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La falta de compromiso y el exceso de competencia, en la política española

Amadeo Palliser Cifuentes    amadeopalliser@gmail.com

En el estado español, en su totalidad, una de las carencias que encuentro más a faltar es el compromiso, en todos los niveles. Y, por el contrario, es fácilmente observable un exceso de competencia testosterónica.

Por eso me parece interesante detenerme en estos dos conceptos:

Compromiso

‘Un compromiso es una especie de negociación en la que varios agentes que perciben ventajas en algún tipo de esfuerzos de cooperación convienen en proceder de forma que exige que cada uno de ellos claudique, quizás solo de manera temporal, de alguno de sus fines, intereses o políticas, para conseguir otros.

(…)

Cuando el compromiso llega al sacrificio del principio, deja de ser una exigencia normal, quizás desafortunadamente, de la colaboración o el conflicto y resulta moralmente sospechoso. La crítica de Maquiavelo sugiere que en ocasiones o a menudo, esto es necesario’

(Peter Singer, ‘Compendio de ética’, Alianza Editorial, Madrid, 1993, pág. 516)

Competencia

Tras la publicación de la obra ‘El origen de las especies’ (1859) de Charles Robert Darwin (1809-1882), Herbert Spencer amplió su aplicación como ‘darwinismo social’.

William Graham Sumner (1840-1910), sociólogo profesor de Yale, consideró que:

‘Entiéndase que no podemos escapar a esta alternativa: libertad, desigualdad, supervivencia de los más aptos; no libertad, igualdad, supervivencia de los menos aptos. Lo primero impulsa hacia adelante a la sociedad y favorece a sus miembros. Lo último impulsa hacia abajo a la sociedad y favorece a sus miembros peores’

(Sumner, 1914)

‘’Como dijo el gran defensor de Darwin, Thomas Henry Huxley (1825-1895): ‘‘más aptos’ tiene una connotación de ‘mejores’; y el calificativo de ‘mejores’ tiene una connotación moral. Sin embargo, en la naturaleza del cosmos, lo que sea ‘más adaptado’ depende de las condiciones’

(Huxley, 1947)

(Peter Singer, ídem, págs. 668, 9)

Asimismo, también me parece interesante incluir los siguientes conceptos:

Axioma del vicario de Bray: Reine quien reine, yo seré aún vicario de Bray, señor.

‘La teoría fue nombrada en referencia al vicario de Bray, un clérigo que se supone que conservó su cargo eclesiástico al adaptarse rápidamente a los vientos predominantes en materia religiosa, cambiando rápidamente entre los ritos protestantes y católicos, según cambiaba el monarca reinante.

La modelización matemática de esta teoría fue aceptada por la mayoría de los biólogos como una de las razones más importantes para la prevalencia de la reproducción sexual en el mundo natural.

(…)

En la actualidad, una hipótesis alternativa para el origen evolutivo y el mantenimiento del sexo es la ‘hipótesis de la reina roja’, la cual propone que el sexo beneficia directamente a los individuos y no solo a la población a la cual pertenecen’.

Hipótesis de la reina roja, efecto reina roja, la carrera de la reina roja, o la dinámica de la reina roja:

‘El término está tomado de la novela de Lewis Carroll, ‘Alicia a través del espejo’, donde los habitantes del país de la reina roja deben correr lo más rápido que puedan, solo para permanecer donde están, pues el país se mueve con ellos’

‘Es una hipótesis evolutiva que propone que los organismos (entendidos como poblaciones o especies) deben adaptarse, evolucionar y proliferar constantemente para sobrevivir mientras compiten con otros organismos en continua evolución, en un entorno, además, en constante cambio, y conseguir así una ventaja reproductiva frente a sus rivales’.

(…)

Para un sistema evolutivo, la mejora continua es necesaria para solo mantener su ajuste a los sistemas con los que está coevolucionando’

(Wikipedia)

Pues bien, revisadas estas teorías y postulados, vemos que, efectivamente, en el estado español (y no es una excepción) el sistema político está dominado por los intereses personales, en segundo lugar, los del partido, en tercer lugar, los de los lobbys, en cuarto lugar, los de los electores; y en última instancia, si queda algo, los de la sociedad en su conjunto.

Y tenemos ejemplos muy claros del interés personal, con los constantes movimientos de transfuguismo; una desfachatez, una estafa a los electores. Y un ejemplo vomitivo, lo tenemos con el blanqueo de Vox (de extrema derecha, racista y xenófobo), ya que en Murcia han asignado la consejería de educación, nada más y nada menos, a un ex de Vox, esa es la moral circunstancial e interesada de Inés Arrimadas, la líder de Ciudadanos.

Respecto a los intereses partidistas, lo tenemos con las mociones de censura, iniciada en Murcia, y seguida con la de Madrid.

Con relación a los intereses de los lobbys, tenemos muestras inmorales, como el apoyo de Pedro Sánchez para no reformar el sistema de patentes de las vacunas covid, importándole un bledo la salud de los países del tercer mundo, solo le interesa el beneficio de las grandes multinacionales y de las patronales empresariales, como defendió la ministra de sanidad Carolina Darias. Otro ejemplo lo tenemos con la futura ley de la vivienda; le es igual que la limitación de los precios del alquiler fuera un acuerdo de investidura firmado entre el PSOE y Unidas Podemos. Ahora los socialistas prefieren bonificar a los propietarios que bajen los alquileres. Esa es la política de Nadia Calviño, ministra de economía.

Como sabemos, la situación española es putrefacta, y no tiene solución si no se reformula del todo. Pero sabemos que esto sí que es una quimera, y no lo que dijo el rey Juan Carlos I, refiriéndose, en 2012, a los independentistas catalanes.

Para acabar este largo escrito, me parece que puede ser pedagógico el siguiente cuento:

Historia de las dos princesas

Había una vez un rey que tenía dos hijas gemelas, Alicia y Patricia. Las dos princesas habían crecido en el palacio y habían recibido la misma educación. Sin embargo, aunque físicamente eran idénticas, en lo demás no se parecían en nada. Eran tan diferentes en sus modales y en su forma de actuar, que era muy fácil diferenciarlas.

Alicia era una princesa tranquila, siempre correcta, siempre perfecta. Patricia, en cambio, era como un terremoto, siempre activa.

Un día el rey, viendo que se hacía mayor, decidió elegir a su heredera. Reunió al consejo y les dijo a sus hijas, las princesas:

‘Mi reino lo heredará la más bella de mis hijas’.

Uno de los asesores del rey se adelantó y dijo: ‘Señor, las princesas son idénticas. ¿Cómo queréis que compitan en belleza?’

El rey, como única respuesta, levantó los hombros, dando a entender que eso era algo que tendrían que resolver las princesas.

‘¿Qué vamos a hacer?’, le dijo Alicia a su hermana Patricia.

‘A mí esto no me gusta nada’, respondió Patricia.

‘¿Por qué tendremos que competir?’, dijo Alicia.

‘Podríamos ir a visitar al ermitaño sabio del bosque, para que nos aconseje’, dijo Patricia.

‘Está bien’, dijo Alicia.

Al día siguiente las dos princesas se pusieron en camino y fueron a visitar al ermitaño sabio del bosque. Cuando le contaron su problema, el ermitaño sabio dijo:

‘Ambas sois de apariencia hermosa, aunque me temo que esa no es la belleza a la que se refiere vuestro padre’.

‘Entonces, ¿a qué se refiere?, preguntó Alicia.

El ermitaño sabio miró a Patricia y le preguntó: ‘¿Tú lo sabes?

Patricia le miró y dijo: ‘¿La belleza interior?’

‘Eso es’, dijo el ermitaño.

Alicia y Patricia se miraron la una a la otra. Iguales por fuera, diferentes en su interior, pero ambas maravillosas.

‘Creo que nuestro padre nos está poniendo a prueba’, dijo finalmente Alicia.

‘¿Y si jugamos a confundirle?’, propuso Patricia. ‘Si no es capaz de distinguirnos, no podrá elegir’.

‘¿Cómo hacemos eso?’, preguntó Alicia.

‘Comportémonos las dos igual’, dijo Patricia. ‘Un día seremos las dos Alicia y otro día seremos las dos Patricia. Y así hasta que nos diga algo’

Y eso hicieron las dos princesas. Al principio fue un poco difícil ponerse en el papel de la otra, pero poco a poco le fueron cogiendo el truco.

El rey estaba desconcertado. Ya no era capaz de reconocer a sus hijas. Así que reunió al consejo, les llamó y les dijo: ‘Hijas, he de reconocer que no puedo diferenciaros. Así no podré elegir a una de vosotras como heredera’.

‘¿Estás disgustado?’, preguntó una de las princesas.

‘¿Te hemos defraudado?, dijo la otra.

‘No, la verdad es que no, dijo el rey. Os he puesto a prueba para ver qué pasaba, para ver que había dentro de vosotras, más allá de vuestro aspecto. Y lo que he visto me ha sorprendido. Sois ambas maravillosas, aunque no sea capaz de distinguiros.

‘¿as tomado ya tu decisión?, preguntó una de ellas.

‘Decidid vosotras, dijo el rey. Respetaré vuestra decisión’.

Las dos princesas se miraron y, como si hubieran sido capaces de leerse la mente, dijeron: ‘¡Las dos!’.

‘¡Excelente elección!’, dijo el rey.

‘Señor, interrumpió un miembro del consejo, nunca antes ha habido dos reyes o dos reinas. Esto es inaudito’.

‘Pues nosotros lo haremos así, dijo el rey. Que no se haya hecho nunca no quiere decir que no pueda hacerse ahora, y menos cuando es una excelente solución’.

Y así fue como las dos princesas se convirtieron en reinas y trajeron a su pueblo paz y prosperidad’

(Eva María Rodríguez; www.cuentoscortos.com)

Esas dos princesas gemelas me recuerdan la coincidencia, comentada repetidamente en todos los medios, que Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid, por el PP, y Pablo Iglesias Turrión, todavía vicepresidente del gobierno, por Unidas Podemos, nacieron ambos en Madrid el mismo día, el 17 de octubre de 1978, y ambos estudiaron en la misma universidad Complutense de Madrid, si bien estudios diferentes, y con vivencias personales bien distintas. Y nunca se les podría pedir que llegasen a un compromiso que llegase al sacrificio ideológico, pues, como dijo Singer, esa no sería una exigencia normal ni aceptable.

Pero, evidentemente, al final, después de las elecciones de la comunidad de Madrid, sea cual sea el resultado, deberían cooperar en beneficio de la sociedad, para superar la crisis sanitaria, económica y social.

Deberían y deberíamos tener presente, todos, lo que dijo Sumner, según he citado más arriba:

‘Entiéndase que no podemos escapar a esta alternativa: libertad, desigualdad, supervivencia de los más aptos; no libertad, igualdad, supervivencia de los menos aptos. Lo primero impulsa hacia adelante a la sociedad y favorece a sus miembros. Lo último impulsa hacia abajo a la sociedad y favorece a sus miembros peores’

Es decir, la supervivencia de los más aptos favorece a la sociedad, mientras que los menos aptos favorece a sus miembros peores.

Pero, por desgracia, sabemos que aquí predomina el orgullo del hidalgo español, del funcionario citado por Larra, el del ‘vuelva usted mañana’, que reproduje en mi escrito de ayer, y, por eso, impera el mencionado axioma: Reine quien reine, yo seré aún vicario de Bray, señor.

Por esto y por muchas cosas más, debemos independizarnos.