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Lo que el viento NO se llevó, y debería haberse llevado

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Con la actual crisis estructural y sistemática, forzada por el reino español contra Catalunya, constatamos, nuevamente, que la dependencia impuesta por dicho reino, no debería tener futuro; ahora bien, metafóricamente, tomando como referencia la película ‘Lo que el viento se llevó’ (‘Gone with the Wind’, dirigida en 1939 por Víctor Fleming, George Cukor y Sam Wood), me parece relevante destacar que mientras entre los catalanes siga predominando la actitud del personaje ‘mammy’ (la esclava negra interpretada por Hattie McDaniel), con su eterna frase sumisa ‘sí, señorita Escarlata’, en lugar de la reivindicativa Scarlett O’Hara (interpretada por Vivien Leigh), no solucionaremos nada.

De esa película se hizo popular el grito de Scarlett:

‘A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!’.

Pero, como he dicho, entre los catalanes (gran parte de los independentistas y la totalidad de los unionistas (dependentistas)), predomina la resignación, propia de la mencionada ‘mammy’, es decir, que han asumido la postura del ‘sí, señor estado’.

Tenemos infinidad de ejemplos de clara discriminación y maltrato a Catalunya, como la histórica infrafinanciación, con sus secuelas negativas, estructurales y sistemáticas, en todos los servicios públicos. Y, como he repetido en estos escritos, esa política represiva viene de 1714, con momentos más duros, como la dictadura franquista, que los 49 años de pseudo democracia, no han borrado, se han limitado a maquillarla, pues ha perdurado la tesis de ‘que surja el efecto sin que se note el cuidado’, la frase del nefasto conde duque de Olivares (Gaspar de Guzmán Pimentel, 1587 – 1645).

Pero, en otras muchas ocasiones, ni se han tomado esa molestia, como, como hemos visto hoy con el tribunal constitucional, rechazando las peticiones de revocar la orden de captura contra el president legítimo, Carles Puigdemont, y los consellers Lluís Puig y Toni Comín. O, con la habitual discriminación en la financiación de nuestros servicios públicos (transporte, educación, sanidad, etc.).

Y ayer tuvimos un nuevo ejemplo de que el franquismo sigue incrustado en el ADN español-castellanizado y, por lo tanto, en la cultura y actitudes de buena parte de los ‘españoles y muy españoles’ (como dijo el deplorable Mariano Rajoy, del PP) y, el principal culpable es, obviamente, Felipe VI, avalador del ‘a por ellos’, los catalanes. Y ese mantenimiento del pensamiento de las ‘dos Españas’, sigue bien vivo, pues ayer, el escritor andaluz David Uclés, autor de ‘La península de las casas vacías’ (editorial Siruela, 2024), anunció que:

‘(…) Para ser honesto y fiel a mis principios, se retiraba de la jornada sobre la guerra civil titulada ‘1936: la guerra que perdimos todos’ (que forma parte del festival Letras en Sevilla y que coordinan el escritor Arturo Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra); y porqué en el cartel, además de escritores, hay dos políticos, José María Aznar (PP) y uno de los fundadores de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, que han vulnerado los derechos fundamentales del hombre y representan los ‘antivalores’ (…) partidos que niegan mi libertad de expresión, mi derecho a existir y defienden unos valores que no comparto y contra los que lucho (…) no me puedo ver en el mismo cartel que estos dos individuos (…) pero esto está por encima de los honorarios, del compromiso con los lectores (…) no puedo ir, no me salen ni las palabras (…) porque la guerra no la perdimos todos, la sufrimos todos, pero la perdieron los republicanos y la ganaron los franquistas (…) y los organizadores han hecho un ‘totum revolutum’ (…) basándose en la tesis de la equidistancia y eso es un intento de revisar la lectura trágica y desigual de la guerra civil española, frivolizándola y estableciendo de avanzada las reglas de juego’.

Los organizadores a ese acto han hecho un comunicado denunciando a Uclés de ‘sectario e ignorante (…) que hay sectores en España que no quieren debates ni razones, sino simplicidades demagógicas, trincheras de odio y desprecio que hacen imposible el diálogo, los acuerdos y la reconciliación, y quieren mantener abiertas las heridas para vivir de ellas’.

Es evidente que el filósofo Miguel de Unamuno Jugo (1864 – 1936) tenía toda la razón del mundo, en su respuesta a José Millán-Astray Terreros (general franquista, 1879 – 1954) que, después del discurso de Unamuno, rector de la universidad de Salamanca, el militar legionario gritó: ‘¡Muera la inteligencia!, ¡viva la muerte!’. Y el mencionado rector respondió: ‘Venceréis, pero no convenceréis’.

Pero, como sabemos, una cosa es tener la razón, y otra es tener la fuerza. Y la fuerza bruta venció, y, como vemos, efectivamente, murió la inteligencia, y sigue bien muerta; vencieron, y seguimos sin estar convencidos, y no sólo los independentistas, pues, afortunadamente, hay ‘rara avis’, personas excepcionales, como el citado escritor, músico, dibujante y traductor (del alemán, inglés y francés) David Uclés Vilchez (n. 1990), es decir ‘un ignorante’ según los organizadores del mencionado acto.

Y si bien es grave que siga dominando el pensamiento del facha legionario, es incomprensible que haya españoles, vasallos (que no ciudadanos) que, por incultura, por comodidad, o por comulgar con sus tesis, callen y asuman ese credo, como muy bien cantó Jarcha en su himno ‘Libertad sin ira’ (que transcribí ayer), al decir: ‘Pero yo solo he visto gente muy obediente, hasta en la cama’.

Es decir, que tenemos una pandemia de ‘mammies‘, y una gran falta de ‘escarlatas’. 

Y es preciso recordar que, más allá de la mencionada película, la realidad también era dura y racista, pues la actriz, cantautora y comediante estadounidense, Hattie McDaniel (1893 – 1952), protagonista de la repetidamente citada ‘mammy’, ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto, por su papel en la película que nos ocupa, siendo la primera afroamericana en ganar un Óscar; pero, dado el racismo, no pudo asistir al estreno de ‘Lo que el viento se llevó’ en Atlanta, ya que el cine en el que se estrenó, era sólo para blancos, y, en la ceremonia de la entrega de los Óscars, se debió sentar en una mesa segregada, a un lado de la sala. Y al morir joven en 1952, por cáncer de mama, su último deseo fue ser enterrada en el cementerio de Hollywood, pero ese deseo le fue denegado, pues era para blancos.

Y ese ejemplo, siguiendo con su uso metafórico, lo vemos en la aplicación por parte del estado español, a todos los catalanes sumisos, los del ‘sí, señor’, pues es sabido que ‘Roma no paga traidores’, frase que proviene de un episodio que tuvo lugar en el siglo II a. C., durante la invasión romana de Hispania. En ese momento, Ditalkon (Ditalco) junto a Audax (Aulaco) y Minuro, miembros del pueblo lusitano, traicionaron a su líder Viriathus (Viriato, 180 a.C. – 139 a.C.), uno de los mayores enemigos de Roma, asesinándolo mientras dormía. Y cuando los traidores regresaron al campamento romano, para cobrar su recompensa, el cónsul romano Quintus Servilius Caepio, los recibió con la frase ‘Roma traditoribus non praemiat’, y mandó ejecutarlos.

Pero si bien es correcta esa decisión, es inmoral haber utilizado y tentado a esos traidores, con engaños de recompensas. Esa es la doble moral de la mayor parte de los estados, y de los poderosos, en general. Y eso deberían tenerlo presente todos los catalanes españolistas, en especial el represor Salvador Illa, pues, como saben o deberían saber, ni los vientos ni las lluvias se han llevado el poso franquista existente.

Por todo ello, y generalizando la popular frase: ‘a mal tiempo, buena cara’ (atribuída a Benjamín Franklin, 1706 – 1790), y entendiendo, metafóricamente, como ‘mal tiempo’, la situación política actual, deberíamos rechazarla, pues eso es una clara sumisión. Al mal tiempo, deberíamos mostrar nuestra peor cara, pero, acompañada de acciones de cabreo tendentes a revertir la situación, ya que las meras declaraciones, tampoco valen para nada.