de la sacrosanta España, la monarquía, etc.).
Y me parece fuera de lugar, como he dicho, acusar a familiares, cuando no hay motivos para ello, pero, cuando éstos tienen aspectos o han cometido acciones, cuanto menos discutibles, como los posibles beneficios colaterales de la esposa y del hermano de Sánchez, tengo claro que no deben mantenerse al margen, bajo ningún pretexto de cortesía parlamentaria, pues, como dijo Marcus Tullius Cicero (106 a.C. – 43 a.C.) ‘la mujer del César, no solo debe ser honesta, sino también parecerlo’, refiriéndose a Pompeya, esposa de Gaius Iulius Caesar (100 a.C. – 44 a. C.), cuando éste ocupaba el cargo de pontifex maximus.
En la mencionada película de Terrence Malick, se muestra la contraposición de paisajes paradisíacos con enfrentamientos sangrientos en la batalla de Guadalcanal, en el Océano Pacífico, y nos presenta que, en momentos límites, extraordinarios, aparecen las reacciones más ultraviolentas, brutales y difícilmente explicables, atendiendo a la simple racionalidad.
Pero en un debate parlamentario como el de esta semana, por más importante y trascendente que pudiera haber sido (y no fue) me parece claro que no se dieron esas condiciones extraordinarias vitales, como para hacer aflorar todos los instintos, sin límites.
Ahora bien, cuando hasta el informe anual sobre el estado del derecho de la Comisión Europea, recientemente publicado, criticó al estado español por la falta de lucha contra la corrupción, y ‘le insta a tomar más medidas para revertir esta situación (…) especialmente, por el alto riesgo de que haya corrupción en el financiamiento de los partidos políticos (…) y la contratación pública; es evidente que se han de revisar y replantear muchos aspectos, sin ninguna línea roja, ni para ‘proteger’ a la monarquía Borbónica, presuntamente corrupta desde 1714.
En definitiva, debería primar la transparencia, en todas las decisiones, contratos, etc., pero vemos que con los personajes actuales, nunca será posible, pues mienten más que hablan, ya que, por ejemplo, Pedro Sánchez intenta sacar provecho de su negativa a incrementar el gasto militar al 5% del PIB, como exige Donad Trump, via su papagayo Marc Rutte (secretario general de la OTAN), pero hoy, gracias a algunos medios, nos hemos enterado del compromiso de Sánchez de aumentar el ejército español en 14.000 militares, antes del 2035, y el 50% de ese incremento se habrá de producir entre este 2025 y el 2029. Y, asimismo, el gobierno español ha autorizado un aumento de 200 euros al mes para todos los militares, si bien la ATME (asociación de tropa y marinería española) lo considera insuficiente.
Por todo ello, me parece evidente que el reino español es incorregible, por más teatro que hagan, y por más salsa que le pongan ERC, Junts, etc.; y por eso, deberíamos tener claro que nunca, nunca, conseguiremos realizarnos como ciudadanos catalanes, mientras sigamos sometidos, mientras sigamos con el complejo de vencidos, de derrotados (desde 1714), así que sólo hay una salida, y depende de nosotros, por más que, en este momento, no veamos ningún tipo de alternativa, pero seguro que la habrá, que la encontramos, si recobramos la ilusión del 1 de octubre del 2017.