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Los catalanes también queremos hacer nuestro Grito de Dolores contra los gachupines

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Este fin de semana, los mexicanos residentes en diferentes localidades de Catalunya celebraron su fiesta nacional, para conmemorar el 16 de setiembre de 1810, levantamiento armado contra las autoridades virreinales; pues bien, los independentistas catalanes también necesitamos figuras como el cura Miguel Hidalgo y sus compañeros, que hagan tocar las campanas, para despertarnos y hacer nuestro propio grito contra el enemigo común, los gachupines.

Por eso, si en la madrugada del 16 de setiembre de 1810, el mencionado Miguel Hidalgo y Costilla, en compañía de Ignacio Allende y Juan Aldama, hicieron tocar una de las campanas de la Parroquia del Pueblo de Dolores, hoy Dolores Hidalgo (Guanajuato) para reunir a los feligreses con el fin de que se levantaran en armas contra el gobierno del virrey, y el pueblo contestó al grito de ‘Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines’ (hay diferentes versiones de ese grito, algunas pidiendo la muerte del mal gobierno, otras con vivas a América, etc.), constituyendo el inicio formal de la Guerra de la Independencia mexicana; pues, como he dicho, si en 1810 funcionó ese grito, los catalanes, sometidos a los herederos de esos mismos gachupines (*) y de sus malos gobiernos, deberíamos imitarlos, pero, pacíficamente.

(*) gachupín es un etnofaulismo epónimo derivado de un apellido hidalgo español septentrional: los Cachopines, de Laredo, actual Cantabria, y popularizado en los siglos áureos como estereotipo y personaje literario representante de los hidalgos, una clase social relativamente alta caricaturizada como prepotente. (…) El Diccionario de autoridades (1729) definía cachupín como ‘el español que pasa y mora en Indias, que en el Perú llaman chapetón (…) En el siglo BXVIII, el fraile Servando Teresa de Mier infirió la etimología de ‘gachupín’ como un derivado de cactzopini, palabra náhuatl compuesta de cactli, ‘zapato’ y tzopini, ‘puntiagudo’, para referirse a los españoles que llevaban espuelas (…).

(fuente: Wikipedia)

Es evidente que esos gachupines de entonces, y sus descendientes actuales, siguen manteniendo, en su ADN, el carácter conquistador y depredador, prepotente y abusador, en definitiva, las características de su impronta natural hidalga.  

Por eso, a diferencia con los decididos mexicanos, con sus celebraciones por sus ‘fiestas patrias’ y su exitoso ‘Grito de Dolores’, los catalanes deberíamos tener lo que nos falta, la determinación, para concluir lo que iniciamos con el referéndum del 1 de octubre del 2017.

Tenemos la historia, y toda la parafernalia, así como los elementos simbólicos canónicos, pero nos falta el ‘tercer huevo’, como vulgarmente se dice; pero no hace falta que sea uno tan valioso como los de Fabergé (*), ya que no precisamos huevos imperiales (de líderes), con los de los ciudadanos de base, envalentonados con nuestro ‘Grito de Dolores’ propio, que no es, ni más ni menos, que nuestro himno, ‘Els segadors’, y ya deberíamos tener más que suficiente, ya que nos anima a decir:

‘(…) Ahora es hora, segadores / ahora es hora de estar alertas (para cuando venga otro junio / afilemos bien las herramientas. / Bon golpe de hoz / buen golde pe hoz / defensores de la tierra / buen golpe de hoz (…). 

Pero, claro, cantamos ese himno miles de veces, y de tanto usarlo de forma rutinaria, ha perdido su significado, su razón de ser. Y ya no damos valor ni a lo que decimos, así de vulgar es nuestra consistencia y coherencia. 

(*) ‘El huevo del reloj’ o, también ‘tercer huevo imperial’ es un huevo del taller de Peter Carl Fabergé (conocido, también, como Karl Gustavovich Fabergé, 1846 – 1920) para el zar ruso Alejandro III y presentado a su esposa, María Fiódorovna, en la Pascua ortodoxa de 1887.

(…)

El regalo consistió en un huevo con cáscara de platino que contenía dentro uno más pequeño de oro. Al abrirse este último, se encontraba una gallina de oro en miniatura que tenía sobre su cabeza una réplica de la corona imperial rusa. Este regalo le gustó tanto a la emperatriz, que el zar le ordenó a Fabergé que realizara uno nievo para cada Pascua.

Once fueron en total los huevos que Alejandro III le regaló a su mujer. Luego, su hijo Nicolás II continuó con esa tradición y mandó realizar otros, para su mujer y para su madre.

Esos huevos, siempre tenían en su interior algún obsequio, réplica en miniatura de una de las pertenencias de los zares.

El orfebre y joyero Fabergé realizó 69 huevos de Pascua, entre los años 1885 a 1917, 61 de ellos se conservan. La Revolución rusa acabó con la firma (…)’

(fuente Wikipedia)

En nuestra historia, el famoso ‘Grito de Dolores’ mexicano, lo teníamos en el toque de la coronela (milicia urbana, de las principales ciudades de Catalunya), su famoso ‘Via fora’ medieval; milicia creada por Ramón Berenguer I (1023 – 1076), en sus ‘Usatges de Barcelona’. Grito popular, especialmente, cuando salía con la bandera de Santa Eulàlia contra el ejército Borbón, en 1713-14.

Ese grito de ‘Via fora’, acompañado con un repique de campanas, era un llamamiento a todos los hombres libres, mayores de 16 años y menores de 60.

Más adelante, en Barcelona de 1734, se publicó un opúsculo antiborbónico llamado ‘Via fora els adormits’, llamando a la defensa de las libertades suprimidas en 1714, y que daba soporte a una alianza entre Portugal y Catalunya.

Pues bien, ahora, en este 2025, conociendo la sangrienta represión desde 1714 y, especialmente, durante y después de la incivil guerra del dictador y asesino Franco, y habiendo sufrido la represión desde el 2017, no podemos confiar en la llegada mágica de la solución de nuestro problema. 

Victoria Camps, en una entrevista realizada por Laura Saula, comenta que:

‘(…) sin la base de una democracia, que es una demos, un pueblo cohesionado que tiene un ethos, unos valores comunes, es muy difícil andar juntos y mejorar en global. Cada uno intenta mejorar su propia vida, pero esto no siempre mejora el conjunto (…) es necesario corregir esta idea de libertad y que cada uno tome consciencia de la ética que implica la capacidad y facultad de ser libres, teniendo en cuenta las obligaciones colectivas (…)’. 

(Ara, 22 de setiembre 2025)

Así que los independentistas catalanes debemos saber si realmente somos un demos y si tenemos ese ethos, y si la respuesta es afirmativa, debemos saber si tenemos el ‘tercer huevo’ (metafórico) y, si también confirmamos ese punto, y somos mínimamente coherentes, solo nos quedará gritar: ‘¡VIA FORA!’ (nuestro Grito de Dolores), y salir a las calles, pacífica pero contundentemente. En caso contrario, si nos falta algún ingrediente mencionado, seguiremos dormidos, anestesiados y así, seguiremos teniendo al impresentable represor Illa como president.