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El pasado domingo 31 de agosto, el F. C. Barcelona, tras un mal partido, empató (1 – 1) en el campo del Rayo Vallecano de Madrid, S. A. D. (sociedad anónima deportiva), y el entrenador Hansi Flick, al finalizar el partido, hizo un duro discurso en el vestuario (que después repitió en la sala de prensa). En ese discurso, entre otras cosas, dijo: ‘(…) No estoy contento con el equipo, hemos perdido muchas pelotas, lo hemos de hacer mejor, hemos cometido muchos errores. No quiero egos. Los egos matan el éxito. El año pasado fuimos un equipo y hemos de continuar así’; y me parece que ese mensaje es extrapolable a muchos niveles e intereses, pero me centraré en el movimiento independentista.
Es evidente que, en todo trabajo colectivo, los egos deben supeditarse al grupo. Eso es de sentido común, pero no es fácil de asumir, por parte de las ‘estrellas’; y tampoco lo es por parte de los de segundo nivel, con retribuciones muy inferiores, que ‘confían y esperan’ que las estrellas tiren del carro.
Es comprensible, asimismo, que las ‘estrellas’ no siempre brillen, ni puedan brillar, pues psicológica y físicamente, no siempre se puede estar al 100%, y las circunstancias externas, cambiantes, son determinantes en cada momento; y por eso es necesaria la cohesión del equipo.
Es humano que ciertas ‘estrellas’ acaben sucumbiendo a las expectativas generadas, y a las suyas propias, pues es frecuente que su narcisismo les haga creer que el esfuerzo, el sacrificio, no les es preciso. Y esa tesitura, por comprensible que sea, denota una falta de madurez, de lógica.
Y esa falta de límites, la vemos en muchos niveles, por ejemplo, hoy hemos podido saber, leyendo el Ara, que un directivo (L. F.) de la multinacional Nestlé, ha sido cesado por ‘conducta inapropiada’, por haber infringido el código de conducta de la multinacional, por ‘haber mantenido una relación sentimental secreta con una subordinada’.
(nota: yo trabajé 47 años en esa empresa, y durante unos años tuve a L. F., como director general en España, y, en la distancia, tuve una buena opinión profesional y personal de él)
Y, en cuanto a ese tipo de ‘conductas inapropiadas’, sería preciso profundizar y discutir mucho, ya que hay muchos factores a considerar, pues, salvo que fuera un abuso de poder, de confianza, que, en ese caso, sería totalmente censurable; ese tipo de conducta debería ser considerada, a mi modo de ver, como una relación privada entre adultos. Pero es evidente que en todo colectivo deben respetarse las normas y los límites, y si no se está de acuerdo con ellas, se discuten y combaten, o se dimite. Y en el caso que nos ocupa, sin conocer los detalles, parece que no ha sido el caso.
Pero el ejemplo me parece válido para el tema que nos ocupa, ya que muestra, o puede mostrar, un cierto narcisismo, una sobrepotencia y, por lo tanto, una cierta pérdida de los límites, como pueden tener ciertos deportistas y, evidentemente, muchos líderes políticos.
Esta tarde se realizará la reunión entre Salvador Illa (155) y el president Carles Puigdemont, en Bruselas (mi escrito de ayer iba sobre este tema), y ayer vimos que Oriol Junqueras, presidente de ERC, reaccionó inmediatamente, diciendo ‘que ellos siempre han estado a favor del diálogo, y que les parece bien que se reúnan los que quieran, y ha pedido que los dos dirigentes se pongan a trabajar inmediatamente para conseguir un buen modelo de financiación, que tengan esa prioridad durante la reunión que mantendrán este martes en Bélgica’.
Pues bien, este me parece otro ejemplo de narcisismo desmesurado, ya que a Junqueras le molesta no estar en el candelero, y que sean otros los que ocupen la máxima atención. Y, por eso, reaccionó rápido, para ocupar cierta parcela en los medios de comunicación, y, así, contrarrestar el protagonismo de otros.
Y esa forma de actuar muchos podrán considerar que es oportuna y positiva, pensando en los beneficios partidistas y personales; pero, claro, pensando en el conjunto de los independentistas, no es muy positivo, que digamos. Y, como en los equipos de futbol, si no hay la cohesión precisa, los ‘francotiradores’ no siempre son garantía de aportar las soluciones precisas.
Vemos que todas las opiniones y medios de comunicación son interesados. Así, en el Ara de hoy (2/09) podemos leer el artículo de Josep Burgaya, titulado ‘Illa: una cuestión de estilo’, en el que alaba la personalidad y actuación de Illa, por su falta de confrontación y de estridencias; considerando que son más positivas esas características que la época precedente, caracterizada por el frontismo.
Pero no nos dejemos engañar, esta ‘normalización’ del hombre gris, que tiene, como máximo interés, garantizar toda su legislatura, como base para proseguir con otras, efectivamente, busca el conformismo de sus votantes y de la mayoría de la sociedad desmotivada y desconcertada. Pero claro, vemos que esa nebulosa de Illa, contrasta y es ‘corregida’ por su gobierno, pretendidamente maximalista, pues, en todos los mensajes, en todas las fotos, en todos los platós, aparece con el mensaje ‘el govern de tothom’ (el gobierno de todos). Así, vemos a un hombre gris, que juega ese papel, sabiendo que su gobierno y partido, compensan y ‘mejoran’ el resultado. Pero, su participación no es decisiva, es una pieza más, dependiente de las decisiones de Pedro Sánchez.
Por eso, Illa no puede ser considerado una estrella, ni tampoco un jugador de equipo, es un ‘rara avis’ (*) que, posiblemente triunfará e impondrá su estilo durante varias legislaturas, ya que su estrategia es la de adormecer los problemas nacionales, y matar de aburrimiento a las ovejas independentistas. Pero, claro, sin resolver el problema, los deseos de buena parte de la ciudadanía, ni dejarnos decidir.
(*) expresión de Decimus Iunius Iuvenalis (Juvenal, 55 – 127), poeta satírico romano, que escribió la frase: ‘rara avis in terris nigroque simillima cygno’ (un ave rara en la tierra, como un cisne negro), para referirse a las esposas perfectas.
Obviamente, ser un personaje gris favorece la conducta y la actividad quintacolumnista del estado español. Y ese es su objetivo principal.
Por eso, me recuerda la canción ‘Un dia gris a Madrís’ (1971) de Quico (Francesc) Pi de la Serra i Valero:
‘Un hombre gris, malcarado, bastante triste
llegó no diré de dónde,
tanto da, todo es mundo.
Aquel era un día gris, bastante triste,
no lo recuerdo exactamente,
tanto da, hacía viento.
Yo llevaba un batín gris, bastante triste,
no sé si lo llevaba abrochado,
tanto da, lo he olvidado.
Me dio un papel gris, bastante triste,
pero como no sé leer,
‘tanto da’, le dije.
Me miró con un ojo triste, bastante gris,
y no se lo creyó,
tanto da, vaya fracaso.
Aquel era un día gris, bastante triste
y yo me encontraba en Madrís,
tanto da, no es París.
Me pidió el papel gris, bastante triste,
media vuelta y marchó,
tanto da, se fue,
se fue.
Se fue
en un día poco claro,
no sé si volverá.
Pues bien, el gris quintacolumnista Illa, llegado a la presidencia de la Generalitat sin ser una estrella, ni tener un ego espectacular, podrá vencer, pues tiene detrás la fuerza bruta del estado, pero no convencerá, ya que convencer significa persuadir (rememorando la famosa frase de Miguel de Unamuno a Millán Astray, en la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936)
No me merece ninguna consideración un personaje (Illa) que ‘olvida’ que llegó al máximo cargo de la Generalitat, por la represión que avaló (y el oscuro pacto con ERC), y que tiene a Carles Puigdemont, el president legítimo en el exilio, y a los principales líderes independentistas inhabilitados judicialmente (Oriol Junqueras, Jordi Turull, etc.), y que, por lo tanto, quiere creerse y se cree que ganó por voluntad de la ciudadanía, cuando, efectivamente, ganó legítimamente las elecciones, pero, unas elecciones manipuladas judicialmente, y, por lo tanto, carentes de toda ética.
En definitiva, y después de tantos rodeos, y volviendo al tema, estoy convencido de que, por desgracia, en el mundo independentista (como en todos) nos sobran ‘egos’ presuntamente estelares, y nos falta el trabajo en equipo; incluso en nuestro minúsculo colectivo de Meridiana Resisteix reproducimos esos errores.
Y sería bueno asumir ese diagnóstico, para tomar las medidas correctoras precisas y necesarias, si realmente queremos conseguir la deseada República Catalana.