Por Alejandra Del Río

En los últimos días he vivido una experiencia profundamente alarmante que me obliga no solo a defender mis proyectos profesionales, sino también a abrir una conversación pública sobre el enorme poder que hoy tienen las plataformas digitales sobre la vida de millones de personas.
Sin previo aviso, Meta decidió cancelar simultáneamente múltiples cuentas de Facebook e Instagram vinculadas a mi ecosistema digital tanto profesional como personal. Entre ellas se encontraban las redes de mis proyectos culturales, @Catartemexico y @art_now_mx la plataforma de comunicación de mi empresa @prlabmex, de la asociacion civil @mujer.enel.poder, el de los podcasts @50.fabulous y @patriciaguerramx y hasta mis perfiles personales, en Instagram,Threads y Facebook, todos construídos durante más de quince años de trabajo constante. La acusación fue una de las más graves que puede enfrentar cualquier persona pública: supuestas violaciones relacionadas con explotación infantil.
La acusación no sólo es falsa, es exactamente lo contrario a lo que tanto en la empresa como en la asociación que represento, que se dedican ambas justo a defender y empoderar a las mujeres, como en los dos podcasts que producimos @50andfabulous y @elcanaldetuvida, así como gran parte de mi trabajo público, ha estado vinculado precisamente a causas sociales, visibilización de violencia contra mujeres y menores, entrevistas con activistas, fundaciones y organizaciones que luchan contra toda clase de causas incluyendo la trata humana y la protección de grupos vulnerables. Sin embargo, en cuestión de minutos, un algoritmo decidió borrar la huella de años de trabajo, reputación, relaciones profesionales y presencia digital sin ofrecer si quiera la posibilidad de apelar a la decisión.
No hubo una advertencia previa, ni una publicación señalada, ni me enviaron una imagen específica, ni una explicación clara, ni forma de ingresar una apelación en su sistema, ni un ser humano que certificara que hubo un error con la lectura autómatica que una herramienta de Inteligencia artificial de meta dió a nuestros contenidos, por participar en una campaña para combatir la trata humana durante el mundial, esta campaña de 2 importantes y establecidas fundaciones que trabajan justo para prevenir que este tipo de abusos pasen en México, Lejos de haber violado las políticas y normas de la comunidad de Meta, estabamos apoyamos una causa que le compromete el alma a todo aquel preocupado por la niñez mexicana.
Y quizá eso es lo más preocupante, que la lectura que se está dando a lo que la gente publica en Facebook e Instagram es errónea.
Meta atraviesa actualmente una de las transformaciones internas más agresivas de su historia: la sustitución masiva de moderadores humanos por sistemas automatizados de inteligencia artificial. Bajo la lógica de reducción de costos y automatización a escala global, miles de decisiones que antes pasaban por revisión humana, hoy son tomadas por modelos algorítmicos entrenados para detectar patrones que consideran sospechosos. El problema es que los algoritmos no entienden contexto, ironía, periodismo, activismo, denuncia social ni comunicación pública.
Las cifras empiezan a ser alarmantes en sus falsos positivos (errores de banneo), les pongo solo un dato del cuarto trimestre del 2025 (Q4 2025) Meta llego a desactivar 1700 millones de cuentas “sospechosas” (leyeron bien la cantidad, recuerden que tienen mas de 3000 millones de usuarios activos) esta desactivación masiva, vino de usar clasificadores de aprendizaje automático lo que llamamos “machine learning” el consejo de supervisión, un organismo independiente, financiado por Meta para revsar apelaciones críticas ha expuesto la desconexión entre la IA y el contexto humano, entre un 70 y 80% de los casos que el consejo acepta revisar (cuentas suspendidas donde el algoritmo determinó una violación grave), el consejo termina ordenando a Meta revertir la desición en la mayoría de las ocasiones. Por supuesto no hemos logrado contactar a este consejo.
Diversos reportes internacionales en medios y especialistas en moderación digital, han advertido que los sistemas automatizados de Meta están presentando márgenes de error significativos en ciertas categorías sensibles, particularmente en contenidos relacionados con violencia, sexualidad, protección infantil y activismo social. Algunos análisis independientes han estimado que las falsas detecciones pueden alcanzar hasta un 20% en determinados segmentos de moderación automatizada, afectando especialmente cuentas profesionales, periodistas, creadores de contenido y organizaciones civiles.
En cuentas que se utilizan en español el problema parece ser todavía peor, ya que los modismos y los juegos de palabras son mayores en lengua española, mientras Meta ha logrado notables avances tecnológicos y ganancias multimillonarias impulsadas por inteligencia artificial, miles de usuarios alrededor del mundo están sufriendo daños, perdiendo cuentas, archivos históricos, contactos, fotografías, negocios y reputación sin posibilidad real de defensa. Lo más grave es que el sistema de apelación prácticamente ha desaparecido.
Lo digo por experiencia y con conocimiento de causa, hoy resulta casi imposible encontrar una dirección de contacto, un correo institucional o un canal efectivo para que una persona pueda explicar y apelar su caso ante otro ser humano, tengo más de 15 días tratando de contactarlos y los pocos correos de contacto que hemos conseguido después de amplias pesquisas, son genéricos y no han sido respondidos ni siquiera por un sistema automático de respuesta.
La ironía es brutal: empresas que hablan diariamente de “comunidad” y “conexión humana” han construido sistemas donde ya no existen humanos disponibles para escuchar a sus propios usuarios.
En mi caso fueron afectadas cuentas vinculadas a proyectos culturales, plataformas de empoderamiento femenino, medios de comunicación, arte contemporáneo, relaciones públicas y contenido de bienestar para mujeres mayores de 50 años. Ecosistemas digitales completos que daban empleo, generaban colaboraciones y mantenían comunicación activa con miles de personas desaparecieron de un día para otro bajo una acusación automatizada tan absurda como devastadora, sin embargo el peso específico de nuestras cuentas para Meta no representa nada, no teníamos millones de seguidores, ni somos personalidades internacionales, aunque en nuestro entorno nuestra comunidad si es importante.
Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿Qué sucede cuando la inteligencia artificial se equivoca en acusaciones que destruyen reputaciones? Porque no estamos hablando de un error menor. Estamos hablando de señalamientos con implicaciones morales, sociales y profesionales gravísimas. Lo verdaderamente inquietante es que esto que me pasa a mí ahora, podría pasarle mañana a cualquier fundación, periodista, empresario, activista, artista o ciudadano común cuya vida profesional depende parcialmente de plataformas que operan prácticamente sin contrapesos.
Meta se ha convertido en una especie de tribunal digital global donde los algoritmos juzgan, sentencian y ejecutan sin transparencia ni derecho efectivo de defensa, entonces la discusión ya no es tecnológica, es ética.
es jurídica y empieza a convertirse también en un problema de derechos humanos digitales.
Porque cuando una empresa privada controla buena parte de la conversación pública mundial y además automatiza sus sistemas de castigo sin supervisión humana suficiente, el riesgo de abuso y error deja de ser anecdótico para convertirse en un problema sistémico.
Hoy sigo intentando encontrar una vía real para apelar, un correo, un contacto, un teléfono, una oficina o una persona de servicio al cliente que pueda escuchar mi caso, algo que en teoría debería ser básico en cualquier empresa que administra la comunicación de miles de millones de personas, pero ha resultado imposible. En la era de la inteligencia artificial descontrolada, parecería que los usuarios ya sólo hablamos con máquinas y las máquinas, cuando se equivocan, no saben escuchar, te llevan a lo que ellos llaman un bucle donde regresas y regresas al mismo punto sin avanzar y sin tener posibilidad de ser escuchado.
El mejor ejemplo de que la tecnología no tiene todas las respuestas lo tienen aquí, una campaña para defender derechos humanos, termina con la historia de empresas y asociaciones que con cariño y entusiasmo han apoyado las causas de grupos vulnerables, y terminan convirtiendose ellas mismas en un nuevo grupo en situación de vulnerabilidad ante conglomerados que buscan reducir costos y que no se preocupan por los usuarios de sus plataformas.
Sirva mi artículo de testimonio y advertencia para aquellos que ponen un gran porcentaje de su comunicación y promoción, por que también como muchos de ustedes, nosotros hemos pagado anuncios y utilizado las herramientas (esas si muy amables con el cliente) de promoción de Meta.La IA está comenzando a esgrimirse como una dictadura del algorítmo y debemos encontrar métodos legales para establecer y hacer valer nuestros derechos digitales