
amadeopalliser@gmail.com
En su editorial de hoy (24/10) en Vilaweb, Vicent Partal, nos recuerda que la proclamación de la República Catalana del 2017 no fue ninguna alucinación colectiva, ni un mero símbolo, por más que el españolismo quiera imponer su relato de que esa proclamación no se efectuó.
Estos días, un grupo de independentistas de Catalunya Nord, está realizando una importante actividad, pues desde el pasado 11 de setiembre están efectuando una marcha, denominada ‘Caminada per la Llibertad’ y están recorriendo los 300 kilómetros que hay entre Salses (Porta dels Països Catalans) y Barcelona.
El objetivo de esa marcha es hacer visible su papel activo en la lucha por la independencia, llegando al Parlament el próximo 27 de octubre a las 16.59 h., (fecha y hora que se aprobó la DUI (declaración unilateral de la independencia) hace ocho años, es decir, la proclamación de la República, en 2017). La última jornada, la del 27, culminará con una marcha desde la plaza Urquinaona hasta el Parlament, donde han convocado una concentración a las 11.00 h., para defender dicha proclamación y reivindicar la DUI y, en definitiva, cumplimentar el mandato del referéndum del 1 de octubre de ese año, es decir: ‘una afirmación rotunda contra la renuncia al mandato del 1-O y contra el autonomismo’.
Pues bien, iniciando con dicha marcha, Partal, en su citada editorial titulada ‘De Salses a Barcelona, porque la república del 2017 no fue ningún delirio colectivo’, nos recuerda que:
‘Andan para recordarnos que la república del 2017, por breve y precaria que fuese, existió. Que no fue ni un sueño ni un delirio ni un error. Que no fue un símbolo, sino un acto político mayor. Y que renunciar, para hacer ver que no existió, no es prudencia, sino, en todo caso, una posición política bien consciente y que es preciso remarcar: en contra de aquello que fue.
Creo que desde el día siguiente de la última proclamación de la independencia – no sé si es preciso recordar aquí que los catalanes hemos proclamado una república seis veces desde 1707 hasta hoy – hay en marcha una operación evidente para convertir todo lo que pasó en octubre del 2017 en una especie de alucinación colectiva. A pesar de que la realidad – imposible de discutir – es que aquel octubre no fue ningún delirio.
(…)
Concretamente, 2.044.038 votos a favor y 177.547 en contra. Y hubo una proclamación de la independencia, una proclamación oficial de la República Catalana, con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 votos en blanco. Tan breve o frustrante como queráis, esta declaración, pero real.
(…)
Pero, asimismo, insisto, desde hace tiempo hay en marcha esta maniobra – del españolismo, pero también de según qué independentismo – que quiere forzarnos a pensar que todo aquello, en definitiva, no fue bien, bien, real, que se trató de un gran error, que vale más que hagamos como si no hubiera pasado…
La razón de esta campaña, naturalmente, es que reconocer la materialidad de aquellos hechos obliga a definirse. Y por eso, especialmente para aquellos políticos que han decidido que es mejor no confrontarse con España, es mucho más cómoda la teoría del espejismo colectivo. Decir que estábamos un poco sonados, que aquello fue un gran malentendido, una exageración, un error de cálculo, una teatralización excesiva (…) les ahorra tener que decir si quieren hacer de verdad la independencia o no y si están de acuerdo con lo que se hizo, o no. Y todavía más: haciendo servir estos argumentos nadie se ha de sentir traidor ni cobarde ni incompetente (…)’
(Vicent Partal, Vilaweb, 23/10)
Pues bien, partiendo de esta editorial, que me parece genial, creo que es oportuno comentar que no es ninguna sorpresa que los españolistas efectúen todo tipo de lecturas manipuladas, para implantar e imponer su relato interesado, obviamente. Vimos como nos pegaron por votar, como han aplicado y siguen aplicando su represión impunemente; así que, manipular el relato, para ellos, es un trabajo colateral e infantil, para escribir la historia, ‘su historia amarilla’, como la que nos impusieron de don Pelayo, de los Reyes Católicos, del Cid Campeador, y de la ‘cruzada’ del rebelde dictador y asesino Francisco Franco.
Todo es más de lo mismo, como expresó el rey Salomón (c. 990 a.C. – c. 931 a.C.), al que se le atribuye: ‘¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará. No hay nada nuevo bajo el sol’ (Eclesiastés,1.9).
Por eso, me parece más interesante centrarme en los ‘independentistas’ efervescentemente puntuales hasta el 2017, a los que debemos agradecer su colaboración y participación, pues, sin ellos, no hubiéramos llegado a realizar el referéndum y ganarlo.
Ahora bien, y esto también me parece justo decirlo, la inmediata desmotivación y desmovilización de buena parte de esos ‘independentistas’ transitorios y/o festivos / oportunistas, que al minuto uno de la represión, se reconvirtieron al españolismo cañí, por el temor a la agresividad de todo tipo (policial, judicial, etc.), por la ‘ineficacia’ de nuestros líderes, o, en definitiva, por lo que sea que crean que les justifica más y les permite vivir mejor con su conciencia tranquila. Y este colectivo que, posteriormente, olvidándose del independentismo, votó al españolista PSC/PSOE, pero también ERC, que facilitó la presidencia de la Generalitat, al infumable represor Salvador Illa, todos ellos, nos han hecho más daño moral, que el infligido por el estado español.
El premio Nobel Daniel Kahneman (1934 – 2024) apuntó que ‘el arrepentimiento es una emoción, y también una pena que nos imponemos (…) Nos cuesta admitir errores porque significa renunciar a la seguridad’.
Y para buena parte de esos ‘independentistas’, arrepentirse de los hechos del 2017, puede ser una buena inversión, ya que, normalmente, pensamos más en evitar (en este caso, olvidar) una mala decisión, que en pensar en una de buena. Y, claro, siempre es más cómodo atribuir totalmente los errores del 2017 a nuestros líderes del momento, obviando la irresponsabilidad del estado, y también la nuestra, por la ‘confortable’ irresponsabilidad (al desmotivarnos y desmovilizarnos).
El arrepentimiento, la revisión de los actos efectuados, argumentando que ‘ya hicimos lo que debíamos hacer, y que ahora deberán ser otras generaciones …’, es una claudicación, un rendimiento en toda regla, el rechazo a nuevas experiencias.
El ‘sesgo del arrepentimiento’ nos encorseta para tomar futuras decisiones, por el temor a que vuelvan a salir mal, y eso refuerza la resistencia al cambio, y así, el autoengaño es nuestro mejor refugio.
El mencionado Kahneman dijo que ‘cometer un error es horrible, pero el arrepentimiento es la sensación de cometer un error al cuadrado’, máxime sabiendo que, llegado el momento de la República Catalana, esos colectivos se manifestarán como los más demócratas e independentistas desde el Big-bang, pues siempre prevalece el ‘FOMO’ (fear of missing out), el miedo a perdernos algo. Kahneman y Amos Tversky, en su famosa teoría de las perspectivas, señalaron que ‘detestamos mucho más perder, que el placer que nos da el ganar’.
En definitiva, que el arrepentimiento es una emoción compleja, que nos hace sentir culpables, y, por eso, nos blindamos con todo tipo de corazas, de argumentos defensivos. Y ese arrepentimiento nos lleva a optar por las opciones más conservadoras.
Y no hay peor arrepentimiento que el causado por no haber intentado algo, y, en cuanto hace referencia al tema que nos ocupa, nuestro peor arrepentimiento sería si no intentamos perseverar, e insistir, en el camino iniciado con el referéndum.
Obviamente, arrepentirse de alguna ‘mala’ acción es positivo, y está enmarcado en nuestra cultura judeo-cristiana, pero no es el caso que nos ocupa, ya que votar no era, ni es, una acción inmoral ni falta de ética, más bien justo lo contrario, y por eso, respecto a nuestro deseo de independencia: contra el arrepentimiento, la perseverancia.
Para finalizar este escrito, me parece oportuno reproducir la canción ‘Non, je ne regrette rien’, compuesta por Charles Dumont y Michel Vaucaire, y cantada por Édith Piaf (Édith Giovanna Gassion, 1915 – 1963):
No, no me arrepiento de nada
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Ni de lo bueno que es lo que hago
Ni del mal, todo esto no me importa.
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Está pagado, barrido, olvidado.
No me importa el pasado
Con mis recuerdos
encendí el fuego
mis dolores, mis placeres
Ya no los necesito
Borrados los amores con sus temblores
Borrados para siempre
Estoy empezando desde cero.
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Ni de lo bueno que es lo que hago
Ni del mal, todo esto no me importa.
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Porque mi vida, mis alegrías,
Hoy no, nada de nada
Hoy comienzo contigo