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Ayer, en el programa MésNit, de 3cat, entrevistaron al doctor en biología David Bueno i Torrens, con motivo de la exposición ‘Chez Matisse, el llegat d’una nova pintura’ (CaixaForum), y se explayó en la obra que he citado en el título de este escrito, explicando el interés del autor, de tachar, de pintar en negro, todo lo que se veía desde la ventana, para evidenciar la autocensura del pintor. Y eso me da pie, para este artículo.
En primer lugar, es preciso señalar que yo no conocía esa obra, pero por las explicaciones dadas, me pareció muy sugerente para intentar profundizar mínimamente, y aplicar, metafóricamente, la intención del pintor a la situación actual, salvando todas las distancias posibles.
Henri Émile Benoît Matisse (1869 – 1954) siguió deferentes corrientes, el impresionismo, el puntillismo, el fauvismo, etc., pero, para este escrito, me parece interesante centrarme en la obra mencionada, ‘La ventana francesa de Collioure’, destacando que, con anterioridad, había pintado bastantes cuadros con paisajes diferentes, desde distintas ventanas abiertas, utilizando el marco de las mismas como contraste, como umbral entre la realidad y la visión exterior del pintor. Incluso en su obra de la ventana abierta ‘Salón de otoño’ (1905), pintada tanto desde el exterior de la vivienda, como desde el interior, presenta un mismo paisaje de un jardín colorido, con diferentes plantas; mostrando, de ese modo, a mi modo de ver, el interés en evidenciar la dificultad en separar ambos mundos.
Ahora bien, la obra fauvista titulada ‘Porte-fenétre a Collioure’ y, también conocida como ‘La ventana francesa de Collioure’ o ‘Ventana negra’, está situada en Colliure (o también Cotllioure, localidad de Catalunya Nord, en la que permaneció el pintor una temporada, con su familia en 1905); y es curioso el recuerdo del pintor de esa localidad, y de sus innumerables ventanas que pintó desde su casa, pues la obra que nos ocupa, fue pintada en 1914.
Y, por lo que he leído, muestra todo el espacio exterior totalmente negro para simbolizar la atmósfera de la Primera Guerra Mundial. Y esa negrura está enmarcada con una franja azul a la izquierda, y gris y verde a la derecha (aconsejo al lector que la busque en internet)
Pues bien, me parece que esta pintura puede ser una metáfora que trasciende la geografía y la cronología, por eso, creo que puede ser utilizada como la censura que mucha gente se autoimpone, consciente o inconscientemente, ante los hechos externos que le desagradan, que le incomodan y que no quieren ver. Y unos buenos ejemplos me parece que pueden ser tanto la masiva invasión de las redes y medios sociales, o, también, el tema del ‘procés’ de Catalunya, que muchos ya ven como pasado y superado, e, incluso, ahora, repudian y critican.
Y esa censura la aplicamos en infinidad de ocasiones, como buen mecanismo de defensa, por ejemplo, tomando como buenas las argumentaciones de los diferentes partidos políticos ante el actual decreto sobre la vivienda de alquiler o el propuesto consorcio de inversiones compartido entre el estado y la Generalitat, propuestas que fueron rechazadas por mayoría, siendo Junts uno de los principales votantes en contra de ambos.
Efectivamente, lo más cómodo y nos exige menos esfuerzo y trabajo, es asumir acríticamente, los argumentos del partido al que somos afines ideológicamente y, como contrapartida, ver totalmente negros los contraargumentos de los partidos de la oposición. Y esa actitud nos lleva, como ejemplo simplificador, a descalificar a todo un partido y clasificarlo, automáticamente, en el ‘eje del mal’.
Siguiendo esa lógica (ilógica) vemos que los partidos políticos son los primeros interesados en potenciar los argumentos más controvertidos para ahondar en la diferencia y aumentar la confrontación; así, ayer vimos al desencadenado Gabriel Rufián (ERC) con sus diatribas de barra de bar, chulescas e insultantes contra Junts, incluso mostrándoles un billete de 50 euros, diciendo que esa era su bandera. Y es lógico, pues, cuando no se tienen los conocimientos técnicos – legales – económicos para defender una tesis, lo fácil es buscar el titular simple y facilón para las redes sociales. Y la chirigota fue la crítica por no aceptar el consorcio mencionado, sin atender los argumentos de Junts, que lo consideran un nuevo chiringuito para colocar a amigos y conocidos; pues, como dijo Miriam Nogueras, portavoz de Junts en el congreso de los diputados, lo que se necesita es que el estado cumpla sus compromisos de financiación y de inversiones, y así, queda fuera de lugar un consorcio estado – Generalitat, con mayoría del estado, para gestionar su cumplimiento.
Ese consorcio me parece propio del TBO, pues cuando el estado quiere, por ejemplo, siempre en el caso de la comunidad madrileña, invierte muy por encima de lo presupuestado, sin necesidad de ningún consorcio intermedio. Todo es cuestión de la voluntad política de Pedro Sánchez, que, si tuviera los mínimos de ética y de moralidad requeridos, sería una persona de palabra, sin la necesidad de montar chiringuitos de cara a la galería.
En definitiva, y volviendo, metafóricamente, a la mencionada obra ‘La ventana francesa de Collioure’, estoy convencido de que, además de la capacidad, en nuestras acciones es más disfuncional e invalidante la voluntad, una voluntad que, generalmente, no es libre, pues somos esclavos de las campañas televisivas, redes sociales, etc., y, siguiendo sus consignas, directas o sibilinas, acabamos comprando y consumiendo lo que nos ‘mandan’.
Y así, muchos, anteriormente independentistas, ahora se sienten cansados, como explica la canción ‘Hoy no me puedo levantar’ (de 1982, del grupo Mecano):
Hoy no me puedo levantar
el fin de semana me dejó fatal
toda la noche sin dormir
bebiendo, fumando y sin parar de reir.
Hoy no me puedo levantar
nada me puede hacer andar
no sé qué es lo que voy a hacer
me duelen las piernas, me duelen los brazos,
me duelen los ojos, me duelen las manos.
Hoy no me puedo concentrar
tengo la cabeza para reventar
en la resaca del champán
burbujas que suben y después se van.
Hoy no me levanto, estoy que no ando
hoy me quedo en casa guardando la cama
hay que ir al trabajo, no me da la gana
me duelen las piernas, me duelen los brazos,
me duelen los ojos, me duelen las manos.
Hoy no me puedo levantar
nada me puede hacer andar.
Hoy no me puedo levantar
el fin de semana me dejó fatal
toda la noche sin dormir
bebiendo, fumando y sin parar de reír.
Y si seguimos así, contemplando la negrura, efectivamente nos deprimiremos más y, claro, no avanzaremos, pues el sistema quiere: ‘gente obediente hasta en la cama’, como se expresa en la canción ‘Libertad sin ira’(1976) del grupo Jarcha, que ya reproduje hace unos meses.
Así que todo depende de nosotros, de limitarnos a contemplar un paisaje totalmente negro, o romper esa tela y ver lo que hay detrás, lo que nos esconde.