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Ayer (27/02), el represor Salvador Illa tuvo la inmoralidad y la desfachatez de hacer de guía de la genial actriz Susan Sarandon, mostrándole los restos arqueológicos del barrio de Ribera, los restos de la ciudad de Barcelona (unas 60 casas) de una población que resistió el sitio de las tropas del Borbón Felipe V, hasta la capitulación el 11 de setiembre de 1714; y muestra, asimismo, la gran destrucción de calles, para hacer una gran explanada de seguridad ante la construcción de la ciudadela militar. Y esa falta de ética de Illa, es el tema del presente escrito, pues me parece nuclear.
En primer lugar, me parece preciso reconocer el compromiso y ética de la mencionada Sarandon, involucrada, desde hace décadas, en la defensa de los más débiles. Y, en esa línea, entiendo los comentarios elogiosos que efectuó hacia Pedro Sánchez; pero, claro, esos elogios muestran que la actriz, lógicamente, tiene un limitado conocimiento de la política del mencionado Sánchez, y se basa en los cuatro literales internacionales, de su defensa de Gaza, y, obviamente, desconoce su papel en la aplicación del 155 y la posterior, y todavía actual, represión del catalanismo. Asimismo, la actriz reconoció que todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación, pero, claro, teniendo en mente a Gaza, no a Catalunya; así que tampoco podemos generalizar esa expresión, sería un error, por mi parte, atribuirla a nuestro pueblo.
Pero el aspecto que me parece más grave e insultante es que Salvador Illa hiciera de guía, precisamente, en ese lugar sagrado del catalanismo.
¿Cómo debió explicar Illa los restos arqueológicos? Si fuera objetivo y empático, lo hubiera hecho desde la óptica de los conquistados, de los perdedores; pero dudo que lo explicase así. Más bien supongo que debió hacerlo desde la óptica de los vencedores, de las tropas del Borbón, pues es sabido el vasallaje de Illa respecto al descendiente Borbón actual. O, aún con más seguridad, igual lo explicó con equidistancia, como si fueran restos de la época de los íberos; y eso, todavía es peor, como bien sabe Illa, pues en el Apocalipsis 3:15-19, se dice: ‘Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.’
Haciendo una comparación, me parece que ese trabajo de guía sería similar al que, hipotéticamente, podríamos ver si Alberto Núñez Feijóo (PP) hiciese de guía en ‘El poble Vell’ de Corbera d’Ebre (Terra Alta, Tarragona), un espacio de memoria histórica de la batalla de l’Ebre, de la destrucción por el ejército franquista, durante los meses de julio y noviembre de 1938.
Es verdad que Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, igual que su antecesora, Ada Colau, hicieron todo lo posible para resignificar, descafeinar y diluir el valor simbólico del espacio del Born; esfuerzos en vano, ya que, al margen de todos esos esfuerzos, la ciudadanía catalana seguimos considerando como sagrado ese espacio, como lo es el cercano Fossar de les Moreres, en memoria, como se indica, de ‘los que murieron en defensa de las libertades y constituciones de Catalunya, en el sitio de Barcelona (1713 – 1714)’. Es preciso recordar que el poeta Frederic Soler i Hubert (Serafí Pitarra, 1839 – 1895), explicó que un enterrador y su nieto, en 1714, enterraban a los muertos defendiendo Barcelona, y les llevaron el cadáver de un soldado del ejército Borbón, hijo del enterrador y padre del chico, y ambos se negaron a enterrarlo, diciendo:
‘Al fossar de les Moreres no s´hi enterra cap traïdor; fins perdent nostres banderes serà l’urna de l´honor’ (en el fosar de las Moreras no se entierra a ningún traidor, incluso perdiendo nuestras banderas, será la urna del honor); lema que figura en un lugar de honor del mausoleo.
Ese ejemplo nos muestra que, como pasa en todas las guerras, siempre ha habido traidores al sentir popular de sus conciudadanos. Y Barcelona, y Catalunya, no han sido ninguna excepción.
Y el sentimiento expresado en el lema mencionado, es generalizado y asumido por la mayoría de la ciudadanía catalana; y, por lo tanto, choca totalmente con la presencia de Salvador Illa, haciendo de guía de la mencionada Susan Sarandon.
Por eso, el papel del represor Illa me recuerda el pasaje explicado por Mateo 15:14, diciendo ‘dejadlos: son ciegos guías de ciegos, y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo’. Asimismo, en Proverbios 29:18, se dice: ‘donde no hay visión, el pueblo perece’.
Efectivamente, esas citas se refieren a ideas religiosas y místicas, pero yo creo que siguen siendo válidas, aterrizándolas al contexto que me ocupa en este escrito, para explicar que los modismos ‘guías ciegos’, también llamado ‘el ciego guiando al ciego’, son metáforas para describir una situación en la que una persona ignorante de un tema determinado recibe consejos y ayuda de otra persona igual de ignorante en el tema. Pero, claro, el represor Illa no ignora la historia y, aún así, se atrevió a pisarlo haciendo de guía. Y eso es mucho peor, evidentemente y, a mi modo de ver, no tiene ni merece perdón.
En los Upanishads, escritos alrededor del año 800 a.C., se dice:
‘Permaneciendo en medio de la ignorancia, creyéndose sabios y eruditos, los necios van sin rumbo de aquí para allá, como ciegos guiados por ciegos’.
Y ese es el papel de Illa, pues ‘Sextus Empiricus (160 – 210) escribió:
‘Ni el que no es experto enseña al que no lo es, ni el ciego puede guiar al ciego’.
Y Aurelius Augustinus (Agustín de Hipona, 354 – 430) escribió:
‘Vae caecis ducentibus! Vae caecis sequentibus! (¡ay de los ciegos que guían, ay de los ciegos que siguen!)
En definitiva, y volviendo a Salvador Illa, es preciso recordar que ‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’, por eso, a mi modo de ver, no merece perdón, pues la visión que tiene, por su pensamiento españolísimo, es como la del personaje ‘Visión’, expresada por el androide Sintezoide, en las películas y cómics de los vengadores de Marvel; y, en esas narraciones ‘Visión’ es asesinado por Thanos.