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Los independentistas catalanes hemos podido comprobar que la represión del reino español ha conseguido uno de sus objetivos, es decir, la desmemoria de nuestros compatriotas, como mecanismo de defensa. Y esa estrategia no es novedosa, ya la vimos con la transición / traición, como lo denunció Raimon (Ramón Pelegero i Sanchis), en su canción ‘Al meu país la pluja’ (1984).
En esa canción, Raimon nos avisó, pues la letra dice:
‘Al meu país la pluja’ (en mi país la lluvia)
En mi país la lluvia no sabe llover
o llueve poco o llueve mucho;
si llueve poco es la sequía,
si llueve mucho es la catástrofe.
¿Quién llevará la lluvia a la escuela?
¿Quién le dirá cómo debe llover?
En mi país la lluvia no sabe llover.
Nunca iremos más a la escuela.
Fuera de hablar con los de tu edad
nada aprendiste en la escuela.
Ni el nombre de los árboles de tu paisaje,
ni el nombre de las flores que veías,
ni el nombre de los pájaros de tu mundo,
ni tu propia lengua.
En la escuela te robaban la memoria,
hacían mentira del presente.
La vida se quedaba en la puerta
mientras entrábamos cadáveres de pocos años.
Olvido del relámpago, olvido del trueno,
de la lluvia y del buen tiempo,
olvido del mundo del trabajo y del estudio.
‘Por el imperio hacia dios’
desde la calle Blanc de Xàtiva.
¿Quién me rescatará de mis años
de desinformación y desmemoria?
En mi país la lluvia no sabe llover:
o llueve poco o llueve mucho;
si llueve poco es la sequía,
si llueve mucho es la catástrofe.
¿Quién llevará la lluvia a la escuela?
¿Quién le dirá cómo debe llover?
En mi país la lluvia no sabe llover.
Me parece que esta canción, esa denuncia, la podemos aplicar a nuestro tiempo presente, a punto de cumplir 8 años del referéndum del 1 de octubre del 2017. Ot Bou Costa, en su artículo de ayer, titulado ‘La banalización de la memoria’, tras un repaso de los comentarios del pasado debate sobre la corrupción, acaba dicho artículo comentando:
‘La cosa más triste de la política catalana, hoy, no es el cinismo, si no la desmemoria: esta vida tan corta que tiene el recuerdo de la represión, este significado tan volátil de las palabras, este listón tan bajo sin resistencia, esta frivolidad, esta despreocupación general, tanta fragilidad, tanta ingravidez’.
(Vilaweb, 10/07)
Y ese nulo listón, lo constatamos con el vergonzante apoyo de ERC a la investidura del represor Salvador Illa; una traición que nunca expiarán; como pasaría si, tras unas futuras elecciones generales, ganasen PP y Vox, y Junts llegase a pactar con ellos. Situación que no quiero ni imaginar, y que confío que el president Carles Puigdemont nunca aprobaría, pues, entre otras cosas, sería destrozar su biografía política, su historia personal.
Por eso, y siguiendo con Raimon, me parece pedagógico recordar su canción ‘Indesinenter’ (sin pararse, incesantemente), basado en un poema de Salvador Espriu i Castelló (1913 – 1985), en el que resalta la lucha por la dignidad, contra la sumisión y la pérdida de la identidad:
Indesinenter (1970)
Nosotros sabíamos
de un único señor
y veíamos cómo
se convertía
en perro.
Envilecido por el vientre,
por las caricias al vientre,
por el miedo,
se agacha bajo el látigo
con loco olvido
de la razón
que tiene.
Armado, comido
de plagas,
sin cesar lamía
la áspera mano
que lo ha mantenido
desde hace tanto tiempo
en el fango.
Le hubiera sido
fácil hacer
de su silencio un muro
Impenetrable, altísimo:
eligió
la gran vergüenza mansa
de los ladridos.
Nunca hemos podido,
sin embargo, desesperar
del viejo vencido
y elevamos en la noche
un canto a gritos,
porque las palabras rebosan
de sentido.
El agua, la tierra,
el aire, el fuego
son suyos,
si se atreve de golpe
a ser quién es.
Tendrá que decir
basta, de inmediato,
que ahora quiere
caminar de nuevo,
erguido, sin descanso,
por siempre más
hombre salvado en pueblo,
contra el viento.
Salvado en pueblo,
ya el amo de todo,
no perro mezquino,
sino el único señor.
Es decir, si todos recobráramos la ilusión del 2017, superaríamos la deshumanización, de convertirnos en perros, y buscaríamos de nuevo la dignidad perdida; y, en ese sentido, ‘Indesinenter’ es una llamada a la acción colectiva, a levantarse de nuevo y volver a caminar juntos. Y ese mensaje, sigue siendo igualmente válido en este momento.
Podemos citar otras muchas canciones, como ‘Jo vinc d’un silenci’ (1977) (yo vengo de un silencio):
Yo vengo de un silencio
antiguo y muy largo
de gente que se va levantando
desde el fondo de los siglos
de gente que llaman
clases subalternas
yo vengo de un silencio antiguo y muy largo.
Yo vengo de las plazas
y de las calles llenas
de niños que juegan
y de viejos que esperan
mientras hombres y mujeres
están trabajando
en los pequeños talleres, en casa o el campo.
Yo vengo de un silencio que no es resignado
de donde empieza la huerta y acaba el secano
de esfuerzo y blasfemia, porque todo va mal
quien pierde los orígenes, pierde identidad.
Yo vengo de un silencio
antiguo y muy largo
de gente sin místicos
ni grandes capitanes
que viven y mueren
en el anonimato
que en frades solemnes, no han creído nunca.
Yo vengo de una lucha que es sorda y constante
yo vengo de un silencio que romperá la gente
que ahora quiere ser libre y estima la vida
que exige las cosas que le han negado.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo
yo vengo de un silencio que no es resignado
yo vengo de un silencio que la gente romperá
Yo vengo de una lucha que es sorda y constante.
Creo que la actualidad de todas esas canciones, deberían hacernos replantear nuestra desmemoria, cómoda, acomodaticia, y salir de nuevo a las calles y plazas, pues, sólo así, reivindicaremos la República Catalana que deseamos. Y si no es así, es que estamos peor de lo que nos podemos imaginar.