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En la mitología griega, Lete, la ninfa (náyade), hermana de Tánatos (la muerte), representaba la pérdida de la memoria, el olvido; mientras que Mnemósine, era la diosa de la memoria. En la actualidad, vemos que el progreso de la extrema derecha y, en concreto, su victoria, también, en Elna (Elne) (Rosselló, Catalunya Nord, actual Francia), donde estaba situada la Maternidad fundada por Elisabeth Eidenbenz, gracias a la cual nacieron más de 600 niños, entre 1939 y el 1944: (400) hijos de republicanas catalanas o españolas, perseguidas por el franquismo, y (200) de judías europeas, perseguidas por el nazismo, esa victoria actual, representa no solo una traición a la historia, sino su olvido. Y sobre esto va el presente escrito.
Haciendo un rápido repaso histórico, es preciso recordar dos hechos relevantes de la villa de Elna (Elne):
1 –
Uno de sus principales hechos históricos, fue el conocido ‘Sitio de Elna’ (del 22 al 25 de mayo del 1285), en uno de los episodios de la cruzada contra la Corona de Aragò, declarada por el papa Martin IV y el rey de Francia, Felipe III, contra Pere el Gran, por su intervención en los negocios de Sicilia. Pere el Gran envió un grupo de 30 caballeros, dirigidos por Ramón d’Urtx, pero, al ver que los pobladores estaban desunidos, decidieron marchar y abandonarlos a su suerte, y a pesar de que se defendieron y lucharon contra los cruzados, finalmente, se refugiaron en la catedral de Santa Eulàlia, donde, gran parte de la población de Elna fue asesinada y quemada dentro de la catedral y, a continuación, los cruzados quemaron la villa.
En la lápida erigida en 1985 (para recordar los hechos de 700 años atrás) en el claustro de la catedral, figura el siguiente texto:
‘Tomaron la villa y mataron a todos los hombres y forzaron a todas las mujeres que había, incluso sobre el propio altar. Los franceses derrocaron todas las casas, casi no quedó una piedra sobre otra, desnudaron las iglesias y las incendiaron, y quemaron toda la villa y después la abandonaron. Marcharon de aquí todos juntos, con gran gozo y alegría’.
2 –
La mencionada profesora y activista suiza, Elisabeth (Bethli) Eidenbenz (1913 – 2011), en 1937 entró como voluntaria en la Asociación de Ayuda Suiza para ayudar a los niños víctimas de la incivil guerra española, trabajó en Burjassot (Valencia), pero, tras la caída de la Segunda República española, fue trasladada a Francia, para ayudar a las mujeres embarazadas de los campos de refugiados de Argelers, Sant Cebrià, etc;, organizando una primera maternidad en Brullà, y, después, una segunda en Elna, bajo la protección de la neutralidad de la Cruz Roja. En esas instituciones, Bethli falseó la identidad de muchas mujeres, al objeto de protegerlas de las leyes francesas del gobierno colaboracionista de Vichy y de la Gestapo, que la llegó a detener e interrogar, durante unos días. Finalizada la guerra, se dedicó, asimismo, a la alfabetización y reinserción de esas mujeres desvalidas. El año 2006, la Generalitat concedió a Elisabeth Eidenbenz, la Creu de Sant Jordi.
Es evidente que las situaciones cambian, y la actualidad, de Elne, que tenía 9511 habitantes en 2023, es muy diferente, y compleja. Pero me parece que es un buen ejemplo de la derrota de la memoria, representada por la diosa griega Mnemósine, en beneficio del olvido, la desmemoria, representada por la diosa Lete (Lethe).
Y no es un ejemplo exclusivo, pues en Catalunya estamos viviendo y sufriendo, el gobierno del represor Salvador Illa, monaguillo de su jefe Pedro Sánchez, que facilitaron la aplicación del 155, para descafeinar nuestras instituciones, destituir a nuestros líderes, y abolir nuestros derechos.
Sobre el particular, me parece interesante reproducir algunos párrafos de Vicent Partal en su editorial del pasado lunes (23/03):
‘(…) Hay lugares que, por la densidad de su pasado, parece que hayan de ser inmunes a ciertas derivas. Espacios donde la memoria -acaso como intuición moral- debería actuar de freno, como una forma discreta de responsabilidad compartida. Elna es uno de estos lugares. Y, precisamente por eso, la noticia que Steve Fortel -un candidato tan radical que incluso la órbita de Le Pen considera excesivo- ocupará la alcaldía causando una incomodidad que sobrepasa la simple lógica electoral. Tiene alguna cosa de ultraje: no solamente político, sino también histórico y emocional.
(…)
Sería muy inocente pensar que alguien es responsable de la historia del lugar donde vive. Tampoco lo son los electores de Elna, que no han votado pensando en Eidenbenz ni en los niños de la Maternidad. Los que han llevado la extrema derecha al ayuntamiento han actuados movidos por la percepción de inseguridad, por la alimentada hostilidad creciente respecto a la inmigración, por este malestar difuso que alimenta el ascenso del autoritarismo -y también, por la división inútil del voto democrático, una manera de regalar el cargo a quien todos dicen querer combatir.
Sería desproporcionado exigirles una coherencia simbólica que raramente se pide en ningún otro contexto. Y, a pesar de todo, los símbolos persisten, independientemente de la voluntad con la que los miremos. Elna es uno, y muy grande. Es especialmente doloroso que, ochenta años después, se convierta en el escenario de una nueva derrota de la democracia. Este episodio tiene una elocuencia difícil de formular: la ciudad estará representada por alguien que se inscribe en la tradición ideológica exacta de la que huían aquellos niños que todavía hoy conmueven nuestra consciencia (…)’
(Vilaweb, 23 de marzo 2026)
Partal es benevolente, al ‘entender’ a la población, a los votantes que han favorecido la victoria de la extrema derecha en Elna. Yo no lo soy en absoluto, como, tampoco, por los catalanes que se abstuvieron o votaron al PSC/PSOE y, condeno, totalmente, que ERC votase a favor de investir al nefasto represor Illa.
No me valen los argumentos ‘pragmáticos’, los principios no deben ni tienen contrapartidas económicas; ya que, aceptarlas, es traicionar la propia ideología.
Si perdemos la memoria, los recuerdos, o los reducimos a meros actos folclóricos o, peor todavía, a meros símbolos con fines turísticos, como puede pasar con la Maternidad de Elna, estaremos destruyendo nuestra historia.
La mencionada diosa Mnemósine, titánica personificación de la memoria, la preservación de la historia, el lenguaje y el conocimiento, ‘era’ hija de Gea y de Urano, fue la madre de las nueve musas, con Zeus: Caliope, Clío, Erato, Euterpe, Malpómene, Polimnia, Terpsícore, Talía y Urania, patronas de las artes y de las ciencias. Los griegos la veneraban, para evitar el olvido, un temor superior a la muerte.
Pero sabemos que, en la situación actual, hipercapitalista y ultraliberal, prevalece el presente, y, así, ha vencido la diosa Lete (Lethe), hija de Eris, la discordia, que personificaba el olvido, que dio nombre a la fuente del olvido (río Lete), en el hades, de la cual bebían los muertos condenados, para olvidar su pasado en la Tierra. No en vano, Lete era hermana de la Muerte y del Sueño.
Tradicionalmente, se consideraba que ‘el hombre es memoria’, pues mantiene nuestra identidad, comprensión y responsabilidad ante el mundo, ya que somos en función de nuestros recuerdos, propios, heredados o estudiados. Así, nuestra memoria conforma nuestro comportamiento. Y esa memoria personal y colectiva, asimismo, conforma, obviamente, a nuestra sociedad.
Pero, como he dicho, en nuestra actualidad, la victoria de Lete, representada por el represor Illa, repitiendo que los catalanes queremos pasar página y olvidar los 10 años pasados, es un verdadero ataque, un torpedo en la línea de flotación de nuestra identidad personal y social.
Y paradójica y cínicamente, encima, nos quejamos de que la juventud desconozca la historia, cuando, familiarmente, nosotros, los adultos, como vemos, somos los mejores discípulos de Lete, sometidos a los villanos ‘maestros’ de esa ninfa maléfica.
En definitiva, que lo tenemos muy negro, pues no me vale considerar que los ciclos históricos tienen ese devenir. En este caso, prefiero confiar que venga un nuevo meteorito que provoque un reinicio de la vida terrestre, confiando que esta vez lo hagan mejor.