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El término solsticio, del latín ‘sol’ (sol) y ‘sistere’ (permanecer quieto), también denominado el solsticio hiemal, corresponde al instante en que la posición del Sol se encuentra a mayor distancia angular negativa del ecuador celeste; y, astronómicamente, señala el comienzo del invierno. Así, mañana será el día con la noche más larga. En el hemisferio sur, por el contrario, se entrará en el verano.
Ancestralmente, marcaba el inicio de las hambrunas, si no se había podido prevenir; la mayoría de los animales eran sacrificados, para no tener que alimentarlos durante el invierno, y era el único momento de comer carne fresca. Y el vino y la cerveza estaba finalmente fermentada y lista para ser bebida en los meses de frío.
Y, culturalmente, el solsticio era el momento significativo para realizar rituales simbólicos de renovación, y el retorno gradual de los días más largos, con más luz.
El término invierno, etimológicamente, proviene de una antigua raíz germánica que significa ‘época del agua’, en alusión a las lluvias y nevadas. Si bien, en latín, proviene del ‘tempus hibernum’ (estación invernal)
Así, en el solsticio de invierno se celebraba el ‘Sol Indiges’ (Sol indígena o Sol nativo), el ‘Sol invictus’ (Sol invicto o inconquistado), y esos días se denominaban ‘Dies Natalis Solis Invicti’ (el nacimiento del Sol invicto), pues, a partir de ese día del solsticio, el Sol se irá imponiendo, cada vez más, a la noche oscura.
La religión del Sol Invictus se fue practicando hasta el establecimiento del cristianismo, que en el primer concilio de Nicea, convocado por el emperador Flavius Valerius Constantinus (Constantino I el Grande, 272 – 288), fue formulado como religión estatal, como estableció el emperador Flavius Theodosius (Teodosio I, 347 – 395) el 27 de febrero del 380, aboliendo el ‘paganismo’.
Es sabido que las religiones oficiales, desde siempre, consideraron paganas las religiones anteriores, politeistas, idolatría, etc. Pasa lo mismo con la denominación de las sectas, es decir, con los grupos religiosos que se apartan de la ortodoxia dominante. Y ese lenguaje despectivo de los que se distancian de la oficialidad, lo vemos en la actualidad política, como los que se apropian de la constitución (los constitucionalistas)
Y volviendo al solsticio, es preciso recordar que las fiestas saturnales y del Sol invictus, con celebraciones con copiosos banquetes, bebidas, juegos, sorteos, fue adoptado por el cristianismo, para celebrar la Navidad., del latín ‘nativitas’ (natividad), para fijar el día del nacimiento de Jesús, ya que en ningún lugar de la Biblia se apunta el día de su nacimiento; la única referencia, cogida por los pelos, se encuentra en Juan 8-12: ‘Yo soy la luz. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida’. Y esa referencia, les sirvió para fijar su nacimiento en la tradicional fiesta del Sol Invictus. En las tablillas encontradas en Qumrán, si que se encontraron referencia al 25 de diciembre, como fecha del nacimiento del Jesús histórico, pero, oficialmente, no son reconocidas como fuentes por la oficialidad cristiana.
Igualmente, el mencionado concilio de Nicea estableció el día de descanso semanal, el domingo (dies dominicus), siguiendo ‘el dies Solis’ (día del Sol), el séptimo día de la semana. Así, el dies Sol Invictus, estaba fijado después de las Saturnales; y el dies Solis, después de 6 días de trabajo.
En las sociedades antiguas, las celebraciones estaban fijadas al calendario agrario, y todo giraba entorno a la siembra y la cosecha; pero, en la actualidad, con sociedades urbanitas, alejadas de la naturaleza, hemos perdido hasta esa referencia.
Así, sin referencias agrarias, ni tampoco religiosas, pues en este siglo XXI se ha perdido, asimismo, el sentido religioso; y esos referentes han sido suplidos por otros símbolos (también machistas, patriarcales) importados por y para el mayor consumismo: Papá Noel, Santa Claus (San Nicolás), los portadores de regalos, por ejemplo.
Por todo lo expuesto, desde hace muchas décadas que las fiestas navideñas me parecen un lastre impuesto por la sociedad, y por eso, me siento como un extraño.
Georges Moustaki (Iosif Mustacchi, 1934 – 2013) escribió la canción ‘Le Métèque’ (1969), que reproduzco a continuación, ya que, metafóricamente, me parece que refleja mis sentimientos durante estos días:
Le Métèque (el extranjero)
Con mi cara de métèque, de judío errante, de pastor griego
y mi cabello a los cuatro vientos
con mis ojos desvanecidos, que me hacen parecer un soñador
yo, que ya no suelo soñar
con mis manos de merodeador, músico y pillo
que han robado en tantos jardines
con mi boca que ha bebido, que ha besado y ha mordido
sin nunca saciar su hambre.
Con mi cara de métèque, de judío errante, de pastor griego
de ladrón y de vagabundo
con mi piel frotada por el Sol de todos los veranos
y todo lo que llevaba enaguas.
con mi corazón que ha sabido hacer sufrir,
tanto como ha sufrido sin hacer ruido
con mi alma que ya no tiene la menor posibilidad de salvación
para evitar el purgatorio.
Con mi cara de métèque, de judío errante, de pastor griego
y mi cabello a los cuatro vientos
vendré, mi dulce cautiva, mi alma gemela, mi fuente viva
vendré a beberme tus veinte años
y seré príncipe de sangre, un soñador o adolescente
como tu quieras elegir
y haremos de cada día toda una eternidad de amor
que viviremos hasta la muerte
Y haremos de cada día
toda una eternidad de amor
que viviremos para morir.
En definitiva, estos días festivos, lo grave es sentirse como un métèque, pero debiendo poner cara de felicidad, y seguir el juego, como un partícipe más de las fiestas del ‘Dies Natalis Solis Invict’ (ya que, racionalmente, no creo en el Jesús histórico eligiendo a un pueblo, pues eso sería una grave injusticia, comparativa, a lo largo y ancho de la geografía y de los siglos). Pero, aún así, lo intentaré afrontar con un aire regenerador, como nuestros ancestros.