Buscar

Los normópatas Pedro Sánchez y Salvador Illa

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Ayer (28/05) tuvimos evidentes muestras de servilismo al nacionalismo español, por parte de Pedro Sánchez y su monaguillo Salvador Illa; y si callamos, asumimos nuestra sumisión y vasallaje, como explico en este escrito.

Los ejemplos en cuestión fueron muy variados:

Con relación al pretendido reconocimiento oficial del catalán, euskera y gallego, en las instituciones europeas, a pesar de todo el teatro escénico del ministro de exteriores José María Albares, magnificando la situación, a sabiendas de que no llegaría a buen fin (prueba de ello fue que ni siquiera se desplazó para asistir a la reunión decisoria de la UE, como apunté en mi escrito de ayer); pues ayer se supo que el gobierno español se reactivó tarde y mal, ya que desde el 2023 tuvo olvidada esa ‘carpeta’ en el cajón de los olvidos, y hace apenas un mes que la volvió a sacar, para efectuar el gesto de volver a defenderla, pero, sin emplearse a fondo, dado que no se conoce ninguna actuación del propio Pedro Sánchez, como debiera, ya que fue un pacto acordado para iniciar la actual legislatura.

Pero es igual, es evidente que el tahúr Sánchez ha vuelto a tejer su tela de araña, y ha inutilizado a todos, empezando por Carles Puigdemont, que cayó en la trampa, acusando, exclusivamente al PP; y esa respuesta de JuntsxCat, es una muestra más de su procrastinación (diferir, aplazar), ya que siempre retrasan la ruptura, con excusas y/o argumentos variopintos, sin darse cuenta de que están presos, bien enganchados, por las distintas sustancias de la maldita red de la araña españolista. Pero, los propios arácnidos no quedan enganchados, por tener en sus patas unos pelillos y un revestimiento químico aceitoso deslizante, que genera su propio organismo; por eso, Pedro Sánchez se mueve a sus anchas por la tela en cuestión, y se aprovecha del tsunami anti PP, obviando sus propias trampas circulares: costoso pacto, escenificación del mismo, olvido, dilación, nueva teatralización, y así, ir pasando los años incumpliendo.  

Respecto al PP, no hace falta decir nada, pues actúa como el escorpión en la fábula del ‘escorpión y la rana’, de Esopo (s. VII a.C.), que, al llegar a la mitad del río y a pesar del acuerdo adoptado, pica a la rana, diciéndole: ‘lo siento, no he podido evitarlo, no puedo evitar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme’, pues es evidente que, como cuenta la moraleja de esa fábula: las personas malvadas no pueden resistirse a herir a otros, incluso cuando les conviene, y por lo tanto, nunca se debe confiar en ellas’.

Y si bien todas esas actuaciones del estado español, en su conjunto, son vergonzosas, no lo son menos las correspondientes a los políticos teóricamente independentistas y a medios de comunicación catalanes, pues muestran sus peajes al poder español; y un claro ejemplo lo es la consideración del catalán euskera y gallego, como lenguas cooficiales. Una muestra la tenemos en el Ara de hoy, en el artículo de Roger Palós, titulado: ‘Malestar en el PP por su papel con las lenguas cooficiales en la UE’.

Y eso, además de ser un grave error, pues su constitución, en su artículo 3 dice:

3.1: El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

3.2: Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

es evidente el maltrato, la diferenciación de ‘las demás lenguas españolas’, pues, no citarlas es un gran desprecio; pero no dictar ‘el deber de conocerlas y el derecho a usarlas’, es una clara muestra colonizadora. Pero, a lo que iba, en ningún lugar de su constitución se consideran al catalán, euskera y gallego como lenguas cooficiales. Son tan oficiales como el castellano. Y, por eso, me parece una clara muestra de sumisión, denominarlas ‘cooficiales’, es decir, como de segunda categoría respecto a la oficial. Y ese grave error lo muestran muchos periodistas, tertulianos, etc., que siguen el imaginario español, que diferencia entre el centro y la periferia, retrotrayéndonos a épocas imperiales en los que las periferias eran las zonas fronterizas contaminadas por el contacto con los bárbaros extranjeros. 

Para finalizar con el tema del reconocimiento, me parece interesante destacar el nulo interés aparente de los políticos y medios vascos y gallegos, mostrándose, así, como ‘españoles ejemplares’.

Los siguientes ejemplos, los vemos en Salvador Illa, en su visita a Japón; una visita oficial, de una semana, acompañado de toda su corte ‘celestial’, entre ellos, diferentes periodistas afines de la televisión y radio públicos, para eso no faltan recursos. Vaya diferencia, cuando estaba en la oposición, y criticaba ese tipo de actuaciones exteriores como publicidad, como mal uso de los recursos, pues, para ellos, todo lo que se hacía era una diplomacia indebida y no correspondiente.

Pero, centrándome en las muestras de desnacionalización catalana, en esa visita vemos que el cartel oficial de la ‘Semana Catalana en la Exposición Universal de Osaka’, tiene el gran titular ‘Cataluña’ (en castellano), bajo el signo de unas gigantescas tildes de la Ñ, pues, como sabemos, esa Ñ es uno de los signos diferenciadores que utiliza la propia España, junto a la ‘roja’. El equipo de Illa contestó que esos titulares los realizó el gobierno español, en los espacios que tiene destinados para las siete comunidades autonómicas que participan por turnos.

No valen excusas, eso es una clara muestra de descatalanización, como lo es que el gobierno de Salvador Illa haya tomado como elementos diferenciadores de nuestro país el pan con tomate y la rumba catalana, con el grupo ‘Muchacho & Los Sobrinos’, que recibieron a Salvador Illa cantando ‘Gitana hechicera’, de Peret (Pere Pubill Calaf, 1935 – 2014). Ambos elementos, el ‘pan con tomate’ y la ‘rumba catalana’, son aspectos importantes de la cultura catalana, pero me parece claro que, centrarse en ellos como elementos diferenciadores y característicos de nuestro país, es una forma de folclorización de nuestra cultura, pues ¿qué puñetas tiene que ver la ‘gitana hechicera’ como elemento diferencial y específico de Catalunya?

Un segundo ejemplo de descatalanización, también del nacionalista español Salvador Illa, lo mostró ayer, en una rueda de prensa, en Japón, a preguntas sobre el descalabro del reconocimiento del catalán en la UE, pues dijo: ‘la lengua catalana, por ella misma, no es válida en Europa, si no porque con forma la identidad española’. Este aspecto lo comenta perfectamente Salvador Cardús, en su artículo ‘Somos una periferia’ (Ara de hoy, 29), que concluye diciendo que estamos a un paso de ser ‘una peculiaridad regional’. En ese mismo artículo, Cardús recuerda que en una conferencia en Navarra, para hacerse perdonar el pecado soberanista de gobiernos anteriores, señaló que su proyecto político es de concordia y reconciliación, y añadió que Navarra y Catalunya son un claro ejemplo de la España periférica, pero los matices siempre son importantes, y hoy Catalunya es garantía de lealtad y de cooperación institucional (…) si ampliamos un poco el foco, el radio, hoy España es plural, algunos hablan de la España periférica, incluida Navarra, y esa España garantiza la estabilidad, la prosperidad y la solidaridad delante los que tienen un concepto, a mi parecer, erróneo, de una España hipercentralista’.   

Esa mentalidad españolísima de Salvador Illa, olvidando nuestra historia, la historia milenaria de nuestra lengua y los millones de parlantes (comparativamente con otras lenguas oficiales en Europa, pero, claro, tienen. un estado), no dejan de ser vueltas a su rueda de molino, hasta que pasemos a ser pura harina.

El tercer y último ejemplo, pues creo que son suficientes, lo tenemos con la respuesta del represor Salvador Illa, respecto a la sentencia relacionada con el traslado de los frescos de Sixena instalados en el MNAC (Museo Nacional de Arte de Catalunya) contestando ayer que ‘hay una sentencia y las sentencias se han de cumplir y este es el posicionamiento del gobierno, siempre he expresado mi respeto por las sentencias, también cuando se trata de preservar las pintura del monasterio de Vilanova de Sixena (…) algunos técnicos alertan que el traslado podría provocar un mal irreparable a las pinturas, y que esto obligaría a abordar un debate científico, pero, delante de una decisión judicial final, no hay más margen (…) En cualquier caso, el que ha de mover las piezas no es el gobierno, si no el MNAC (…) hay una sentencia y nosotros miramos hacia adelante (…) el ejecutivo está preocupado por la seguridad de las pinturas afectadas por la decisión judicial, hay técnicos que alertan que las pinturas estarían en riesgo pero hay otros que dicen que no, ese es un debate que corresponde a los expertos. Mi gobierno no tiene la voluntad de obstruir la aplicación, la ejecución de la sentencia. Sí de garantizar que no se dañen’.

Y no deja de ser vergonzante, excusarse pasando la pelota al MNAC, cuando se trata de un consorcio cuyo patronato esta formado por la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y la administración central, es decir, el ministro de cultural, además de entidades privadas que colaboran con el museo. Pero, claro, el ministro de cultura Ernest Urtasun (de los Comunes) y el alcalde Jaume Collboni (del mismo PCS/PSOE que Illa), no se comprometerán en la defensa de la actual localización de esas obras, pues Pedro Sánchez fue y sigue siendo avalador del 155, y esta sentencia, es una secuela de esa ilegítima y antidemocrática actuación.

Volviendo a estas declaraciones de Illa, me parece que son, también, una clara muestra de actuar como brazo ejecutivo del reino español, ‘olvidando’ que las obras de Sixena fueron adquiridas, tras ser incendiado el monasterio por unos anarquistas en la guerra incivil de 1936 – 1939; y sus restos se salvaron gracias a Josep Gudiol i Ricart (1904 – 1985), y posterior mantenimiento y conservación en el MNAC. Y olvidando, asimismo, que la división del obispado de Lleida, para configurar la diócesis de Barbastro – Monzón, diseñada ya por el dictador y asesino Franco, y secundada por la mezquina iglesia católica española, es la que comportó todo este dislate. Y, olvidando, también, que el problema se recrudeció por nuestro referéndum de independencia del 2017, y, claro, los maños, españolistas de pro, denunciaron el ‘expolio’ y los jueces españoles, ya sabemos cómo aplican su injusticia, si se trata de castigar a los catalanes. Nada nuevo bajo el sol. Y una buena muestra la tenemos con el gobierno aragonés, que reclama las obras de Sixena en Catalunya, pero no las que están en el museo del Prado, claro, pues son su mismo estado, claro, claro.

Y ese mismo museo del Prado, no cede obras emblemáticas, como el Guernica (de Pablo Ruiz Picasso, o la Dama de Elche (efigie ibérica del s. V a.C.), de clarísima expoliación, por considerar que Madrid debe contener esas obras, por ser el centro del poder.

Con estos ejemplos ya es más que suficiente, para mostrar que Pedro Sánchez y Salvador Illa actúan como simples normópatas. El poeta Irwin Allen Guinsberg (1926 – 1997) definió al normópata como ‘aquel que acepta pasivamente por principio todo lo que su cultura le señala como bueno, justo y correcto, no animándose a cuestionar nada y muchas veces ni siquiera a pensar algo diferente, pero, eso sí, a juzgar críticamente a quienes lo hacen e incluso condenarlos o a aceptar que los condenen’.

La normopatía es el impulso obsesivo que sienten algunas personas por ajustarse a las normas y conseguir con ello una validación y aprobación social permanentes’.

‘La normopatía es un fenómeno psicológico que se refiere al deseo intenso de una persona de ser como los demás, adaptándose a normas, comportamientos y expectativas sociales, incluso a costa de negar su verdadera identidad (…) los principales síntomas son el miedo a destacar, la búsqueda de la aceptación, la autocensura y conformismo. (…) y sus causas son la presión social, la educación y crianza, los medios de comunicación. Y sus consecuencias son: pérdida de identidad, dificultades en las relaciones interpersonales, limitaciones en el desarrollo personal (…)’ 

(Marta Álvarez, https://share.google/emZg8upnBHoFFydoX)

Soren Kierkegaard (1813 – 1855) se planteó lo que es el ‘yo’, señalando que el hombre puede desesperar -cuando el hombre no quiere ser sí mismo – y la autorrelación se rompe, por su propia debilidad; pero también puede desesperarse -cuando el hombre sí quiere ser sí mismo -, y eso es un desafío.

En definitiva, que nos encontramos con unos políticos dirigidos por Pedro Sánchez y Salvador Illa, que son perfectos enfermos de la normopatía española – castellana – franquista, pues ese es su marco mental; y esa es su debilidad, como refleja el lema de Illa: ‘nosotros miramos hacia adelante’. 

Claro, no quieren respetar nuestra historia, ni los millones de independentistas que votamos el 2017. Por eso, a los independentistas sólo nos queda el desafío de sí querer ser nosotros mismos, ese desafío es nuestra fortaleza.