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La fantología de Juan Carlos I

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El rey ‘emérito’ Juan Carlos I, acaba de publicar sus memorias, tituladas ‘Juan Carlos I: Reconciliación’, publicadas por Ediciones Planeta (claro, así todo queda en casa); libro escrito por Laurence Debray, escritora y directora de documentales francesa (hija del filósofo francés Régis Debray y de la antropóloga venezolana, Elizabeth Burgos). Libro que no pienso leer, pues ya tengo más que suficiente con las reseñas (interesadas y críticas) que se han hecho. A pesar de esto, seguidamente, recojo algunas observaciones.

En primer lugar, es preciso señalar que el término ‘fantología’, que he utilizado en el título del presente escrito, no se refiere a la afición por la bebida ‘Fanta’, si no a ‘la recopilación ordenada y justificada de distintas obras de un género artístico (normalmente: literatura, música o cine)’. 

Y está en línea con la ‘hauntology’ (hauntología) (*) (compuesto de ‘hanté’, encantado, fantasmal, espectral; y ‘ontologie’, ontología) es decir, los estudios espectrales: ‘conjunto de ideas que se refieren al retorno o la persistencia de elementos del pasado social o cultural (…) y su tendencia a acechar a la sociedad desde el más allá (…) es un conjunto de ideas referidas al retorno o la persistencia de elementos del pasado como si quisieran perseguir el presente’.

(*) neologismo introducido por el filósofo francés de la deconstrucción, Jacques Derrida (Jackie Élie Derrida, 1930 – 2004) en su libro ‘Espectros de Marx’ (1993). ‘El concepto se deriva de la deconstrucción, en la que cualquier intento de localizar el origen de la identidad o la historia, debe inevitablemente, dependiente de un conjunto de condiciones lingüísticas siempre existentes’.

Con este término, Derrida se refirió a la ‘presencia espectral de algo ausente o del pasado que sigue influyendo en el presente, como un ‘fantasma’ que no ha desaparecido del todo’.

Y llegados a este punto, el término ‘fantasma’, etimológicamente, viene del verbo griego ‘phantázein’ (aparecerse), derivado del ‘phaínin’ (aparecer), que en griego significa ‘phantasía’, aparición, espectáculo, imagen.

Pues bien, centrándome en las memorias del rey emérito, éste escribió (dictó):

‘Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan. Y menos, públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios. ¿Por qué le desobedezco hoy? ¿Por qué he cambiado de opinión? Porque siento que me roban mi historia’.

Con esta obra, escrita en primera persona, señala que ‘intenta reparar su situación, pues tras su abdicación y marcha a Abu Dabi, y sus errores, han ensombrecido su trayectoria y sus aportaciones fundamentales al éxito de la democracia española’, y, a tal fin, detalla parte de su vida privada, con gran profusión de anécdotas, partiendo de un ‘país inmerso en una guerra cainita y con un joven Juan Carlos anclado a un destino que no le pertenece, pero que, paso a paso, eludiendo mil complots y ganándose la confianza de unos y otros, acaba convirtiéndose en el actor principal de la transformación radical de España en el estado moderno y próspero que es hoy (…) así, va de su primer exilio obligado a Estoril, y el voluntario en Abu Dabi (2020), y el emérito añade: ‘no tengo derecho a llorar, pero tengo el derecho a buscar la anhelada reconciliación con el país que tanto amo’’.

Juan Carlos I, en esas memorias, hace un claro blanqueamiento de la criminal dictadura de Franco, pues, entre otras cosas, dice:

‘¿Tuve con él una relación filial? Nos separaban 46 años. Él no tenía hijos varones. Quizás proyectó sobre mí un sentimiento paternal. No ocultaba su simpatía hacia mí, incluso cierta ternura (…) si pude ser rey, fue gracias a él (…) le respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político’.

(…) En el momento de su muerte, me dijo: ‘Alteza, sólo le pido una cosa: mantenga la unidad del país (…) no me pidió preservar el régimen’ y ‘tras 40 años de dictadura, les di a los españoles una democracia que sigue viva; es mi herencia’.

Respecto al golpe de estado del 23 F (1981), señala: ‘No hubo un golpe de estado, sino tres’ (haciendo alusión a la toma del congreso por parte de un grupo de militares sublevados (Tejero), a las maniobras de un general (Armada) cercano a mi para hacerse con el poder, y a la postura de políticos franquistas’ (…) ‘esa noche mi obra política estaba en juego y el destino de los españoles, en ms manos’.

Con relación a su hijo (Felipe VI), apunta: ‘Me dio la espalda por sentido del deber (…) entiendo que, como rey, deba mantener una postura pública firme, pero sufrí su insensibilidad (…) por lo que le comenté que no olvidara que había heredado un sistema político que yo he construido, puedes excluirme en el plano personal y financiero, pero no puedes rechazar la herencia institucional en la que has crecido’.

Asimismo, con referencia al gobierno de Pedro Sánchez, señala que: ‘Cuando el gobierno actual desacredita a mi persona, debilita nuestra constitución, pone en duda los avances de la transición democrática y de nuestra reconciliación’.

Respecto a los escándalos amorosos, recuerda que pidió disculpas públicamente por haberse ido a cazar elefantes a Botsuana, justo cuando España atravesaba una fuerte crisis económica; y que hizo un ‘mea culpa’ en numerosas ocasiones por sus ‘debilidades sentimentales y financieras’. ‘Fue en grave error mi relación con la princesa alemana Corinna Larsen, porque tuvo un impacto desafortunado en mi reinado y mi destino’.

‘(…) otro grave error fue aceptar los 100 millones de dólares que me regaló, en 2008, el entonces rey de Arabia Saudita, Abdalá bin Abdulaziz al Saúd, y por los que enfrenté los procesos judiciales en Suiza y España, que me forzaron a autoexiliarme’. ‘Fue un acto de generosidad de una monarquía hacia otra (…) y es preciso recordar que todas las investigaciones en su contra fueron desestimadas’.

(…) ‘No soy un santo (…) todos los hombres cometen errores, y espero que mis memorias sirvan para que se me conozca, y disipar los malos entendidos’.

(https://www.bbc.com)

Evidentemente, todas estas explicaciones fotografían y describen a un monarca alejado de la realidad (las investigaciones en su contra, no fueron desestimadas, no fue juzgado por su inviolabilidad), y respecto al blanqueamiento de Franco y su régimen, sus declaraciones son más próximas al enaltecimiento del fascismo que, en otros países, estaría prohibido y penado, pero ‘Spain is different’ (como dijo el franquista Manuel Fraga Iribarne (1922 – 2012), uno de los ‘padres’ de la constitución, y así nos va con ese ‘engendro’).

Es vergonzoso, asimismo, que el rey se considere como el padre de la democracia:

‘le comenté que no olvidara que había heredado un sistema político que yo he construido’ (…) ‘mi obra política estaba en juego y el destino de los españoles’

Cuando la realidad fue que, el relativo y mínimo cambio que, de forma eufemística llamaron y llaman la ‘transición’, fue motivado por la lucha antifranquista de muchos españoles: obreros, estudiantes, profesores, abogados, etc. (pero no burgueses, ni capitalistas, ni …los representantes de los poderes de siempre, que pasaron, ‘transicionaron’, desde sus antiguas poltronas, a las nuevas). Y esos ‘recolocados’ traicionaron y siguen traicionando a los verdaderos luchadores antifranquistas, que se sacrificaron durante la vida del criminal dictador y, también, durante el posfranquismo.

Sobre esa transición de ‘oca a oca … y tiro por que me toca’, es preciso destacar que de cada vez sabemos más, como nos mostró Quico Sallés, en su artículo titulado ‘Los espías de los EUA desmontan los mitos de la transición’ (elmon.cat, del pasado 23 de este mes de noviembre), que detalla las relaciones (cables y teletipos) de Wells Stabler, embajador americano en Madrid, que ahora se han hecho públicos en los EUA (en España seguirán siendo ‘confidenciales’ durante muchas décadas más, como pasa en las pseudo-democracias).

Estos mensajes diarios dirigidos a Henry Kissinger (gobierno de Gerald Ford), entre noviembre de 1975 hasta mediados de 1977, se basaban en fuentes variadas: Adolfo Suárez, José María de Areilza, el mismo Juan Carlos I, Ramón Trías Fargas, Enrique Múgica, Luis Yáñez, Francisco Fernández Ordóñez, Miguel Boyer, etc.; y que desvelan el verdadero origen del sistema electoral (para obtener una sobrerrepresentación, un sistema bipartidista), la legalización del PCE (a cambio de fortalecer la UGT, para compensar a CCOO), el sistema bicameral (para tener un senado sin funciones que permitiese colocar y recolocar a tantos personajes del pasado) y el famoso ‘consenso’ en el que nació la constitución, mostrando la mano del citado Manuel Fraga; y todo ello para mantener una ‘democracia coronada’, como dijo el embajador mencionado.

Esa expresión de ‘democracia coronada’, a mi modo de ver, refleja exactamente la situación que tenemos, pues la expresión ‘monarquía parlamentaria’, como sabemos, es meramente formal, ya que el rey se salta sus funciones cuando le da la gana, sigue siendo el jefe de las fuerzas armadas, y … sigue siendo inviolable e incontrolable.

Los comentarios del considerado emérito, expresan una clara muestra de apropiación de la constitución, como si fuera patrimonio suyo. Y, claro, así nos va, pues periódicamente vemos que se extralimitan de sus funciones, desobedeciendo dicha constitución. Solo hace falta recordar el anticonstitucional discurso de Felipe VI, el 3 de octubre del 2017, alentando al ‘a por ellos’ (es decir, contra nosotros, los catalanes, independentistas y unionistas ‘dependentistas’, pues la represión de libertades y la infrafinanciación, afecta a todos, en general).

En principio, escribir una biografía, tiene muchos objetivos, desde los positivos de la autorreflexión, el autoconocimiento, la explicación de unas vivencias, de un legado, etc.; pero también puede tener objetivos negativos, como la venganza, querer cambiar la historia, etc.

En todo caso, denota una nostalgia (del griego ‘nóstos’, regreso; y ‘algia’, dolor), es decir, un sentimiento de tristeza mezclado con placer y afecto, al anhelar un pasado feliz. Y, claro, cuando ese pasado feliz, hace referencia a la convivencia con el criminal Franco, queda más que retratado, pues ‘de esos polvos estos lodos’, como dice el refrán. Cuando lo adecuado sería recordar ese sombrío pasado con melancolía (del griego ‘melas’, negro; y ‘khole’, bilis), con profunda tristeza y duelo.

No es que ahora el emérito añore ese pasado, extraña sus 40 años de reinado, de gloria, olvidando sus acciones negativas en gran escala, y transversales en todas esas décadas, pues no se limitaron, exclusivamente, a aspectos puntuales como la Corinna y la mencionada donación del rey de Arabia Saudita.

Ahora bien, ese libro, presuntuosamente llamado ‘Reconciliación’, en todo caso, será una autosatisfacción personal del ‘emérito de nada’, y una ‘reconciliación’ con sus partidarios, anclados en los diferentes poderes del estado, entre ellos, el judicial, como sabemos.

Pero debería ser interesante, asimismo, para que muchos súbditos (que no, ciudadanos), deslumbrados todavía por el fulgor de la corona y de toda la casa real, se dieran cuenta de que no hay nada más antidemocrático que mantener una familia que se transmite los trastos, gracias a la bragueta. Y que, en pleno siglo XXI, todavía haya súbditos que sigan agradeciendo las ‘virtudes y favores’ de los falsos óvulos y espermatozoides azules, realmente, es de súbditos inmaduros, pues, es de criaturas, avalar el consejo de Juan de Borbón a su pupilo Juanito, como explica éste:

‘Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan. Y menos, públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios’.

Por todo ello, los independentistas catalanes queremos deshacernos de tantos fantasmas y espectros. Queremos una verdadera democracia, no la actual ‘democracia coronada’ (como dijo el mencionado embajador americano), queremos decidir nuestra forma de vida y de gobernanza, en definitiva, ser maduros personal, cívica y socialmente.