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‘Licht, mehr Licht’ (Luz, más Luz), esas fueron las últimas palabras del poeta Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832) en su lecho de muerte, según el testimonio del doctor Carl Vogel, médico personal y amigo del poeta. Sobre estas palabras se han efectuado diversas interpretaciones, desde la más superficial y prosaica, hasta la más profunda y metafórica.
Goethe, autor, entre otras obras de: ‘Prometeo’, ‘Fausto’ y ‘Las tribulaciones del joven Werther’ (estas tres obras, de 1774); en 1808 publicó la ‘Teoría de los colores’, en la que planteó una visión menos matematizada de la naturaleza, como proponía Isaac Newton (1642 – 1727) e implantada por el cartesianismo, pues el poeta incorporó el pensamiento filosófico y romántico.
Todos sabemos que la luz, contrapuesta a la sombra, crea espacio, profundidad, relieves; asimismo, la luz y la sombra tienen un importante simbolismo en todas las religiones y filosofías. Y, pictóricamente, así como fotográficamente, la luz dirige la mirada hacia el centro de atención.
Por eso, aterrizando el tema, los independentistas catalanes queremos y necesitamos más luz y taquígrafos, es decir, transparencia y publicidad (pues la escritura taquígrafa ya es historia).
No podemos, ni aceptamos, seguir en tinieblas y claroscuros y, menos, en las sombras, como constatamos cada día, oyendo a los distintos portavoces de los partidos políticos.
Hoy, por ejemplo, tras la primera reunión para la investidura, entre Alberto Núñez Feijóo (PP) y Pedro Sánchez (PSOE), que apenas ha durado 52’, hemos visto el discurso posterior de Feijóo, explicando su propuesta de una legislatura de dos años, presidida por él, claro, así como seis pactos de estado para frenar, definitivamente, a los independentistas.
Por parte del PSOE, ha aparecido la ministra de educación en funciones, María del Pilar Alegría Continente, que, haciendo honor a su segundo apellido, ha efectuado un planteamiento infantil y descalificador pétreo, de Feijóo. Alegría ha repetido hasta la saciedad, que la sociedad española, en las elecciones municipales de mayo y en las generales de julio, reafirmó las tesis progresistas de Sánchez, frente a las retrógradas del PP/Vox. Y, como ejemplo, ha señalado que su política de convivencia, diálogo y reencuentro, ha sido avalada también, de forma mayoritaria, por los votantes catalanes. Y aquí recuerdo, nuevamente, a los votantes ‘independentistas’ que, para ‘castigar’ a los partidos ‘independentistas’ (especialmente, ERC), votaron al PSC/PSOE; vaya error histórico, como vemos, veremos y sufriremos.
Asimismo, Alegría, al ser preguntada sobre la posible amnistía que pide Junts, se ha reafirmado que el PSOE siempre se ha mantenido dentro de la constitución, y que, respecto al ‘prófugo’ Carles Puigdemont, siempre ha estado y estará al lado de la justicia; y ha repetido que Puigdemont y sus compañeros se fugaron bajo la presidencia del PP de Mariano Rajoy (olvidando que el PSOE de Pedro Sánchez, avaló, en todo momento, las actuaciones de Rajoy, desde la aplicación del 155 hasta sus consecuencias posteriores).
Evidentemente, con ese pensamiento y esas mentiras, pues el president Carles Puigdemont, en ningún momento de fugó, se fue antes de estar buscado por la INjusticia española, y siempre que ha sido requerido, se ha presentado a la justicia europea; y, con ese pensamiento y mentiras, como he dicho, obviamente, es difícil que Junts pueda pactar nada con el PSOE.
Esta mañana, asimismo, he oído una entrevista radiofónica en RAC1, a Jaume Asens, exdiputado de En Comú Podem, en el período 2019 – 2023, y defenestrado por la líder de Sumar, Yolanda Díaz, en su batalla por desbancar a los de Podemos; pero que, tras los resultados electorales, Díaz ‘recuperó’ a Asens para que ejerciera de portavoz con los independentistas (otra de las vergüenzas, pues lo defenestró por sus ‘debilidades’ por los nacionalistas, y ahora, lo aprovecha, precisamente por eso)
Pues bien, en esa entrevista, Asens se ha enrollado sin decir nada, ya que justificaba que no podía hablar ni desmentir nada. Me parece que lo inteligente, en ese caso, lo procedente hubiera sido no aceptar la entrevista, pero, claro, todos buscan sus minutos de gloria, y mediante sus silencios, lo que ha hecho es potenciar la oscuridad.
Es evidente que en las negociaciones se requiere una cierta confidencialidad, máxime cuando los negociadores no tienen las ideas claras. Pero eso choca con la claridad y la transparencia que todos queremos y necesitamos, y con la que todos los políticos deberían estar comprometidos. Y todos los políticos deberían saber que todo lo público (acciones, reuniones, apariciones, etc.) ha de ser, precisamente público, no ha de haber confidencialidad / opacidad.
Pero vemos que, precisamente, la generalidad de los políticos intentan confundir a sus oyentes, pues, ‘confundir’, del latín ‘confundere’, significa ‘quitar límites hasta que no se vea donde termina uno y empieza el otro’.
Y eso lo vemos, precisamente, en los diferentes debates y exposiciones sobre la ‘posible’ amnistía, sus límites, sus particularidades, etc., y tanto da que sea el citado Asens, Benet Salellas, Vicent Partal, etc., pues todos ellos razonan sus argumentos técnicos que, quizás, ilustren a los diputados de Junts, pero que, a mi modo de ver, no hacen otra cosa que dar argumentos a los unionistas, para su oposición.
Ahora, el paciente lector, podrá pensar que me contradigo, y que promulgo el silencio y la opacidad; y no es así, en absoluto. Lo que intento explicar es que una cosa es trabajar y pensar sobre la posible (para mí, imposible) amnistía, y otra muy diferente, es hacer el trabajo al PSOE y a los unionistas, para que la rechacen, o planteen de forma limitada, coartada y condicionada.
Si Pedro Sánchez quiere seguir gobernando, sabe que tiene que ser el PSOE el que tiene que dar ese paso, como muestra de ‘buena predisposición’, ya que no se puede negociar con alguien a quien quieres encarcelar y seguir reprimiendo.
Ese primer paso sería una muestra de honestidad, por su parte. Pero, claro, conociendo las argucias de ese tahúr que es Pedro Sánchez, no se le puede dar ni un miligramo de confianza, así, debe efectuar esa amnistía de forma previa al inicio de las posibles negociaciones con Junts.
Y, por parte de este partido, dirigido por Carles Puigdemont, esperamos que siga en su habitual línea, con una estrategia honesta, clara y transparente, sólo así, será asumible y asumida por los independentistas de base.
Para finalizar este escrito, me parece didáctica la siguiente fábula budista sobre la claridad:
‘El cuento de Buda y Ananda: la claridad de las aguas:
En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:
Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado – el Buda había envejecido.
Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que había removido las hojas muertas y el cieno, enturbiando el agua y convirtiendo el arroyo en un lodazal. Esta agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.
Tendrás que esperar un poco – dijo Ananda -. Iré por delante. He oído que a solo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.
Pero Buda insistió: Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.
Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.
Y Buda le dijo, no regreses si el agua sigue estando sucia, no hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después, el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.
Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque seguía siendo algo turbia, el agua esta visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.
Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.
Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.
Pero Buda, dijo: soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua.
Pero Ananda contestó: Volví enojado al río, pero, sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos … Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias’.
Esta fábula permite muchas moralejas, pero, a los efectos del presente escrito, me parece evidente resaltar que, en el momento político de este reino, hay excesivo ruido, excesivas personas chapoteando en el río, enturbiándolo, como los bueyes y las carretas del cuento.
Por eso, es preciso que tengamos paciencia para esperar que las aguas se vuelvan a aclarar, sólo así alcanzaremos el conocimiento que necesitamos, la ‘luz, más luz’, que pidió Goethe.