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Pedro Sánchez y el maquillaje

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Esta mañana (5/7), Pedro Sánchez ha dado nuevas muestras de su desconexión con su realidad más próxima, pues tenía previsto nombrar a Francisco Salazar Rodríguez (secretario general de coordinación institucional del gabinete del presidente del gobierno), como nuevo adjunto a la secretaría de organización del PSOE, pero, horas antes, eldiario.es ha desvelado que unas cuantas mujeres que habían trabajado con él, habían denunciado comportamientos inadecuados de carácter sexual y laboral. Y todo ello ha frustrado su nombramiento, y Salazar ha dimitido de todos sus cargos, incluido el de la Moncloa. Y eso demuestra que Sánchez ha delegado totalmente muchas de sus responsabilidades, lo que ha comportado su culpabilidad ‘in eligendo’ e ‘in vigilando’, como explico seguidamente.

En toda empresa privada, la repetición de tantos errores: dos secretarios de organización (Ábalos y Cerdán) y ahora el presente caso (Salazar) nos confirman, a todas luces, que un directivo así de indolente e incapaz para elegir a su equipo más próximo, sería despedido fulminantemente. 

Pero en el ámbito público, que se debería ser mucho más riguroso y responsable, por lo que vemos, con un ‘mea culpa’ parece que ya es más que suficiente. Y, a mi modo de ver, eso es una muestra más del narcisismo patológico de Sánchez, y de un partido adocenado y acrítico, fundamentalmente aferrado al poder, a su persistencia.

No me valen los argumentos de Pedro Sánchez, diciendo que ‘un capitán se queda para capear el temporal y salvar el rumbo del barco (…) la resistencia siempre es buena (…) lo hago para avanzar, no para conservar (…) tengo el corazón roto, deposité mi confianza en quien no la merecía, y no supe descubrir qué había detrás, la traición es dolorosa, pero tengo la determinación intacta’. 

Nadie debería ser indispensable e insustituible. Únicamente los narcisistas, los mesías, se consideran indispensables. Y eso, en un narcisista, es habitual. Pero, en un partido ‘democrático’, no debería serlo, ni mucho menos.

Por eso me parece totalmente criticable que, encima, Pedro Sánchez haya elogiado hasta la saciedad a María Jesús Montero, vicepresidenta primera del gobierno y número dos del PSOE. Pues parece evidente que ella también ha incurrido en las mismas faltas que su jefe, ya que su función de control, también ha brillado por su ausencia. Y que, hasta esta mañana, ‘desconocieran’ los abusos de Salazar, muy próximo a Sánchez, e ignorasen el mal estar de colaboradoras de la propia Moncloa, es una falta grave ‘in vigilando’, que es del todo inexcusable.

Por todo eso, las 13 medidas presentadas por Sánchez, para fortalecer el control interno, sin corregir el núcleo del problema, me parece un puro maquillaje cosmético. 

Etimológicamente, el término ‘maquillaje’ proviene del francés ‘maquillage’, haciendo referencia a las pinturas que se ponían los actores en el siglo XIX; pero, originariamente, el término hace referencia al griego clásico ‘makheme’: trabajar, que dio origen al término ‘máquina’.

Y Pedro Sánchez, siguiendo con su superficialidad, se ha limitado a la primera expresión, obviando la segunda, la de trabajar, trabajar para solventar, realmente el problema, y hacerlo de forma radical, yendo a la raíz del mismo.

Así, Pedro Sánchez se ha limitado a actuar según la canción ‘El maquillaje’ (1982) del grupo Mecano, que dice:

No me mires

No me mires

No me, no me, no me mires.

No me mires

No me mires

Déjalo ya.

Que hoy no me he puesto

El maquillaje.

Y mi aspecto es demasiado vulgar

Para que te pueda gustar.

No me mires

No me mires

No me, no me. No me mires.

No me mires

No me mires

Déjalo ya.

Que hoy no me he peinado a la moda

Y tengo una imagen demasiado normal

Para que te pueda gustar.

Por eso no me valen, tampoco, los comentarios ‘elogiosos’ de pelotas de Sánchez, como Salvador Illa, ni los temores al mal tremendo que nos acecharía con un gobierno del PP/Vox. Que, efectivamente, comportaría un retroceso en toda regla, en todos los órdenes sociales; cuando la alternativa más plausible, que nadie del PSOE contempla, es la de sustituir a Sánchez, y agotar la legislatura. Pero es evidente que el férreo control de las estructuras, hacen imposible que alguien se atreva a plantar cara (alguien con cara y ojos, mejor dicho, con cerebro y pensamiento socialista, ya que, personajes como Emiliano García-Page, presidente de Castilla – La Mancha, es un quintacolumnista del PP) 

Si Pedro Sánchez hubiera estado más preocupado y ocupado en el control de sus colaboradores más próximos, en lugar de limitarse a engrasar su partido, asignando a sus ministros el control territorial de las diferentes comunidades autónomas, otro gallo nos cantaría, pero eso es lo que tenemos.

Y en esa situación, a todas luces, a los independentistas catalanes nos interesaría que los partidos que nominalmente se consideran independentistas, replanteasen su dedicación, centrándose en potenciar la política catalana enfocada para conseguir implantar los resultados del referéndum del 2017; pues mientras sigan el juego de la política española, conseguirán promesas y más promesas, pero seguiremos siendo una comunidad singular, junto a otras 17 también singulares, es decir, que seguiremos siendo, una comunidad más, la ‘pagafantas’ y, encima, seguiremos siendo criticados por todas ellas, por insolidarios.