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Las realidades paralelas españolas

A nivel general, en todos los órdenes de la vida, en todos los espacios y ámbitos, de unos mismos hechos factuales (perteneciente a los hechos), hay múltiples ‘realidades’ fácticas (fundamentada en hechos).

La ciencia es todo conocimiento obtenido mediante un procedimiento metódico, sistemático y estructurado, cuya veracidad puede ser comprobada o demostrada a través de la observación empírica o el razonamiento lógico.

Las ciencias formales o exactas se encargan del estudio de entidades abstractas subjetivas. Su objeto de estudio son las ideas. Sus enunciados son relaciones entre signos. Su método, la inferencia inductiva. Ejemplos: matemáticas, lógica, ciencias de la computación.

No se refieren a nada que se encuentre en la realidad. Son racionales, sistemáticos y verificables, pero no son objetivos, no nos dan informaciones acerca de la realidad, no se ocupan de los hechos. Tratan de entes ideales que solo existen en la mente humana y no en la realidad. El tema propio de la ciencia formal es la forma de las ideas.

Las ciencias fácticas o empíricas se encargan del estudio de hechos de la naturaleza objetivos. Su objeto de estudio son hechos materiales. Sus enunciados son relaciones entre sucesos y procesos. Su método la observación y la experimentación. Ejemplos: física, química y biología.

La palabra ‘fáctica’ deriva del latín ‘factum’ que significa: hecho. Las ciencias fácticas se basan en la observación y la experimentación para generar el conocimiento científico. Verifican hipótesis.

Las ciencias humanas es un concepto epistemológico que designa a un extenso grupo de disciplinas, dentro del grupo de las empíricas, cuyo objeto es el ser humano y su comportamiento y sus relaciones, entre las que están, por ejemplo, las ciencias sociales cuyo objeto es la sociedad. Ejemplos: económicas, psicología, humanidades, sociología, políticas, filosofía, etc.

(Wikipedia)

Como vemos, tenemos muchos instrumentos y metodologías a nuestro alcance para poder ‘conocer’ de un modo objetivo determinados hechos; ahora bien, en las ciencias humanas y sociales interviene, obviamente la subjetividad, basada en la ideología, entre otros factores, y de ahí la diversidad de interpretaciones.

Y cuando hay intereses tan contrapuestos como los que tenemos ambos bandos (independentistas y unionistas), la conciliación es imposible,

Un ejemplo claro lo tenemos con el discurso navideño del rey Felipe VI, que ya comenté en un escrito anterior, y que, para mí, como para los medios independentistas, fue decepcionante, mientras que, para los medios unionistas, sistémicos y cortesanos, fue un gran apoyo a la constitución, por ejemplo, El País: ‘El discurso del rey fue la mejor defensa de una institución obligada a mantener la neutralidad ideológica’. Claro, ahora, defender el sistema, no hablando de la putrefacción del ejército y de la cúpula del poder judicial, y citar con indirectas y eufemismos al rey emérito, lo consideran una prueba de su ‘obligada neutralidad ideológica’, pero vieron perfecto que, en su discurso del 3 de octubre del 2017, llamando a combatir el independentismo catalán, se saltará todas las líneas rojas legales, y, a pesar de ello, lo aplaudieron, pues comulgan con su ideología.

Alex Gutiérrez, en su columna titulada ‘Decid una sola palabra y salva será vuestra (real) alma’, señala:

‘Es normal que Felipe VI defienda la constitución, que es el contrafuerte que sustenta la institución de la cuál depende su oneroso modus vivendi y el de su familia. Si, encima, resulta que el texto elimina cualquier opción de fiscalizarlo, ‘oli en un llum’ (aceite en una lámpara). Vender esto como responsabilidad de estado, cuando el interés propio es tan evidente, resulta, cuanto menos, versallesco’.

(Ara, 27 diciembre 2020)

Es importante leer, asimismo, el siguiente comentario:

‘Isabel II, en el mensaje de Navidad, hunde a Felipe como un mediocre’

‘Isabel II lo ha vuelto a hacer. La reina de Inglaterra ha humillado a Felipe VI en el mensaje de Navidad. Con sus 94 años, esta anciana vive más enganchada a la realidad que el rey de España. En el discurso de Navidad de Felipe, el mismo de siempre: caspa audiovisual y palabras vacías. Isabel ha aprovechado el suyo para hacer una maravilla’.

(Marc Villanueva, elnacional.cat, 26 dic. 2020)

Felipe VI: 8 minutos y 30 segundos de ‘YO’ para decir NADA.

Isabel II: 6 minutos (con imágenes intercaladas) y reserva 2 minutos ara un homenaje a los sanitarios (con un coro de ellos, cantando un villancico).

(Patrycia Centeno, twitter)

Desde hace décadas en España ha faltado el diálogo, pero el estado ha preferido aplicar el monólogo, incluso ahora, con la pandemia, siguen igual, ostentan el poder, y cuando les interesa lo delegan para cogobernar, pero dirigiéndolo. Ese es su sistema, que a nadie engaña,

Por eso me parece ilustrativa la siguiente fábula zen:

‘Alojamiento a cambio de diálogo:

Según una antigua tradición de ciertos templos zen japoneses, si un monje que está de paso, y sale airoso de una discusión sobre budismo con uno de los monjes residentes, puede pasar allí la noche. En caso contrario, tiene que irse.

En el norte de Japón había uno de estos templos, dirigidos por dos hermanos. El hermano mayor era muy erudito y el hermano menor era más bien tonto y sólo tenía un ojo.

Cierta tarde un monje llegó a pedir alojamiento. El hermano mayor estaba muy cansado, pues había estado estudiando durante muchas horas, así que le dijo al hermano menor que fuera y se hiciera cargo de la discusión.

‘Pide que el diálogo tenga lugar en silencio’, dijo el hermano mayor.

Poco después el viajero se acercó al hermano mayor, y dijo:

‘Que tipo tan encantador tu hermano. Ha ganado limpiamente la discusión, por lo que tengo que irme. Buenas noches’.

Antes de marchar, dijo el hermano mayor, ‘te ruego que me cuentes cómo fue el diálogo’.

‘Bien, dijo el viajero, en primer lugar, levanté un dedo, para representar a Buda. Entonces tu hermano levantó dos dedos, para representar a Buda y su doctrina. Así que yo levanté tres dedos, para representar a Buda, su doctrina y sus seguidores. Entonces, tu avispado hermano agitó su puño cerrado ante mi cara, para indicar que los tres procedían de un mismo acto de comprensión’. Dicho lo cual, el viajero se marchó.

Poco después llegó el hermano menor, con un aire muy preocupado.

‘Me he enterado de que ganaste la discusión’, dijo el hermano mayor.

‘No gané nada’, dijo el hermano menor. ‘Este viajero es un hombre muy bruto’.

‘¿Sí?, dijo el hermano mayor. ‘Dime el tema de la discusión’.

‘Pues, dijo el hermano menor, en cuanto me vio, levantó un dedo para insultarme indicando que sólo tengo un ojo.

Pero como era forastero, pensé que tenía que ser cortés, por lo que yo levanté dos dedos, felicitándole por tener dos ojos.

Ante lo cual, el miserable grosero levantó tres dedos, como queriendo decir que entre los dos sólo teníamos tres ojos, por lo que me enfadé y le amenacé con darle un puñetazo en la nariz. Así que se fue’.

El hermano mayor se rió. Y comentó: ‘todas las discusiones son fútiles y estúpidas. La discusión es tonta en sí misma, porque nadie puede llegar a la verdad mediante la discusión, mediante el debate. Podrás conseguir alojamiento para una noche, pero nada más’.

(Magyan Darshana, ‘Diez historias zen’, Osho, datelobueno.com)

En el caso que nos ocupa, el discurso del rey es similar al del hermano tonto, con un solo ojo, ya que sólo ve lo que le interesa y hace como que no ve, los temas más relevantes. Y las interpretaciones que hace la prensa sistémica, en este caso, son como las del monje visitante, todo lo ve perfecto, maravilloso.

Y en España estamos en éstas, pues el estado español, en su conjunto, actúa también como el hermano bruto, tonto y de un solo ojo, y los independentistas vamos con el cirio en la mano, interpretando como positivos cualquier gesto, por obtuso que sea, buscándole su lado positivo, por ejemplo, el compromiso de estudiar el indulto de los presos políticos y sociales.

Respecto al discurso mencionado, algunos amigos y conocidos independentistas dicen no haberlo visto ni oído, no les merece la pena.

Yo creo que es un error, no podemos hacer como el avestruz, escondiendo la cabeza bajo el ala o en el agujero (ya comenté que eso no era correcto, pero, a estos efectos, ya vale). Sabemos que el rey es la cabeza de los poderes del estado, no sólo por lo que dice la constitución, sino, por la herencia franquista, que lo dejó todo ‘atado y bien atado’, y el rey quedó como jefe de los ejércitos, y así nos va, todo un estamento que no se ha renovado, y los principales jefes siguen teniendo la ideología preconstitucional, como hemos visto estas últimas semanas.

Debemos ver, oír y seguir todas las estrategias ‘enemigas’, para, cuanto menos, conocer y ponderar, adecuadamente, el terreno pantanoso en el que estamos. Y, en la medida que nos sea posible, discutirlas y criticarlas.

Y, por ejemplo, referente al discurso, si podemos escribir y ‘colocar’ algún comentario clarificador, objetivo, ponderado y verificable en la prensa que nos es amiga, ya que la sistemática nos censurará siempre, pues algo es algo, siempre mejor que no hacer nada.   

En caso contrario, mantenernos en la posición de que nos debe resbalar todo lo que hagan, a mi modo de ver, es como facilitarles el camino para que sigan transitando confortablemente por él. Y eso no es más que banalizar el mal, como postuló Hannah Arendt 1906-1975) en su libro ‘Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la banalidad del mal’ (1963), sobre el que ya me he referido en un par o tres de ocasiones, en escritos precedentes, por lo que no reincidiré, pues creo que es un tema debidamente claro.

Y en esa banalización del mal acabamos cayendo muchos, pues acabamos ‘normalizando’ lo que nunca debería serlo, por ejemplo, la prisión de nuestros representantes políticos y sociales; que ya llevan más tiempo privados de libertad durante los gobiernos de Pedro Sánchez, que en el de Mariano Rajoy.

Si Pedro Sánchez, y sus socios de coalición, no han actuado de forma rápida y ágil, para aplicar la amnistía, o, cuanto menos, aceptar el indulto, ya desde el minuto uno de su mandato, y llevan meses y meses, y todo sigue igual, y así será durante mucho tiempo más, a no ser que Pedro Sánchez necesite, de verdad, los votos independentistas para salir de algún atolladero futuro. Y esa forma de actuar es una muestra de falta de ética, de moral y de responsabilidad. Pues, no hay que olvidar que todos estos años que pasan en la cárcel, son días que nunca, nunca se recuperarán.

Y esa ‘normalización’ de la situación, es visible, claramente, con la presencia del color amarillo, como repulsa de esa sentencia injusta. En los primeros meses, veíamos muchos lazos amarillos, por todas partes, y muchos lo llevábamos colgado, o llevábamos una prenda visible, de ese color. Ahora, el color amarillo es muy minoritario, no llega a ser testimonial, pero poco le falta, ya llegaremos, incluso, a verlo desaparecer. Y esa ‘normalización’ no deja de ser una muestra de la banalización del mal, que ya hemos asumido, por cansancio. Es de pena.

Y con estos mimbres, difícilmente podremos hacer frente y superar, democráticamente, la actual situación, y el rey seguirá campando a sus anchas, y haciendo los discursitos que le convengan, para cubrir el expediente, pues sabe que sus súbditos, sus cortesanos, jamás le discutirán nada, al contrario, aplaudirán todo lo que haga. Y si el precio es que el chivo expiatorio sea Juan Carlos I, ya les vale, lo importante es su monarquía.

Si no despertamos y nos espabilamos, los independentistas lo tendremos muy crudo, pues seguiremos en realidades fácticas diferentes.

Amadeo Palliser Cifuentes

amadeopalliser@gmail.com