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La lengua y su circunstancia

Carles Castellanos i Llorenç – Ingeniero y lingüista (Poble Lliure) – Punt Avui, 9.12.2025)

Como en todos los fenómenos sociales, el contexto que rodea a la lengua no debe menospreciarse. Podemos observar que desde el punto de vista mediático se insiste en estadísticas negativas que tienen un doble efecto: llevan en parte a la concienciación y la necesidad de actuar; pero también, como muchos de los datos emanados del poder despótico, tienen la función de desmovilizar a una parte de la población menos comprometida socialmente. Presentar la lengua como una causa perdida entronca con la voluntad genocida del estado.

El ahogamiento de una lengua va acompañada también de humo, de maniobras de confusión: presentar al castellano como lengua perseguida; considerar de justicia impedir que la lengua del país sea preferente como lo es toda lengua con plenitud de derechos (porque la preponderancia de la lengua del país es presentada como una desigualdad o el mero hecho de hablarla como una falta de educación, o una discriminación negativa etc.). Todas las lenguas (empezando por el castellano y el francés, lenguas de estado) cuentan con leyes fundamentales y cientos de normas que hacen obligatorio su uso. Y, en esta cuestión, debemos tener claro que si el conocimiento de nuestra lengua no se hace obligatorio y no conseguimos que su uso sea preferente en todos los ámbitos sociales importantes, no habrá normalización lingüística.

La realidad de la situación de las lenguas del mundo muestra la validez de estos aspectos contextualizadores. La desaparición acelerada de lenguas en todo el mundo es la prueba más evidente y el estado, la circunstancia predominante en la que se concentra el poder que determina la mayoría de fenómenos sociales. Si en el mundo se cuentan más de 5000 lenguas y hay tan sólo unos 200 estados constituidos no es necesario ser una luminaria matemática para descubrir cuál es el gran factor desigualitario.

El estado es poder y la desigualdad entre las lenguas es el resultado de una imposición, es decir, de una práctica tan antigua como la humanidad, que es el imperialismo. La forma de dominación conocida como esclavitud es ya una primera expresión de un imperialismo primitivo en el que el secuestro de las personas tiene la función de poner su fuerza de trabajo a favor del dominador.

La mejor manera de analizar la subordinación lingüística es explicándola como la expresión de una dominación política y con raíces históricas profundas ligadas a ambiciones económicas.

El mundo actual, tan desconcertante, es un compendio de circunstancias que explican de forma paralela la depredación económica, la precarización social, la destrucción ecológica y la desaparición de lenguas y culturas en todo el mundo. Y la simultaneidad de estos fenómenos nos devuelve a la importancia del factor imperialista y sus guerras. Las lenguas sufren porque las personas que las hablan son objeto de formas de dominación y abuso. No es tanto que exista en el mundo una pugna entre ideologías (derechas e izquierdas): es el conjunto del sistema que empieza a hacer aguas porque la búsqueda del enriquecimiento de unas minorías (pocas personas y grandes empresas) ya no puede coexistir con formas de funcionamiento justas e igualitarias. Es la crisis de todo un sistema que ya no puede ser democrático como durante años recientes lo han sido un número reducido de países.

La situación de las lenguas del mundo se encuentra, pues, ligada a la desaparición de estas formas de dominación y se resolverá cuando los imperios (o los macro-estados) ahogadores de pueblos, culturas y lenguas, habrán llegado a su límite.

Ésta es la explicación más clara de las circunstancias de la opresión lingüística. Muerta la rabia, muerto el veneno. No hace falta esperar el derrumbe de todo un sistema pero sí que el renacimiento de las lenguas está ligado al debilitamiento de los despotismos económicos y políticos. Y en la fuerza de la gente, la movilización. Si para el poder el dato más importante a difundir es qué proporción de personas tiene el catalán como lengua habitual, ¿por qué no se difunde el dato de la gente que está pasando (y puede ocurrir) de tener un conocimiento pasivo de la lengua, a tener una habilidad más establecida y más regeneradora? La suma de quien habla la lengua y de quien puede pasar fácilmente a hablarla siempre, en un entorno más favorable, es ampliamente mayoritaria. Esto también son las circunstancias de fondo que rodean a las lenguas de la mayoría de pueblos y naciones del mundo y que desde hace decenas de años están cambiando la faz de la Tierra.