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Notas previas:
1 – en memoria de MJM, joven compañera de mi época laboral, fallecida ayer por el cáncer.
2 – y en memoria de los fallecidos, asesinados, en la R. F. de México, esperando que esta crisis sea la definitiva, y se puedan depurar todas las responsabilidades, para, finalmente, alejarse de todos los ejes del mal, y poder vivir en paz.
3 – hoy he recibido un email de RCP, refiriéndose a un escrito mío, publicado en este medio, el 23 de febrero del 2021, y explicándome diferentes vivencias personales basadas en sus relaciones, directas e indirectas con el teniente general Ángel Campano López (1915 – 1995), ampliándome información respecto el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Información que debo intentar verificar. Pero, me parece cuanto menos curioso, que alguien se acuerde de un escrito mío de hace 5 años, y lo tenga presente al tratar, ahora, dicho golpe.
Todos sabemos que el honesto ejercicio de la política debería tener presente, en todo momento, su verdadero objetivo y sentido último, es decir, el servicio a la ciudadanía, que debería ser siempre prioritario.
Pero nuestra experiencia nos demuestra que la realidad cotidiana de la politiquería, es una gran parodia, una imitación burlesca, en definitiva, una caricatura de lo que debería ser; y en esa farsa tragicómica, utiliza sus mejores artes para engañar, manipular, chantajear, etc., a sus oponentes, ya que, en definitiva, se trata de una lucha por y para el poder en todos sus ámbitos y esferas; y, olvidando las necesidades de la ciudadanía.
Así, el falso y teatral pulso entre Salvador Illa (PSC/PSOE) y Oriol Junqueras (ERC) que están representando estos días, me parece un claro ejemplo de la perversión a la que están llevando lo que debería ser el noble arte de la política. Y, entre las múltiples consecuencias de esa mala gestión, la más evidente, es la proliferación de la antipolítica, la corriente de pensamiento provocada por la desconfianza y el rechazo de la política tradicional.
Es preciso señalar, asimismo, que la actual actuación de los mencionados ‘personajes’ no es una novedad, pues carecen hasta de la originalidad, por lo que no dejan de ser malas copias; malas copias que abundan y han abundado a lo largo de la historia mundial; y, claro, ese proceder favorece la conclusión de que ‘todos los políticos son iguales’.
Centrándome en el actual ejemplo, es preciso recordar que uno de los ejes del acuerdo de investidura, firmado por ERC y el PSC/PSOE, para investir al represor Illa, fue el traspaso integral de la recaudación y gestión del IRPF (impuesto de las rentas de las personas físicas).
Pero el sainete nos demuestra que tanto Illa como Junqueras buscan apoderarse del relato, al que confieren más importancia y notoriedad mediática, que al contenido efectivo, de cada uno de los pasos de la negociación, ya que, evidentemente, fue una imprudencia de Illa (y, también de Junqueras), firmar una condición que no depende exclusivamente de Illa, sino de la voluntad política de su jefe, Pedro Sánchez.
Y éste, supeditado a la próxima campaña electoral en la comunidad andaluza (junio), no quiere que su candidata de mayor peso político, María Jesús Montero, que, a su vez, es ministra de hacienda y vicepresidenta primera del gobierno, y vicesecretaria general del PSOE, participe en la futura campaña electoral, con el peso del plomo en sus alas, es decir, haber ‘cedido’ (como dicen ellos) a esa pretensión catalana.
Y en ese penoso juego, vimos que el viernes pasado, Oriol Junqueras se reunió en secreto con Pedro Sánchez, en la Moncloa, y salió confirmando que Pedro Sánchez no acepta ni aceptará el traspaso del IRPF. Y, por ello, Junqueras dijo a los medios de comunicación, que ‘ahora la pelota está en el tejado de Illa, por lo que debe ser este, el que trabaje y se esfuerce para convencer a Sánchez, pues ambos son del mismo partido político’.
Junqueras, pensó que, así, traspasaba la presión a su contrincante Illa, pues el mencionado traspaso es la condición sine qua non, para aprobarle los presupuestos generales.
Y, casi de forma automática, Illa respondió ayer, que ‘su gobierno antepone, por encima de todo a Catalunya y a los catalanes, por lo que esta semana aprobará los presupuestos generales, ‘confiando’ que ERC se verá obligado a aprobarlos en el Parlament, si no quiere quedar mal ante la ciudadanía’. Y, de ese modo, traspasaba la presión, nuevamente a ERC.
Junqueras, como muestra de su política personalista, ha contestado diciendo: ‘si hemos soportado 4 años de prisión, ¿no vamos a poder soportar 4 semanas de presión?’; es decir, todo es un ejercicio infantil e infantilizante, del ‘y tú más’, amenazando, así, con una impugnación a la totalidad y ofrecerse a ir aprobando sucesivas y puntuales ampliaciones de crédito.
Illa, para esta jugada, se ha aprovechado de las posibilidades que facilita el poder, y así, ha convencido a las organizaciones empresariales y sindicales, para que le den soporte, como así ha sido. Por parte de los empresarios, ninguna sorpresa, pues están alineados totalmente; y tampoco por parte de los sindicatos, que hace décadas y décadas, que perdieron su razón de ser, y están dominados por viejas andróminas, carentes de la más mínima calidad y cualidad.
Es decir, como ya he señalado, lo que interesa a esos partidos, es ganar el relato puntual; y, así, ir pasando las semanas y meses, sin efectos.
Y, asimismo, es preciso recordar que toda esta discusión es por unos presupuestos, que, como sabemos, no son una garantía de nada, ya que su ejecución, generalmente, dista mucho de lo previsto, en especial, en cuanto hace referencia a los posibles puntos críticos impuestos en el último momento, como fruto de la presión.
Por todo ello, me parece apropiado reproducir algunas fábulas sobre los gallos, ya que cada una tiene moralejas interesantes:
‘El gallo del rey
Un rey deseaba tener un gallo de combate fuerte, ya había encargado a un súbdito que enseñara a uno. Al principio, éste enseñó al gallo la técnica del combate.
Al cabo de diez días, el rey le preguntó: ¿podemos organizar una lucha con este gallo?
¡No, no! Es fuerte, pera esa fuerza está vacía, está excitado y su vigor es efímero, respondió el instructor.
Díez días después, el rey volvió a preguntar: ¿podemos ahora organizar el combate?
¡No, no!, todavía no; todavía es apasionado, siempre está deseoso de combatir, cuando escucha la voz de otro gallo, aunque sea de una aldea vecina, se irrita.
Al cabo de otros diez días de entrenamiento, el rey volvió a preguntar: ¿y ahora?
El instructor respondió: ahora ya no se apasiona, si oye o ve otro gallo permanece en calma. Su postura es correcta y está fuerte. Ya no monta en cólera. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.
Entonces, dijo el rey: ¿está dispuesto para combatir?
Quizás, respondió el súbdito.
Trajeron numerosos gallos de combate y organizaron un torneo. Pero los gallos de combate no podían acercarse a aquel gallo, huían espantados. No hubo necesidad de combatir. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de madera. Había sobrepasado el entrenamiento de lucha. Tenía en su interior una energía que no se exteriorizaba. La fuerza se encontraba en él, y por eso, los otros gallos no podían más que inclinarse ante su seguridad y su verdadera fuerza oculta’.
(https://share.google/RadPpMmefX8u41NGB)
Siguiendo con este cuento, es evidente que Salvador Illa, como gallo protegido por el rey Felipe y por Sánchez, así como por todos los poderes ‘instructores’, espera ir ganando fuerza, y, finalmente, vencer a todos los otros gallos, empezando por Junqueras.
La siguiente fábula, ésta de Jean de La Fontaine (1621 – 1695), también me parece pedagógica:
‘Los dos gallos:
En un gallinero vivían dos gallos, que nunca tuvieron un conflicto, compartían el lugar en paz y armonía. Un cierto el granjero trajo al corral una gallina hermosa y altanera, de la cual se enamoraron los dos gallos a primera vista. Así que pasaron de ser amigos, a ser rivales, a competir por el amor de la bella gallina.
Decidieron enfrentarse en combate, y el vencedor se haría acreedor del amor de la dama. Pelearon largo rato, hasta que el más fuerte, se fue del brazo de la gallina, y el otro se retiró a los fondos del corral a llorar su pena.
El vencedor, se subió al tejado para hacer alarde de su triunfo y comenzó a gritar para que los vecinos se enteraran de ello. Con tan mala suerte que un buitre lo escuchó, y sin dudarlo, se abalanzó sobre él, terminando con su vida y su soberbia’.
(Guíainfantil.com)
De esta fábula se pueden extraer diversas moralejas, pero en este escrito me parece de más interés centrarme en la asimilación, metafórica, del buitre con Vox, el verdadero vencedor, como he citado al señalar el efecto de la antipolítica.
Pero el cuento que me ha parecido más apropiado, por su mayor profundidad y amplitud, es uno escrito por el periodista español Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo (Rafael Barrett, 1866 – 1910)
‘Gallinas:
Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.
La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé al otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedía a pedradas el intruso, pero las gallinas saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció.
Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y, cegado por la rabia, maté a uno.
El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revolver’.
(https://share.google/iSOhF0cCxczJRDIYf)
Me parece que, de las múltiples enseñanzas de este cuento, la principal es la conveniencia de superar la negativa desconfianza y de sus consecuencias competitivas; y esa desconfianza predomina en todos los niveles, entre los diferentes partidos políticos y, también, entre la ciudadanía y sus teóricos ‘representantes’.
Y ERC, distraído en esa guerrilla contra Illa, aún sabiendo que éste tiene todas las de ganar (culpa de la cortedad de miras de Junqueras, que le invistió president de la Generalitat), hace años que se olvidó que el estado, con todos sus tentáculos, sigue siendo representado por el ‘Gallo Negro’ (más grande y traicionero), que cité en mi escrito de ayer, refiriéndome a la canción ‘Gallo Rojo, Gallo Negro’, de Chicho Sánchez Ferlosio (1940 – 2003), y que todos los realmente independentistas, metafóricamente, podemos estar representados por el ‘Gallo Rojo’ (más pequeño e intrépido). Y que, en definitiva, hasta que ERC no se dé cuenta de qué gallo es nuestro enemigo, no tendremos nada que hacer.