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En el Ara de hoy (30/10), hay un artículo titulado ‘AENA se reafirma en la gestión centralizada’, en el que podemos leer unas deplorables declaraciones de Maurici Lucena, que merecen ser criticadas, y por eso, seguidamente me centro en ellas.
Maurici Lucena i Betriu (n, 1975), economista catalán, militante del PSC/PSOE; diputado y portavoz de ese partido en el Parlament de Catalunya (2012 – 2015) que, tras haber ocupado diferentes cargos, fue nombrado presidente de AENA (Aeropuertos españoles y navegación aérea), por Pedro Sánchez (PSOE), en julio del 2018.
Su formación e ideología le viene de familia, pues su padre, Gabriel Lucena, fue jefe del gabinete de Pasqual Maragall; pero está claro que su hijo ha ‘olvidado’ que el nombramiento a su actual cargo fue estrictamente político. Y, por todo ello, me parecen muy sorprendentes y extemporáneas sus declaraciones manifestando que:
‘AENA seguirá teniendo una gobernanza centralizada del aeropuerto de Barcelona y el resto de la red aeroportuaria española, el esquema constitucional y la estructura de accionistas nos llevan a esa fuerte protección (…) veo imposible cambiar nada (…) la preservación de este modelo es particularmente importante cuando hemos anunciado un volumen muy alto de inversiones que son buenos para AENA y para el país (…) y Lucena incluso se atrevió a parafrasear al expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi y repitió su ‘lo que haga falta’, para decir que harán lo que sea preciso para defender el actual modelo’.
(Ara, 30 oct 2025)
Me parece que Lucena, con esas declaraciones, se posiciona por encima de la propia democracia y de la dinámica de los partidos políticos e, incluso, del que le nombró; ya que una de las carpetas que tiene pendiente Pedro Sánchez, es precisamente, la transferencia de la gestión del aeropuerto de Barcelona, como le solicitaron los partidos independentistas.
Sabemos que Pedro Sánchez es reacio a cualquier gesto que sea interpretado como la ruptura de la unidad española y, esa transferencia, podría ser interpretada en ese sentido; pero hemos visto, también, que la caja única de la Seguridad Social, otro de los ‘pilares’ fundamentales de la sacrosanta unidad española, se ha desmembrado, por las transferencias al País Vasco.
Y ese es un claro ejemplo de que no hay nada inmutable, fijo y estable indefinidamente, por más complejidad tecnológica y burocrática que parezca su modificación; pues solo faltaría que la UE decidiera la integración del control aéreo, y ese ‘actual poder’ de AENA, acabaría mermando.
Incluso, con la futura independencia de Catalunya, los deseos omnipotentes de Lucena se acabarán, ya que la unidad ‘de destino’ español, más pronto que tarde, llegará a su final.
Y es impensable que una empresa estatal tenga un poder mayúsculo, que no le corresponde en absoluto. Así que sus sueños húmedos de grandeza, acabarán como el cuento de la lechera.
Pero, hasta ese momento, es evidente el excesivo poder de los oligarcas, como vemos con Elon Musk, Mark Zuckerberg … y Maurici Lucena. Todos ellos son copartícipes de la rebelión oligárquica, que han pervertido el mensaje fundacional de Abraham Lincoln (1809 – 1865): ‘un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo’, convirtiéndolo en ‘un gobierno de los megamillonarios, por los megamillonarios y para los megamillonarios; pues, a lo largo de la historia, ese ha sido su objetivo, el de maximizar sus beneficios.
El sociólogo Robert Michels (1876 – 1936) en su ensayo ‘Partidos políticos’ (1911) describió la ‘ley de hierro’, señalando que es:
‘(…) inevitable dentro de cualquier organización ‘democrática’ como parte de las ‘necesidades tácticas y técnicas’ de la organización (…) todas las organizaciones complejas, independientemente de cuán democráticas fueran cuando empezaron, finalmente se convierten en oligarquías despreciando su funcionamiento democrático (…) todas las organizaciones finalmente, llegan a ser dirigidas por una clase de liderazgo que, a menudo, funcionan como administradores, ejecutivos, portavoces o estrategas políticos de la organización (…) y esta clase de liderazgo inevitablemente crecerá para dominar las estructuras de poder de la organización (…) al controlar quién tiene acceso a la información, quienes están en el poder, pueden centralizar su poder con éxito, a menudo con poca rendición de cuentas, debido a la apatía, la indiferencia y la falta de participación que la mayoría de los miembros de base tienen en relación con los procesos de toma de decisiones de su organización.
Michels argumentó, asimismo, que los intentos democráticos de responsabilizar a los puestos de liderazgo tienden a fallar, ya que con el poder viene la capacidad de recompensar la lealtad, la capacidad de controlar la información sobre la organización y la capacidad de controlar qué procedimientos sigue la organización al tomar decisiones.
(…) Michels afirmó que el objetivo oficial de la democracia representativa de eliminar el gobierno de la élite era imposible, que la democracia representativa es una fachada que legitima el gobierno de una élite en particular, y que el gobierno de la élite, al que se refiere como oligarquía, es inevitable (…)’
(Wikipedia)
Todos sabemos que esa lucha por el poder es histórica, Platón (427 a.C. – 347 a. C.) ya consideró que ‘las oligarquías son sociedades estructuradas entorno a la riqueza’, en contra de la democracia, que es ‘una sociedad centrada en la libertad individual’.
Asimismo, también sabemos que las bases tenemos resortes de contrapoder, como las huelgas, los boicots, etc., que son realmente eficaces.
Por todo ello, no debemos olvidar ni menospreciar el poder de esas oligarquías y, entre ellas, la que representa Maurici Lucena. Asimismo, debemos ser capaces de despreciar a personajes como el mencionado, que han olvidado que su cargo es debido al reparto de poltronas que hacen todos los gobernantes cuando llegan al poder; y, así, Pedro Sánchez asignó las principales poltronas entre sus correligionarios (amigos, conocidos y saludados). Y ese cargo le ha transmutado, y su ego se ha desquiciado, como pasa con ‘los nuevos ricos’.
Pero es evidente, como vemos con los mencionados Musk, Zuckerberg … y Lucena, que acaban cegados, y acaban ‘mordiendo la mano que les da de comer’, ya que, como oligarcas poderosos, se consideran omnipotentes para determinar el poder político. Hemos visto como Musk y Trump han acabado ‘rompiendo peras’ y, llegado el caso, podríamos ver a Lucena enfrentándose a Sánchez, si este finalmente accediera a transferir las competencias del aeropuerto de Barcelona a la Generalitat de Catalunya (hecho que, de momento, parece ilusorio, pero si Sánchez viera peligrar su trono, acabaría cediendo, como lo ha hecho con otros temas)
Asimismo, debemos valorar los intereses de la ciudadanía y, sobre todo, el poder que tenemos, si vamos unidos y ejercemos nuestras fortalezas democráticas para combatir las políticas madrileño-centrípetas, que representa magníficamente Lucena, como todos los personajes catalanes que han ejercido poder en la Villa y Corte. Solo hace falta recordar a Josep Borrell, Miquel Iceta, Salvador Illa, etc., pues acaban siendo ‘más papistas que el papa’, y así nos va, con una opacidad total sobre los beneficios del aeropuerto de Barcelona, que acaban beneficiando al de Madrid y a los accionistas de AENA, claro.
Y este único ejemplo, debería ser suficiente para hacer independentistas a los catalanes españolistas, si quisieran y pudieran tener un mínimo de racionalidad, por encima del mero sentimentalismo e intereses de émulos / herederos de los hidalgos castellanos o de los cipayos de la metrópoli española.