
Hoy, 14 de febrero, los independentistas catalanes tenemos la mejor ocasión de homenajear el testimonio de Muriel Casals i Couturier (1945-2016), economista, presidenta de Òmnium Cultural y diputada al Parlament de Catalunya, por ‘Junts pel Sí’.
Una mujer que fue y sigue siendo todo un referente político por su honestidad y compromiso con Catalunya, fallecida en un trágico accidente a los 70 años, tras ser atropellada por una bicicleta.
Y hoy se cumplen 5 años de su muerte, por lo que el mejor homenaje que podemos hacer los independentistas catalanes es ir a votar masivamente, para continuar su labor.
Ahora bien, para mi sorpresa, al intentar documentarme más sobre Muriel, me ha sorprendido enormemente que en las diferentes páginas web de Wikipedia, figura su biografía, obviamente, pero en el capítulo de su familia, sólo se cita a su padre, Lluís Casals i García, y a la hermana de Muriel, Montserrat, pero no se cita a su madre; cosa inaudita, que no había visto hasta ahora, en ninguna personalidad de estos últimos siglos. Y lo mismo pasa si se busca a Montserrat.
Asimismo, buscando al padre, a Lluís Casals García (1912-1993), como familia figuran las dos hijas citadas, y el padre de Lluís, al abuelo (Gabriel Casals Pena), pero tampoco se cita a la abuela.
Y buscando al abuelo Gabriel (1870-1956), en el cuadro sinóptico, no se cita a su esposa, sólo figura su hijo Lluís, y dos nietas (Muriel y Montserrat); ahora bien, en el texto, se comenta que se casó con María García y García, que tuvieron 5 hijos: Gabriel, Margarida, Montserrat, Antoni y Lluís.
Intrigado, pues no creo que se trate de una familia con el Espíritu Santo inverso, he seguido buscando, y seguidamente transcribo unas breves referencias.
‘Muriel Casals había nacido en el exilio, en Avinyó (Provença-Francia), el año 1945; era hija de Lluís Casals (abogado e intelectual de Sabadell, que había sido miembro del partido soberanista Acció Catalana) y de Augusta Couturier, maestra de enseñanza primaria de Saint Étienne, Alvèrnia, Francia. Muriel nació y creció en el exilio hasta que el 1964 volvió en solitario a Catalunya, para iniciar sus estudios en la Universidad de Barcelona’
(Marc Pons, Elnacional.cat, 14 de febrero 2021)
‘Durante la guerra de 1936-1939, Lluís Casals combatió con el ejército de la república, y una vez acabada, y después de haber pasado por el campo de concentración de Argelers, se exilió a la ciudad de Avinyó siete años. Cuando los nazis invadieron el estado francés, se alistó a la Resistencia, por lo que el gobierno francés le concedió la Legión de Honor.
En este contexto, conoció a Augusta Couturier, profesora de matemáticas, con la que acabó casándose. El año 1945 nació su primera hija, Muriel, y un año después decidieron hacer una visita rápida a Sabadell (Barcelona) para presentarla a la familia. Cuando estaba en Sabadell, le retiraron el pasaporte, y la familia tuvo que quedarse forzosamente en la ciudad’.
(Vilaweb, 14 de febrero del 2019)
Antes he señalado que Muriel volvió a España sola, para empezar la carrera de ciencias económicas; por lo que la familia, obviamente, debió poder regresar a Avinyó.
En la web sobre la genealogía familiar, se cita que Augusta Couturier, esposa de Lluís Casals García, tuvieron tres hijas: Muriel, Isabel y Montserrat.
Como se ve, aquí aparece otra hermana (Isabel), que Wikipedia no recoge.
En un acto celebrado en Sabadell, lugar de nacimiento del padre, Lluís Casals, el año pasado, para homenajear a Muriel, participó la hermana Isabel:
‘La presidenta de Òmnium en Sabadell, Teresa Mira, ha subrayado diferentes cualidades de Muriel Casals, como el respeto a los otros, la constancia, la capacidad de crear vínculos emocionales y la esperanza que siempre tenía. Según el economista Germà Bel, Casals era una persona prudente ‘porque pensaba en las consecuencias de las cosas’, cultivaba la justicia y ha destacado su ecuanimidad y fortaleza. Tanto el presidente de la Bosch i Cardellach, José María Benaul, como una hermana de Muriel, Isabel Casals, se han centrado a hablar del ámbito familiar.
Muriel Casals nació en 1945 en Avinyó, donde el padre, republicano, estaba exiliado y de donde era su mujer, Augusta Couturier. Isabel Casals ha explicado la naturalidad con que en casa se vivieron los pasos de Muriel, ya que la tradición política venía de familia, desde el abuelo Gabriel Casals, que fue político y abogado’.
(Aleix Pujadas Carreras, Diari de Sabadell, 13 de febrero de 2020)
‘El padre (Lluís Casals García) era un seductor y hablaba mucho y bien’, afirma Isabel Casals, con convencimiento y afecto. ‘La madre era muy guapa y culta, una intelectual. Y tanto su madre como su padre eran románticos’.
En el año 1944, Augusta Couturier y Lluís Casals se casaron, en Avinyó, la ciudad donde él fue a parar con el exilio. ‘Mi madre, entonces, trabajaba como profesora, y el padre no casi no tenía ingresos. ‘Se enamoraron porque el padre la sedujo. Él vivía en una calle muy estrecha y ella, un día que estaba en la ventana, le dijo que tenía una cosa en el ojo, y ya está. El caso es que ella había quedado para ir al cine con un amigo, justo aquel mismo día. Y mi padre fue a la cola del cine y le dijo al señor en cuestión que mi madre no iría. Para no ser valiente, era un hombre muy atrevido’.
El amor les duró, con algunos tropiezos, hasta el final de los días. ‘Mi madre le quería mucho. Recuerdo cómo, antes de irnos a dormir, nos hacía darle un beso a la fotografía de mi padre, que llevaba siempre’. Un amor que queda claro con pequeños gestos como este, o con el ejemplar de la Gramàtica catalana, de Pompeu Fabra, que Augusta se compró en Avinyó, un libro que Isabel aún conserva, con anotación autógrafa incluida. Una pequeña joya como testimonio de un gran amor. ‘Mi madre se preocupó por conservar el libro. Se enamoró locamente hasta que murió’.
Después llegaron las tres hijas. El regreso a Catalunya fue, precisamente, para presentar a Muriel a la familia. ‘Conservo todavía una carta que mi padre envió a Josep Tarradellas, datada del 20 de diciembre de 1945, en la que le decía que iba a Barcelona para presentar a su hija y a Augusta a su familia’. Pero ya no pudo volver a Francia, le requisaron el pasaporte. El año 1952 recibió la Legión de Honor francesa por su participación en la resistencia.
(…)
Isabel también tiene muy presente que sus padres eran diferentes del resto de padres de sus amigas, y así lo vivía con sus dos hermanas. ‘La Muriel era muy buena nena, estudiaba y se portaba bien. A mí siempre me reñían, y en la escuela me decían, ‘de un padre rojo y una mujer francesa, así has salido tú’, pero no se lo decían a Muriel, que venía de allí mismo’
(…)
(Esteve Plantada, El Temps, 13 de mayo del 2019)
‘El matrimonio Casals-Couturier se rompió a finales de los sesenta y durante veinte años, la pareja vivió separada.
En el Sabadell de aquel tiempo, la decisión de Augusta, que no queso hacer la vista gorda, fue considerada como atrevida e improcedente para la gran mayoría de las parejas bien posicionadas, y contribuyó a dar una nueva visibilidad a aquella mujer extraña, que no utilizaba nunca el castellano, pero escribía un catalán exquisito y que hablaba con un marcado acento francés.
Augusta se ocupó con entusiasmo e inteligencia de sus nietos, pero también de participar en la vida cultural de la ciudad o de acoger refugiados chilenos, cuando Pinochet decidió imitar a Franco’
(Octavi Martí, El Temps, 23 de febrero de 2016)
Como se puede ver, no queda nada clara esta historia familiar, hay grandes lagunas y muchos errores, como ya he señalado, pero tampoco sobre el retorno familiar a Francia, después de requisar el pasaporte al padre, entiendo y, supongo que el resto de familia sí que volvió a Avinyó; por eso, lo de los ‘besos a la foto’. Tampoco sé cuándo murió la madre de Muriel.
Creo que, dada la personalidad de Muriel Casals, sería preciso poder disponer de una información biográfica correcta, pero ya sabemos que consciente o inconscientemente, sigue imperando un machismo que deberíamos superar. Estoy convencido que si Muriel hubiese sido un hombre, los datos serían completos y correctos.
Otro ejemplo que acabo de leer, gracias a un amigo que me ha facilitado la reseña: hoy La Vanguardia incluye un artículo titulado: ‘Baldomera Larra o la estafa piramidal ‘más simple que el huevo de Colón’
‘La hija del escritor Mariano José de Larra, inventó el primer fraude piramidal del que se tiene noticia en las calles del viejo Madrid del XIX.
(…)
Baldomera Larra Wetoret (1833-1915), tercera hija del escritor Mariano José de Larra y Josefa Wetoret, fue una famosa prestamista.
(…)
(Finalmente, huyó a París, y la policía la repatrió, fue juzgada y condenada, pero:
La sentencia, dictada el 1 de febrero de 1881, absolvía tanto a Baldomera Larra como a su colaborador Iruega, pues ‘el tribunal supremo, gracias a la iniciativa del abogado defensor de su secretario, Saturnino Iruega, condenado como cómplice de la trama.
El letrado, Felipe Aguilera, argumentó que doña Baldomera no pudo cometer delito alguno porque, al ser casada, carecía del permiso marital y por tanto, de la capacidad legal para contratar. De esta forma, los contrartos de préstamo eran nulos y no podía hablarse de alzamiento de bienes, porque jurídicamente no existían como tales al no estar autorizadas las operaciones por su legítimo esposo.
La sentencia, dictada el 1 de febrero de 1881, absolvía tanto a Baldomera Larra como a su colaborador Iruega. ‘Es indudable que no participa de todos los requisitos que la ley exige para constituir el delito por cuanto al abrir doña Baldomera Larra, sin autorización de su marido, la caja de imposición, ofreciendo a los imponentes, ganancias tan pingües (…), semejantes actos no pudieron constituir obligaciones legítimas’.
(Eduardo Mesa Leiva, La Vanguardia, 14 de febrero de 2021)
Es ‘curioso’ que un negocio popular que ‘revolucionó los mentideros de la Villa y Corte y convirtió a doña Baldomera, casada con Carlos de Montemayor, médico del rey Amadeo de Saboya y, por lo tanto, personalidades muy conocidas, saliera absuelta, que el marido, supongo que debió argumentar que ignoraba la actividad de su mujer, que había fundado la Caja de Imposiciones, establecida en la céntrica plaza de la Paja.
En definitiva, que el tribunal supremo, aún teniendo constancia, según la causa, había 5322 imponentes que depositaron su capital, en total 19.894.053 reales de vellón, una fortuna en la época, según cita el articulista mencionado. Pero, a pesar de todas estas evidencias, el tribunal supremo absolvió a Baldomera, por no tener la licencia marital para trabajar.
Como vemos, se trata de un abuso del poder judicial, obviamente, así como el nulo reconocimiento legal de la Baldomera; abuso que sabemos que el citado tribunal supremo sigue haciendo, condenando a nuestros representantes políticos y sociales, mediante falsedades.
Es preciso señalar que, hasta finales del franquismo, las mujeres casadas debían tener la autorización marital para abrir una cuenta bancaria, examinarse del carnet de conducir, etc.; es decir, estamos hablando de cuatro décadas atrás, solamente.
Una muestra del machismo, citado al comentar las incorrecciones de la biografía de Muriel.
Volviendo al tema de las elecciones catalanas, y como he comentado, el mejor homenaje a Muriel Casals, será que los independentistas catalanes votemos masivamente, y así ir avanzando en la construcción de la futura república catalana, en la que no deberá haber ningún vestigio machista, ni clasista, como el que refleja el siguiente comentario:
Según Isabel Casals, ‘mi padre siempre decía, ‘me llamo Casals como Pau Casals, y García, como la portera’.
(Esteve Plantada, ya citado)