Amadeo Palliser Cifuentes

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A veces no sabemos lo que desconocemos; otras, sabemos lo que queremos. Pero, en muchas ocasiones no queremos saber lo que no sabemos. Y esto lo vemos en los casos de corrupción de los partidos o políticos con los que nos identificamos, y eso es un mecanismo de defensa, fruto de la disonancia cognitiva o ceguera involuntaria, como intento explicar.
No querer saber lo que desconocemos, efectivamente, es un mecanismo inconsciente para garantizar nuestra ignorancia tranquilizadora, manteniendo, de ese modo, nuestro nivel de ansiedad en una zona de confort. Ya que, el conocimiento no tiene un riesgo cero, pues la claridad suele ser incómoda y dolorosa.
Por lo tanto, a nivel general, no suele reconocerse un valor positivo al conocimiento, a pesar de que Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.) comentase que ‘todos los hombres desean por naturaleza conocer’. Pues, como he comentado, es más cómodo el desconocimiento, para evitar malas noticias y, de ese modo, evitar el proceso de arrepentimiento anticipado, por haber elegido una opción errónea o claramente mejorable.
Obviamente, hay conocimientos extremos, como futuras enfermedades, o saber la fecha de nuestra muerte o de nuestros seres queridos que, racional y emocionalmente, preferimos desconocer.
Ahora bien, en nuestra vida cotidiana, nos movemos con mini-decisiones sobre acciones de menor calado, que también son y acaban siendo relevantes y con consecuencias decisivas; y son a las que me refiero en este escrito.
Hace un par de días, un compañero de Meridiana Resisteix, me explicó un caso, que me ha hecho recapacitar desde entonces, por lo que me parece interesante explicarlo en este escrito, pues ha sido su motor inspirador, y que es el siguiente caso:
Matthew DeMeritt, con 11 años, no tenía piernas, y andaba apoyándose con los brazos; por lo que sufría bullying en el colegio y en su barrio. Hasta que el director Steven Allan Spielberg lo seleccionó para hacer de muñeco en la película ‘E.T el extraterrestre’ (1982). De ese modo, el director superó un largo e infructuoso período de trabajo técnico para construir un animatrónico, un muñeco controlado de forma mecánica y electrónica. Pues, al ver ese niño, con sus dificultades, tropiezos y caídas, Spielberg vio la luz para el personaje de E.T. que cautivó a muchísima gente, y cuyo recuerdo perdura en una gran parte de la población mundial.
Gracias al trabajo de Carlo Rambaldi (1925 – 2012), un artista, el mago de los efectos especiales y creador de la criatura E. T., con su equipo, crearon un traje especial, un disfraz, para el pequeño Matthew.
El equipo de Spielberg, fichó a otros dos niños deformes (aquejados de enanismo), Tamara De Treaux y Pat Bilon, pues cada uno aportaba sus características específica, si bien, la escena en la que E.T. se tambalea y cae después de beber una cerveza, la realizó Mattheu, que dijo: ‘me utilizaron en todas las escenas en las que E.T. tenía que caerse, pues Pat Bilon y Tamara De Treaux tenían los huesos frágiles, y una caída podía lastimarlos (…) hacía mucha calor incluso sin luces, ojalá hubiera tenido una cremallera o algo en la espalda, pero no, te lo metían por la cabeza y quedabas atrapado como una salchicha (…) cuando hacía mucho calor, Spielberg se me acercaba y me preguntaba si estaba bien y se aseguraba de que no me lastimara. No recuerdo haberme quejado, supongo que porque el traje estaba acolchado y me sentía cómo dentro de él (…) al finalizar la película y volver al colegio, el bullying se acabó, creo que E.T. me dio confianza’.
Según se explica en el artículo titulado ‘El secreto de E.T: ¿qué fue de la vida del niño que le dio vida al extraterrestre: ‘con la película, el bullying se detuvo’? (publicado en lanacion.com.ar, el 14 de noviembre del pasado 2025; y del que he reproducido la información anterior), Matthew, tras esa película, participó en otras películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre ellas Cyborg II (una de las primeras películas de Angelina Jolie) donde tuvo su único papel con diálogo. En la actualidad, Mattheu sigue una vida tranquila a dos horas de Los Ángeles, junto con su esposa Nanette y su hijastro James; da clases de inglés en la universidad, juega al básquet en su silla de ruedas y compone música.
Spielberg, en su momento, ocultó la utilización de esos niños, para no ser criticado por contrastar a menores discapacitados. Y me parece que, si los espectadores lo hubiésemos sabido, nuestra mirada hubiera sido diferente. Por eso, me parece un buen ejemplo de que, en ese caso, Spielberg eligió que no conociéramos la realidad (no incluyéndolos ni en los créditos); y, por lo tanto, no fue una decisión nuestra.
De todos modos, me parece un buen ejemplo, para ilustrar las consecuencias del conocimiento.
Pero el problema más grave se da, a mi modo de ver, es cuando sabemos lo que no queremos conocer, ya que tiene más connotaciones que las situaciones en las que no sabemos lo que queremos conocer.
Ya he comentado el tema de la corrupción, en la que diferenciamos la realizada, en función de nuestro nivel de afinidad, pues somos más indulgentes con nuestros corruptos. Es lo mismo que cuando observamos un penalti o un fuera de juego a favor o en contra de nuestro equipo, ya que, siempre somos más rígidos, según nos beneficien o perjudiquen.
Hay muchas frases al respecto, como:
- ‘No hay peor ciego que el que no quiere ver’,
- ‘A veces, la ignorancia es un refugio que construimos con el miedo a la verdad’,
- ‘Prefiero vivir en una dulce incertidumbre, que morir con una amarga certeza’,
- ‘Mis ojos no ven lo que mi corazón se niega a aceptar’,
- ‘A veces decides no saber, no porque seas tonto, sino porque estás cansado de que te decepcionen’,
- ‘Ignorante no es el que no sabe. Ignorante es el que no quiere saber’,
- ‘El que mucho sabe, siempre incomoda al que solo aparenta’,
- ‘La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos … sino el hecho de rehusar a adquirirlos’,
- ‘La ignorancia es el peor de los males, porque te encierra en una jaula sin que sepas que estás atrapado’,
- Etc.
Por todo lo expuesto, es obvio que debemos esforzarnos por tener una información objetiva, contrastada y fiable, pues es la única forma de combatir la atrevida ignorancia, ya que ‘cuando la ignorancia habla, la inteligencia calla’.
Y eso deberíamos aplicarlo en todos los ámbitos pues, en concreto, los independentistas catalanes, por ejemplo, precisamos conocer, realmente, los objetivos e intereses de los llamados y considerados líderes independentistas; ya que, sólo así, seremos capaces de redefinir las estrategias precisas, quitándonos la mochila de la ignorancia. A este respecto, Lucius Annaeus Séneca (8 a.C. – 1 d.C.), dijo:
‘No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige’.
Asimismo, Albert Einstein (1879 – 1955) dijo:
‘Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas’,
y esto nos lleva, forzosamente, a la colaboración, pues sólo así, las estrategias que definamos podrán mejorar las practicadas hasta el referéndum del 1 de octubre del 2017; pues ahora tenemos más información, si bien, desgraciadamente, parcial e interesada.
En todo caso: ‘ni olvido ni perdón’ con los corruptos, con los que interesadamente traicionaron el movimiento independentista, por más argumentos y contraargumentos que nos esgriman, y con los que, cómodamente, se han instalado en el confort de la ignorancia, sentenciando que todos son iguales y que no tenemos nada que hacer.