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La política del señuelo, o el efecto señuelo, es una estrategia manipuladora basada en la alteración del marco situacional, para que la ciudadanía y los potenciales votantes, se vean arrastrados a sustituir sus anteriores ideales y necesidades, por nuevas ‘exigencias’, artificialmente creadas a tal fin.
En la industria, especialmente la alimentaria, está muy consolidada dicha estrategia, por ejemplo, presentando tres formatos (pequeño, mediano y grande), en el que el precio del formato mediano está muy próximo al mayor y, así, los clientes y consumidores, tendemos a inclinarnos por comprar el formato mayor, que, obviamente, es el de un precio más elevado; en definitiva, ya que, a pesar del mayor coste, parece la mejor oferta.
Pues bien, si nos fijamos en la estrategia oportunista de Pedro Sánchez, constatamos que es un hábil equilibrista y un tahúr de la política de los señuelos. Ahora bien, es preciso destacar que, en realidad, todos los políticos, sin excepción, intentan manipular las noticias y situaciones, buscar el momento más adecuado para sus beneficios personales y partidistas. Pero, como expondré, aplicar esa política desde el poder, es un abuso sin parangón.
Solo hace falta destacar dos ejemplos más que significativos:
1 –
El 24 de abril del 2024, Sánchez envió una carta a toda la ciudadanía, comentando que cancelaba su agenda pública, durante unos días, para reflexionar sobre su conveniencia de continuar en el cargo de presidente del gobierno. En esa carta, señaló que:
‘(…) la gravedad de los ataques que estamos recibiendo mi esposa y yo, y la necesidad de dar una respuesta sosegada
(…) como ya sabrá, y si no le informo, un juzgado de Madrid ha abierto diligencias previas contra mi mujer, Begoña Gómez (…) para investigar supuestos delitos de tráfico de influencias y de corrupción en los negocios.
(…) esta estrategia de acoso y derribo lleva meses perpetrándose
(…) y yo, no me causa rubor decirlo, soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer
(…) todo ello me lleva a decirle que seguiré trabajando, pero que cancelaré mi agenda pública unos días para poder reflexionar y decidir qué camino tomar. El próximo lunes 29 de abril, compareceré ante los medios de comunicación y daré a conocer mi decisión (…)
Tras 5 días totalmente aislado, y con la ciudadanía y medios de comunicación en vilo, Pedro Sánchez manifestó que había decidido continuar y con más fuerza. Pero lo que me interesa resaltar es que desde el propio partido (PSOE), durante esos días, se efectuó una gran campaña de apoyo a su líder ‘por amor a la democracia’; y, a tal fin, organizaron campañas y manifestaciones con el lema ‘Pedro quédate’. Y, como el uróboro (el pez que se muerde la cola), Sánchez, en su reaparición, señaló que ‘la movilización social ha influido decisivamente en mi reflexión’.
Pues bien, esa acción de señuelo, entre los días 24 y 29 de abril, ‘casualmente’, cuando el president de la Generalitat de Catalunya, Pere Aragonés (ERC) había convocado elecciones el 13 de marzo; elecciones que se realizaron el 12 de mayo, es una forma de manipulación.
Y, claro, ese señuelo trampa de Sánchez, influyó notablemente, en la campaña electoral mencionada, ya que el tema central pasó a ser la defensa de Sánchez, de su esposa, y del ‘summum corda’, y de la bondad y necesidad de que Sánchez siguiese en su cargo, en la Moncloa.
Así, en ese caldo de cultivo, su monaguillo Salvador Illa, centrando su campaña, fundamentalmente en Pedro Sánchez, y olvidando los problemas de los catalanes, consiguió ganar las elecciones, obteniendo un 27,96 % de los votos y 42 diputados. Es decir, muchos más que Junts (21,58 % y 35 diputados) y ERC (13, 65 % y 20)
A nadie se le escapará que esa estrategia señuelo, diseñada con un pensamiento español, si bien, con ramificaciones y tentáculos en las diferentes comunidades autonómicas, en especial, en la catalana, por estar inmersa en plenas elecciones; fue una pérfida y putrefacta estrategia. Y, obviamente, ese tipo de estrategias distan mucho, muchísimo, de los fundamentos de una democracia plena, como les gusta considerarla.
Así que, esa estrategia señuelo, manipulando el marco situacional, para enfocarlo en un aspecto inicialmente marginal e, incluso, hasta cierto punto ajeno, evidentemente es una clara muestra de falta de democracia y, también, de ética y de moral.
2 –
El segundo ejemplo lo tenemos estos días, con la campaña iniciada por Pedro Sánchez, con su ‘No a la guerra’, que, como comenté, es un punto de encuentro de los demócratas, ahora bien, me parece que está utilizada y diseñada con fines pretendidamente electoralistas, ya que, incluso esta mañana, en el informativo de RAC1, han afirmado que:
‘fuentes próximas a la Moncloa han informado que, a pesar del run run generalizado en diferentes medios y círculos, el gobierno no piensa adelantar las elecciones, que se realizarán al agotar la legislatura, el próximo 2027; y únicamente se decidirían a adelantar las elecciones, si las encuestas presentasen expectativas abrumadoramente positivas’
Por lo tanto, es un ‘no pero sí’, que, a mi modo de ver, confirma el trasfondo electoralista, que lo determina todo.
Y esa nueva muestra de política señuelo, obviamente, tiene su efecto, como hemos visto oír al represor Salvador Illa, que, además de hacer de monosabio respaldando la política de su jefe, ya ha empezado a señalar que, si ERC y Junts no le votan sus presupuestos generales, convocará elecciones anticipadas.
Con estos dos ejemplos, vemos que, efectivamente, los pseudo-ciudadanos, considerados y actuando como simples vasallos, de forma mayoritaria y acrítica, se inclinan por opciones alejadas de sus propios intereses, es decir, que, ‘precio por precio’, como en el ejemplo del formato mencionado más arriba, se inclinan por el formato mayor y más caro, el más promocionado, es decir, por votar a un personaje como Pedro Sánchez y a sus discípulos, que, por cierto, no le llegan ni a la suela de sus zapatos de equilibrista saltimbanqui.
Y así, mayoritariamente, se opta por acabar comprando y consumiendo todo tipo de comida basura, prescindiendo de las recomendaciones y prescripciones de los especialistas nutricionistas o, en el caso que nos ocupa, a votar a personajes represores, como nos mostraron en el 2017, y nos siguen mostrando hoy día.
Sobre el particular, Ot Bou Costa, en su artículo titulado ‘Un equilibrio difícil con Sánchez’, nos recuerda el caso de Mark Carney, primer ministro canadiense, que el pasado mes de enero, en una conferencia en Davos, señaló que:
‘(…) el orden mundial de la segunda mitad del siglo XX había sido, en la práctica, un decorado de convenciones y de conveniencias, que las grandes potencias lo habían ido destruyendo con la hipocresía de las dobles varas de medir y que era necesario despertarse.
El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando una sola persona deja de actuar así, cuando el frutero retira su rótulo, la ilusión empieza a erosionarse. Ha llegado el momento de que las empresas y países retiren sus carteles’.
Ot Bou comentó, asimismo que ‘el discurso de Carney fue recibido como un toque der atención inspirador para todos los viejos socios de los EUA que ahora se sienten amenazados por Donald Trump (…) pero, dos meses después, fue de los primeros en aplaudir el ataque a Irán (…)’
(Vilaweb, 6 de marzo 2026)
Pero ese discurso de Carney, que encandiló a muchos, durante unos días, no causó ningún efecto en su país, Canadá, pues allí le conocen y saben de sus medidas desfavorecedoras de los colectivos minorizados, ya sean los indígenas, o los quebequenses.
En definitiva, que deberíamos ser más racionales y honestos, y procurar estar mejor informados, para no picar en los diversos señuelos que, interesadamente, nos van lanzando desde los diferentes poderes, para que les votemos, y después, pasar olímpicamente de todos nosotros.