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Ayer (13/04) el catalán Eduardo Mendoza Garriga (n. 1943), escritor monolingüe en castellano, en la presentación de su última novela ‘La intriga del funeral inconveniente’ (Seix Barral’), aprovechó el momento para hacer una ‘boutade’ con indudables objetivos publicitarios y políticos, y, para ello, no se privó de atacar a Sant Jordi, pues sabe que criticar los símbolos catalanes, es rentable de cara al españolismo, como explico a continuación.
Pues bien, Mendoza, dijo:
‘Haré campaña para reivindicar que el 23 de abril es el Día del Libro, siempre se ha dicho ‘Día del Libro’ y Sant Jordi se ha colado allá en medio. Sant Jordi era un maltratador de animales que seguramente no sabía ni leer, no tiene nada que ver con los libros y no es ni el patrón de los escritores, sólo ha aprovechado la fecha para ponerse allá, pero se ha de decir ‘Día del Libro’’.
Esa postura españolista de Mendoza no es nueva, ya que en el discurso de aceptación del premio Princesa de Asturias de las Letras del pasado año 2025, dijo:
‘Quiero que en Catalunya haya concordia, buena voluntad, corridas de todos, vino, juerga y futbol’.
Con estas dos declaraciones, el escritor queda bien retratado, pues muestra:
- su incoherencia, ya que, el maltratador de animales es él y la España que representa, pues, el Parlament catalán prohibió las corridas de toros en 2012;
- su falta de conocimiento y empatía con los catalanes;
- su falta de respeto a sus paisanos, a los que nos insulta como si no tuviéramos concordia ni buena voluntad;
- su falta de inteligencia emocional y su irrelevancia cívica, al desear que los catalanes nos limitemos a festejos españoles (corridas de toros) y al vino, tiestas y futbol (de la roja, claro);
- y su incultura, su desconocimiento de la historia de nuestros símbolos; o, peor todavía, conociéndolos, miente como un servil bellaco del reino español, como expondré seguidamente;
- etc.
Centrándome en la fiesta de Sant Jordi (23 de abril), es preciso recordar las siguientes referencias:
- Sant Jordi, según algunas tradiciones, era un soldado del emperador romano Gaius Aurelius Valerius Diocletianus (Diocleciano, 244 – 311), y se negó a seguir sus órdenes de perseguir a los cristianos, por lo que fue martirizado y decapitado. Pero, más allá de la verosimilitud de esa referencia, Sant Jordi es un mito, un personaje legendario, un símbolo de la caballería medieval, adoptado por las Cruzadas; por lo que, en ambos casos, decir que no sabía leer, es una ridiculez, una memez; y decir que era un maltratador de animales, por matar, metafóricamente, al dragón, es infantil y tramposo, ya que el dragón, históricamente, en muchas culturas, ha simbolizado el mal;
- Sant Jordi es el patrón de Catalunya desde 1456, y la Diada se celebra desde el siglo XVI; y desde ese momento era costumbre regalar la rosa; fiesta que la Mancomunidad promocionó, como símbolo de catalanidad; Y Sant Jordi es, también, patrón de Inglaterra: el rey Eduardo III, en 1348, le nombró patrón de la Orden de la Jarretera; y en otros lugares: Bulgaria, Georgia, Etiopía, etc., también lo adoptaron como representante de la lucha del bien contra el mal;
- La Fiesta del Libro nació en 1929, cuando el escritor valenciano Vicent Clavel i Andrés, director de la editorial Cervantes, propuso a diferentes entidades, especialmente, a la Cambra Oficial del Llibre de Barcelona, hacer una fiesta para promocionar la venta de libros en Catalunya, eligiendo la fecha del 7 de octubre de 1927 (al considerar que Cervantes, en esa fecha, estuvo en Barcelona); Y esa fiesta del libro se estableció por decreto real, a nivel del estado, pero solo triunfó en Catalunya; y durante la Exposición Internacional de Barcelona, los libreros acordaron cambiar la fecha de esa fiesta del libro, para pasarla al día de Sant Jordi (23 de abril), al considerar que aprovechando la fiesta nacional, que convocaba a la ciudadanía a las calles, para regalar las rosas, y con mejor temperatura que en octubre, sería un día más propicio para las ventas, pues ese era su objetivo. A nivel del estado español, la fiesta del libro no funcionó, hasta que la UNESCO, en 1985, declaró el 23 de abril, como Día Mundial del Libro, que era una realidad exclusiva de Catalunya;
- El argumento de que el 23 de abril era el día de la muerte de escritores como Cervantes y Shakespeare, ayudó a favorecer esa fecha; si bien algunos libreros no fueron partidarios de cambiar la fecha, ya que la anterior (7 de octubre), les parecía mejor, pues los trabajadores acababan de cobrar la mensualidad; mientras que el 23, tendrían, a nivel general, menos reservas para gastar.
- Ahora bien:
- Miguel de Cervantes Saavedra (1564 – 1616), según parece, vivió en la ciudad de Barcelona (paseo de Colón, núm. 2) durante un período entre mayo de 1609 y octubre de 1611), sin especificar; y se desplazó a Barcelona ‘para enfrentarse a su imaginado y poderoso rival, el Caballero de la Blanca Luna, su amigo Sansón Carrasco, en realidad, que intentaba apartarle de sus visiones. Cervantes consideró que Barcelona era ‘la flor de las bellas ciudades del mundo’; y murió el 22 abril (el 23 fue su funeral, en Madrid);
- mientras que William Shakespeare (1564 – 1616), falleció el 23 de abril de 1616, según el calendario juliano, pero el 3 de mayo de 1616, según el calendario gregoriano, aprobado por el Papa Gregorio XIII, mediante la bula Inter Gravissimas, el 24 de febrero de 1582.
- Es decir, el 23 de abril según el calendario occidental (gregoriano), no murieron esos escritores; por lo que volvemos al inicio: el interés económico de los vendedores de libros, aprovechándose de la festividad de Sant Jordi; por lo que, en realidad, los libros se colaron en Sant Jordi, no al revés, como dijo Eduardo Mendoza.
Ahora bien, Eduardo Mendoza, al ver las críticas por sus declaraciones, afirmó que: ‘soy un bocazas, como cuando dije que la novela había muerto y me perseguían por la calle con un palo’ y enmarcó sus declaraciones en su estilo satírico; si bien no se retrató de su afirmación de que hará campaña para reivindicar el Día del Libro, expulsando a Sant Jordi.
Yo también soy partidario de sustituir las fiestas religiosas, pero todas, pues en un estado aconfesional, celebrar Navidad, Semana Santa, la Purísima, etc., me parece fuera de lugar. Pero, aún así, salvaría la fiesta de Sant Jordi, por su base legendaria.
También comparto la idea de que debe separarse la obra del artista, ya que el arte debe ser contemplado de forma objetiva y subjetiva, obviando al autor; ahora bien, es verdad, también, que la ideología, pensamiento y valores del autor, ayudan a entender su obra. Pero, en este caso concreto, nadie ha efectuado ninguna conexión con la obra de Mendoza, únicamente criticamos sus declaraciones, que le configuran y retratan como personaje.
Y criticamos esas declaraciones por no respetar el símbolo de Sant Jordi, si bien relativizamos su crítica, ya que los símbolos catalanes, como los de todos los países, son variados y de diferente rango:
- símbolos históricos: el escudo, la senyera, etc.;
- símbolos religiosos: Mare de Déu de Montserrat, Navidad, el pesebre, etc.;
- símbolos folclóricos: castells, sardana, diables, gegants, drac, cucafera, ruc català, barratina, porró, caganer, tió, etc., y entre estas, también Sant Jordi;
- símbolos geográficos: Muntanya de Montserrat, Canigó, Pedraforca, Salses / Guardamar / Maó, etc;
- símbolos gastronómicos: pa amb tomàquet; crema cremada; tortell, mel i mató, etc.
Pero la crítica de Eduardo Mendoza va más allá de Sant Jordi, pues se debe enmarcar en el pensamiento político basado en la ideología españolista, que pretende nuestra descatalanización, es decir, la eliminación de nuestros rasgos diferenciales, por no ser castellanos.
Y ese ejemplo de Mendoza, está en línea con la represión estatal, así vemos que Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, este año ha encargado el cartel de Sant Jordi 2026, al artista TVBoy, referente internacional del arte urbano, y presenta a un joven con la rosa, besando a una joven con un libro, disfrazada de dragón; perfecto, salvo que en el cartel no figura la senyera; y esa es la política españolista y españolizante del PSC/PSOE, pues Collboni, Illa y Sánchez, son de ese mismo partido; y, como sabemos, el PPSOE son dos caras de la misma moneda del estado español.
Intentar eliminar nuestros referentes es un claro objetivo político del estado español, que sigue manteniendo la visión expuesta por Francisco Gómez de Quevedo Santibáñez Villegas (1580 – 1645) secretario del conde duque de Olivares, en su texto titulado ‘La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni por el fuero’, incluido en el Memorial de 1625, del citado Olivares. En el citado texto de Quevedo se puede leer:
Son los catalanes el ladrón de tres manos (…) aborto monstruoso de la política (…) alegan privilegios y fueros (…) Esta gente, de natural tan contagiosa, esta provincia, apestada con esta gente; este laberinto en privilegios; este caos de fueros, que llaman condado, se atreve a sublevarse y no por el güevo (huevo, símbolo de las materias tangibles) ni por el fuero (materias intangibles: simbólicos y emocionales: nación, lengua, himno, bandera, etc.)
Y en estas sigue el estado español actual, laminando nuestros güevos y nuestros fueros. Y en esa línea debemos enmarcar a Eduardo Mendoza, para mayor honra del nefasto Felipe VI, y su corte de vasallos: Pedro Sánchez, Salvador Illa, Jaume Collboni, etc.
Si por ellos fuera, se cargarían hasta el F. C. Barcelona, pues es otro de nuestros símbolos, y, para su desgracia, es internacional, universal; y, a tal fin, no hacen más que poner palos a todas las ruedas del Barça, como sabemos.
En definitiva, el excanciller alemán Willy Brandt (Herbert Ernst Karl Frahm, 1913 – 1992) dijo: ‘Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que le siguen’. Y eso, Mendoza, no lo tuvo ni ha tenido en cuenta nunca, pues se considera en el lado ‘correcto’ de la historia imperial española; y, en esa tesitura, todo vale: mentir, descalificar y manipular, pues, para él, como buen ‘Maquiavelo’, ‘el fin justifica los medios’. Por eso debemos defender nuestros ‘güevos y fueros’, frente a los que los quieren eliminar, o descalificar con simples boutades, aplaudidas por su séquito castellanizado y anticatalán.