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En 1992, el politólogo y economista Francis Yoshihiro Fukuyama (n. 1952) publicó su obra titulada ‘The end of history and the last man’ (el fin de la historia y el último hombre), en el que sostenía que después de la Guerra Fría (1945 – 1991) y la disolución de la Unión Soviética, la ‘humanidad había alcanzado no solo … el fin de un período particular de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano’. Pero nuestra experiencia nos ha mostrado que, desde ese momento, la sociedad ha seguido evolucionando; y, especialmente, este inicio del 2026 nos está dando grandes shocks, que nos han de enseñar, si queremos sobrevivir.
Ahora bien, el gran equívoco de Fukuyama fue no contemplar la involución, el retroceso, la regresión a la oscuridad (si es que la democracia liberal puede considerarse como la luminosidad). Y ese retroceso entrópico lo está propiciando Donald Trump, por su desmesurada prepotencia y egolatría.
Trump únicamente reconoce y valora la fuerza bruta, como mostró ayer al publicar su siguiente ‘pensamiento’:
‘Groenlandia será nuestra, de una forma u otra, les guste o no. ¿Saben en qué consiste su defensa? Dos trineos tirados por perros (…) y controlar ese territorio es crucial para la seguridad nacional ante la actividad rusa y china en el Ártico y no voy a permitir que eso pase, y cuando la tengamos, la defenderemos (…) si el gesto afecta a la OTAN pues afecta a la OTAN, pero ya saben, Groenlandia nos necesita mucho más de lo que nosotros los necesitamos a ellos’.
Y ese mismo tipo de pensamiento sobre la fuerza bruta lo tienen muchos estados, como el español, y muchas empresas multinacionales. Pero, también, los partidos políticos cuando consideran que gozan de una posición privilegiada, aunque sepan que encontrarse en la cresta de la ola sea un efecto puntual, efímero; y un claro ejemplo lo tenemos con ERC, tras su pacto con Pedro Sánchez (que no con el PSOE)
Todo es un grave error, desde el mantenimiento de las guerras en Ucrania, Gaza, Siria, etc.; y los controles de Venezuela, las amenazas a Groenlandia, Cuba, Colombia, etc.
Groenlandia fue una colonia danesa desde 1814 hasta 1953, que pasó a formar parte del reino de Dinamarca con una relación conocida como ‘Rigsfaellesskabet’ (mancomunidad de la corona); y en 1979 obtuvo la autonomía, que alcanzó su cénit en el 2008 (exceptuando las relaciones exteriores, la seguridad y la política financiera), por lo que, efectivamente, se encuentran bajo el ‘paraguas’ protector de la OTAN, (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que, en su carta fundacional, del 4 de abril de 1949 establece, en su preámbulo, que:
‘Las partes en este tratado reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y gobiernos. Están decididas a salvaguardar la libertad, el patrimonio común y la civilización de sus pueblos, fundados en los principios de la democracia, la libertad individual y el estado de derecho. Buscan promover la estabilidad y el bienestar en la zona del Atlántico Norte. Están resueltas a aunar esfuerzos para la defensa colectiva y la preservación de la paz y la seguridad’.
Y en su artículo 1:
‘Las partes se comprometen, como se establece en la Carta de las Naciones Unidas, a resolver cualquier controversia internacional en que estén involucradas por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro la paz y la seguridad internacionales ni la justicia, y a abstenerse, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas’.
En su artículo 5:
‘Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas en Europa o América del Norte será considerado un ataque contra todas ellas y, en consecuencia, acuerdan que, si tal ataque armado ocurre, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 52 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la Parte o Partes así atacadas tomando de inmediato, individualmente y en concierto con las otras Partes, las medidas que consideren necesarias, incluido el uso de la fuerza armada, para restablecer y mantener la seguridad del área del Atlántico Norte.
Todo ataque armado de esa índole y todas las medidas adoptadas como resultado del mismo serán notificadas inmediatamente al Consejo de Seguridad. Dichas medidas terminarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales’.
Y en su artículo 6:
‘A los efectos del artículo 5, se considerará que un ataque armado contra una o más de las Partes incluye un ataque armado:
- En el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o América del Norte, en los Departamentos argelinos de Francia, en el territorio de Turquía o en las islas bajo la jurisdicción de cualquiera de las Partes en la zona del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer.
- Sobre las fuerzas, buques o aeronaves de cualquiera de las Partes, cuando se encuentren en o sobre estos territorios o cualquier otra zona de Europa en la que estuvieran estacionadas fuerzas de ocupación de cualquiera de las Partes en la fecha en que el Tratado entró en vigor, en el Mar Mediterráneo o en la zona del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer’.
Etc.’
Es decir, que España, que ingresó en la OTAN en el año 1982, tiene reconocida la protección de todo su territorio, incluidas las Islas Baleares y Canarias, pero NO los territorios de Ceuta y Melilla, situados en la costa norte del continente africano, aunque su latitud las sitúe por encima de la línea divisoria del Trópico de Cáncer, como pasó en el caso de las Islas Malvinas, y pasaría ante un ataque a Hawai.
Asimismo, ese redactado del Tratado, no especifica el ataque por parte de uno de los estados miembros, pues los padres fundadores lo consideraron improbable. Pero ahora vemos que las amenazas contra Groenlandia desmienten ese inocente presupuesto.
Además, poner la OTAN bajo el paraguas de la ONU, no deja de ser otro ‘inocente’ error, en la línea del anterior, pues, sabemos que el consejo de seguridad está formado por cinco estados miembros permanentes con derecho a veto: EUA, Reino Unido, Francia, Rusia y China, y dos miembros no permanentes y rotatorios, sin derecho a veto. Por lo tanto, aquí se cierra el círculo vicioso, pues los EUA vetarían cualquier medida de la OTAN que comportase una defensa de Groenlandia.
Es sabido que, en todo tratado, los que tiene la sartén por el mango, como vulgarmente se dice, son las que establecen la letra pequeña que, incluso, puede desvirtuar el acuerdo en cuestión. Y eso, por ejemplo, lo veremos dentro de unos meses, cuando el gobierno español establezca el pacto sobre la financiación autonómica.
Obviamente, si la parte, digamos débil, estuviera formada por verdaderos especialistas, o fuese asesorada por profesionales perfectamente apropiados, objetivos e imparciales, no se producirían desacuerdos debidos a un desencuentro protocolario intencionado, pero la realidad es la que es, y así, nos encontramos siempre en el laberinto propio de los hermanos Marx en su diálogo surrealista en ‘Una noche en la ópera’ (1935):
Groucho: Preste mucha atención a la primera cláusula, porque es muy importante. Dice: ‘la parte contratante de la primera parte será considerada como … la parte contratante de la primera parte. ¿Qué le parece eso? Está genial ¿eh?
Chico: No, no sirve para nada.
Groucho: ¿Qué le pasa?
Chico: No lo sé. Oigámoslo otra vez.
Groucho: La parte contratante de la 1ª parte será considerada como la parte contratante de la 1ª parte.
Chico: Esta vez suena un poco mejor.
Groucho: Se va acostumbrando. ¿Quiere oírla una vez más?
Chico: Sólo la primera parte.
Groucho: ¿La parte contratante de la 1ª parte?
Chico: No. La parte de la parte contratante de la 1ª parte.
Groucho: Dice: La parte contratante de la 1ª parte será considerada como la parte contratante de la 1ª parte será considerada en el contrato… ¿Por qué vamos a discutir por esto? La quitamos.
Chico: Si, además, es demasiado larga.
Groucho: ¿Qué es lo que nos queda ahora?
Chico: A mí me queda casi medio metro.
Groucho: Dice… la parte contratante de la 2ª parte será considerada como la parte contratante de la 2ª parte.
Chico: No sé qué decirle.
Groucho: ¿Qué le pasa a eso?
Chico: Nunca segundas partes fueron buenas.
Groucho: Debería haber venido a mi primera fiesta. No acabó hasta las 4.00 de la mañana. La cogorza me duró tres días.
Chico: ¿Por qué no la 1ª parte de la parte contratante de la 2ª parte es la segunda parte de la primera? Es la clave.
Groucho: Mire, en vez de volver otra vez a eso, ¿qué me dice si…?
Chico: Bien.
Groucho: Ahí tengo algo que le va a gustar. Le va a encantar.
Chico: No. No me gusta.
Groucho: ¿Qué no le gusta?
Chico: Sea lo que sea. No me gusta.
Groucho: No vamos a romper una vieja amistad por una cosa así. ¿Listo?
Chico: Listo. Creo que la próxima parte no le va a gustar.
Groucho: Su palabra es suficiente para mí ¿Es la mía suficiente para usted?
Chico: Desde luego que no.
Groucho: Eso quita dos cláusulas más. La parta contratante de la 8ª parte…
Chico: No, de eso nada.
Groucho: La parte contratante de la 8ª parte…
Chico: No, de eso nada.
Groucho: La parte contratante de la 9ª …
Chico: No, eso tampoco. ¿Cómo es que mi contrato es más pequeño que el suyo?
Groucho: No sé, seguramente será porque usted es más chico que yo. Ya estamos de acuerdo ¿verdad? Estampe su firma ahí abajo y el contrato será legal.
Chico: Se me olvidó decírselo, no sé escribir.
Groucho: No pasa nada, la pluma tampoco tiene tinta.
Chico: Pero es un contrato ¿no?
Groucho: Claro. Tenemos un contrato, por muy pequeño que sea.
Chico: Espere ¿Qué dice ahí?
Groucho: ¿Eso? Es una cláusula habitual. Está en todos los contratos. Sólo dice ‘Si alguna de las partes firmantes de este contrato no está en uso de sus facultades mentales todo el contrato quedará anulado.
Chico: No sé.
Groucho: No pasa nada. Está en todos los contratos, es lo que llaman una cláusula de cobertura.
Chico: No me engaña, las corderas no son una cláusula.
Y en este momento, la población occidental (y, también el resto) estamos perdidos y perplejos, pues lo que pensábamos que eran pilares sólidos, se están desmoronando. Ya nada es lo que nos parecía, ni lo que aparentaba ser. Y ya no podemos seguir engañados ni engañándonos.
Por todo eso, debemos intentar ser lo que queremos ser, a pesar de los graves contratiempos en los que nos encontramos.
Hoy hemos visto una excelente película ‘Song sung ble’ (canción cantada en azul) dirigida el pasado año 2025 por Craig Brewer, sobre la historia real de una pareja de cantantes de Milwaukee, que formaron una banda, denominada Lightning & Thunder, relámpago y trueno) para imitar a Neil Diamond, y muestra las dificultades y momentos trágicos de esa pareja (Mike y Claire; interpretados por Hugh Jackman y Kate Hudson), pero aún así, contra todo pronóstico, trabajaron para mantener su sueño. Y aunque no sea el típico sueño americano, ni tampoco ser una réplica del cuento de la Cenicienta, muestra el valor de la perseverancia en los ideales, representados por el interés de Mike, de iniciar siempre los conciertos con la canción ‘Soolaimon’ (que significa: ‘hola’, ‘bienvenido’ ‘que la paz te acompañe’ y también ‘adiós’), y concluir con ‘Sweet Caroline’ (inspirada por Caroline, hija de John F. Kennedy), que era la más conocida y que gustaba más al público. Pero, la canción central era ‘I am, I said‘ (Yo soy, dije), que era un intento consciente de expresar cuáles eran los sueños, las aspiraciones de Diamond.
En definitiva, que todos, y los independentistas en particular, debemos huir de todos los rompecabezas, de las telas de araña en la que nos tienen enredados todos los poderes ajenos, unionistas; sobreponernos a todas las complicaciones de los denominados (blue day), días azules, y buscar lo que consideramos realmente esencial, que nos define lo que somos … es decir, nuestra ciudadanía de la República Catalana.