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Según el refranero: ’el tiempo todo lo cura’, por eso, Pedro Sánchez y su palafrenero Salvador Illa se han convertido en unos artistas en ‘matar el tiempo’, llenando los días y semanas con medidas vacías, tapadas con palabras huecas, sobre la ‘normalización’ de Catalunya. Pero, como muy acertada y agudamente señala Vicent Partal, en su editorial de hoy, titulada ‘Un rifle en el terrado del Liceu’, desmiente esa estrategia, como intento explicar a continuación.
Partal comenta, como no lo ha hecho nadie más, ese aspecto crucial, por lo que me parece interesante hacer una amplia reproducción de su editorial:
‘El rifle es, en primer lugar, un argumento. No un argumento retórico – estos ya hace tiempo que los han agotado -, sino un argumento físico, contundente, de aquellos que no admiten réplica. Cuando un francotirador se instala en el terrado del Liceu para proteger la visita a Barcelona del rey de los españoles, lo que hace, claramente, es conjugar los verbos más antiguos del poder: intimidar, espantar, amenazar. Un rifle de precisión no es un arma cualquiera. Es la violencia convertida en cirugía. El francotirador no dispara al azar; escoge, selecciona, decide y mata. Cualquiera entre la masa amenazada puede ser el elegido. Y este es el mensaje subliminar que planeaba el miércoles sobre la Rambla de Barcelona mientras los manifestantes de la ANC -ellos siempre están dónde toca- levantaban las pancartas. Os podemos matar de uno en uno. A quien queramos.
El rifle es el arma moderna por excelencia, el símbolo de la precisión industrial aplicada a la muerte. Y no es casual, por lo tanto, que sea ésta y no otra, la que escogen. El rifle -como el discurso del Borbón del 3 de octubre 2017- es la negación absoluta del diálogo, la antítesis de la política entendida como el arte de la palabra.
Pero aquí está también su tragedia. Un estado que necesita rifles para relacionarse con una parte de sus ciudadanos ha dejado de ser, claramente, el estado de estos ciudadanos. Se ha convertido en otra cosa: una estructura de opresión que ya tan sólo se mantiene por la fuerza potencial, por la amenaza latente sobre la población. El rifle no estaba en el terrado necesariamente para disparar -esperamos-, pero estaba, y se hacía visible, para recordarnos que todos lo que podría pasar.
(…)
Y lo que es extraordinariamente curioso -no sé si ‘curioso’ es la palabra adecuada, pero ya me entendéis- es que este despliegue se haga en nombre de la normalidad, de esta farsa que afirma que se ha acabado eso de la revuelta catalana y que ahora volvemos a ser ‘normales’ (…) pero esta tesis, precisamente, no se aguanta en vista del rifle. Por qué, ¿qué normalidad es esta que necesita miras telescópicas para mantenerse? Si la visita de un jefe de estado que reivindica que esto es territorio suyo requiere convertir un teatro de ópera en una fortificación militar, quizás alguien debería revisar el concepto de normalidad. No nos engañemos: el mosso francotirador, inmóvil en su posición, es la estátua viviente de un régimen que ha renunciado a convencer nadie ni quiere proponer nada de nada. Es el emblema de un régimen -de una nación, en realidad- que ya no sabe hacer más que amenazar, confiando todo su futuro al ejercicio de la violencia (…)’
(Vilaweb, 24 de julio 2025)
Esta desmesura me recuerda el viaje que efectuó Pedro Sánchez, el 21 de octubre del 2019, para visitar a varios policías heridos, y en esa visita al hospital de Sant Pau de Barcelona (sin ser recibido por la dirección del hospital, por no interesarse por los manifestantes heridos), a su salida por una puerta trasera (para evitar la manifestación que había al exterior), fue abucheado por varios sanitarios que gritaban ‘libertad presos políticos’, y pudo observarse, claramente, que desde el coche del presidente, que salió a toda velocidad, por una ventana, uno de los escoltas mostraba un subfusil MP-5, y ‘no lo enseñó para meter miedo a los sanitarios reunidos a la salida del hospital, sino porque pensaba que había posibilidades de que en algún momento tuviera que usarlo’ (como señaló Casimiro García-Abadillo, director de El Independiente).
Ambos casos, afortunadamente fotografiados y, por lo tanto, irrefutables, son la punta del iceberg de la seguridad adoptada, por lo que no podemos ni imaginar el conjunto de los operativos. Y son una clara muestra de la mentalidad represiva del estado español, respecto a Catalunya.
Pero, en la reciente visita a Catalunya, como señala Partal, el francotirador observado, era un mosso d’esquadra, la policía autonómica catalana. Por lo que su presencia fue responsabilidad directa del president Salvador Illa y de la consellera de interior, Núria Parlon. Evidentemente, el operativo de seguridad establecido debió ser aprobado y coordinado por el gobierno de Pedro Sánchez y por la casa real. Pero no nos engañemos, dejar ver a un mosso francotirador, dispuesto a todo lo que le mandaran, y todo es todo, nos muestra, no solo la sumisión de Illa, sino la españolización de su gobierno, dispuesto a desprestigiar, sin el menor pudor, a nuestras instituciones, entre ellas, la de los mossos. Y, claro, un grave insulto a la pacífica ciudadanía, incluyendo el colectivo independentista.
Estamos cansados de ver la desproporcionalidad de las fuerzas de ‘seguridad’, fuertemente equipadas con todos los artilugios antidisturbios, para disolver manifestantes pacíficos; pero mostrar armas de fuego real, a mi modo de ver, es sobrepasar todos los límites de la racionalidad y de la ética, por más que los sujetos a ‘defender’ sean la realeza o el presidente del gobierno de turno.
En toda democracia ‘normal’ ha de haber cabida a la libertad de expresión y de manifestación, que son derechos fundamentales. Y lo ‘normal’ sería que los reyes, o quien fuera, vieran esas expresiones, en lugar de ser reprimidas, permitidas a gran distancia y, silenciada o ridiculizada por los medios de comunicación sustentados por el pienso oficial.
Y claro, lo ‘normal’ también hubiera sido que Felipe VI, en el Liceu, no hubiera hecho un discurso destacando la fraternidad y estima entre los pueblos, si su equipo estaba armado para matar y atemorizar, como si estuvieran en Afganistán.
Por eso, todo nos confirma que nos siguen considerando una colonia rebelde, y que Salvador Illa hace de Virrey, de cipayo, de palanganero.
Y en esa situación, tanto Pedro Sánchez, como Salvador Illa, lo único que hacen es perder el tiempo, dilatando la aplicación de los acuerdos (financiación, traspasos, etc.), para, así, ir pasando los meses y los años, e ir cumpliendo sus respectivas legislaturas. Y ese tiempo que ganan, es su objetivo máximo, claro.
Josep Gisbert, en su artículo titulado ‘¿Hasta cuando abusaréis de nuestra paciencia?’ (Elnacional.cat, 22 de julio 2025), tras analizar las demoras y malos entendidos en la aplicación de los diferentes acuerdos de investidura (de Sánchez e Illa), nos recuerda la famosa frase ‘Quo usque tándem abutere, Catilina, patientia nostra? (¿hasta cuando abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?); frase que encabezaba el primero de los discursos, conocidos también como Catilinarias, que el año 63 a.C., el cónsul Marcus Tullius Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.) dirigió, en el Senado de Roma, contra el patricio Lucius Sergius Catilina (108 a.C. – 62 a.C.), con la finalidad de desenmascararlo por haber conspirado contra la República.
Pues bien, los independentistas catalanes, ante estas muestras armadas de los opresores, y sus estrategias de pérdida de tiempo, deberíamos preguntarnos, asimismo, ¿hasta cuándo dejaremos que abusen de nuestra paciencia?, ¿qué línea roja nos queda ya, que no haya sido vulnerada?
Pero claro, la mayoría, ya desconectada, además de haber perdido toda ilusión y confianza, ahora está de vacaciones, y no quiere pensar en nada. Y así nos va, ya les va bien que los representantes del estado vayan perdiendo nuestro tiempo. Pero, es preciso recordar los siguientes pensamientos:
- ‘Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí’ (William Shakespeare)
- ‘No perdamos nada de nuestro tiempo; quizás los hubo más bellos, pero este es el nuestro’ (Jean Paul Sartre)
- ‘Puedes pedirme cualquier cosa que quieras, excepto tiempo’ (Napoleón Bonaparte)
- ‘Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?’ (Mahatma Gandhi)
- ‘Dicen que el tiempo todo lo cura, dicen que siempre se olvida, pero las sonrisas y lágrimas a lo largo de los años me retuercen el corazón’ (George Orwell)