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La herencia tóxica del poder: la primera rectora recibe una UAEMéx en crisis

Por Redacción Edomex Al Día
16 de julio de 2025

En un acto que algunos califican como cobarde y calculado, el grupo político que fracasó en su intento por imponer a su candidata favorita para la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) ha optado por una retirada silenciosa, dejando tras de sí una bomba de tiempo: el movimiento estudiantil más fuerte y legítimo en la historia reciente de la institución.

Este 15 de julio se anunció que Martha Patricia Zarza Delgado fue electa como la primera rectora de la UAEMéx en casi dos siglos. Sin embargo, su victoria, histórica y significativa desde una perspectiva de género, llega bajo las sombras de una crisis institucional profunda provocada por sus antecesores inmediatos: Carlos Eduardo Barrera Díaz e Isidro Rogel Fajardo.

Durante el mandato de Barrera Díaz, las demandas de estudiantes, docentes y administrativos fueron ignoradas. Su negativa al diálogo directo y su ausencia durante los momentos más tensos del paro estudiantil terminaron por dinamitar la credibilidad de su administración. El escándalo que lo marcó fue la filtración de un audio en el que supuestamente condicionaba el financiamiento de la universidad al triunfo de su candidata Eréndira Fierro, lo cual fue percibido como un intento de manipular el proceso democrático universitario.

Lejos de calmar la situación, su renuncia solo confirmó lo que ya era evidente para la comunidad: el proceso estaba viciado y el conflicto había sido alimentado por una administración que prefirió la soberbia antes que la reconciliación.

A su salida, el control pasó a Isidro Rogel Fajardo, una figura que intentó abrir canales de diálogo, pero que desde el principio fue rechazado por gran parte del movimiento estudiantil por representar la continuidad de un poder que ya no tenía legitimidad. Pese a sus intentos de negociación, la falta de resultados concretos, como el avance en el voto universal y la reforma estatutaria, mantuvo encendida la protesta.

Y ahora, tras semanas de parálisis institucional y desgaste social, se celebra el nombramiento de la primera rectora. Pero más allá de los discursos institucionales sobre unidad y consenso, hay una verdad incómoda que no se puede ignorar: a Zarza Delgado le están heredando una universidad rota, con una comunidad aún movilizada y exigente, mientras quienes generaron la crisis se retiran en silencio.

No deja de ser paradójico —e incluso perverso— que los mismos que durante años se resistieron a abrir espacios de poder a las mujeres, hoy vean en el liderazgo femenino una salida conveniente para su debacle política. Dejar la “papa caliente” a la primera mujer rectora parece más una estrategia de desentendimiento que un verdadero compromiso con la renovación institucional.

El verdadero reto de la doctora Zarza Delgado no será solo encabezar una administración eficiente y moderna, sino reconstruir la legitimidad de la rectoría, reabrir el diálogo con una comunidad lastimada, y demostrar que su llegada al cargo no fue producto de una imposición disfrazada de cambio, sino una respuesta genuina a la voluntad de transformación.

Porque querer a la UAEMéx no se demuestra con discursos ni con urnas controladas, sino asumiendo responsabilidades, incluso cuando el escenario es adverso. Y eso, precisamente, es lo que muchos de sus antecesores rehusaron hacer.

¿Unidad y reconciliación? Primero, que rindan cuentas.