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Per aspera ad astra (hacia las estrellas a través de las dificultades)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Hoy, 1 de febrero, ya hemos pasado el mes de enero, y si ese aperitivo del 2026 es representativo de todo el año, es para salir corriendo sin mirar atrás, pues, a ese paso, las dificultades nos impedirán llegar a las estrellas, y seguiremos en el actual lodazal; y sobre todo eso, a continuación, hago algunas elucubraciones.

Hoy he oído un programa radiofónico que se ha centrado en la huelga de tranvías de Barcelona, iniciada el 1 de marzo, hasta el 6 de ese mismo mes, de 1951, presentando esa importante manifestación, como un gran inicio contra el franquismo. Pero sabemos que, a pesar de haber frenado inicialmente el aumento de las tarifas, la crisis social no mejoró en absoluto, ya que del 14 al 25 de enero de 1957, se repitió ese mismo boicot ciudadano.

Esas huelgas, iniciadas anónimamente, y seguidas de forma masiva, surgieron desde la base y, como pasa siempre, con posterioridad se añadieron los partidos políticos y los sindicatos, reflejándose, por lo tanto, el escaso contacto y empatía de esas organizaciones, para respaldar, desde su origen, a los movimientos populares.

Y a pesar de que la situación actual, en general, sea tan diferente, esa desconexión no ha cambiado, en absoluto, como tampoco ha cambiado la represión del estado español, pues, a modo de ejemplo, tras 20 años de la ley de restitución aprobada en el congreso de los diputados, en noviembre del 2005, el archivo de Salamanca sigue sin devolver los 34.000 documentos pendientes, expoliados de Catalunya, tras nuestra derrota en 1939.

Y si bien es verdad que esos documentos que todavía no han sido devueltos, apenas son el 5% del total robado, son significativos y relevantes; y ese proceder ilegal, nos muestra la total impunidad de los vencedores, aún contraviniendo las leyes democráticas; es decir, un precedente del incumplimiento de la ley de la amnistía, por parte de unos jueces en rebeldía. Y no pasa nada, claro.

Como tampoco pasa nada, al incumplir la obligatoriedad, constitucional, de la presentación y acuerdo anual de los presupuestos generales del estado. Y no pasa nada, incluso así, Pedro Sánchez y Salvador Illa, siguen gobernando, y de forma más libre, ya que no tienen ningún tipo de control parlamentario al respecto. Que la ciudadanía no tenga los servicios necesarios, pasa a un segundo o tercer nivel, ya que los incrementos puntuales y específicos, son para tapar los agujeros que esos mismos políticos consideran como más perentorios.

La psicóloga Hedwig von Restorff (1906 – 1962), describió el efecto que lleva su nombre, para explicar que nos acordamos más y mejor de los aspectos u objetos que son realmente diferentes, mientras que los que son parecidos entre sí, son olvidados más fácilmente; así funcionan nuestra percepción y memoria.

Por eso, las mencionadas huelgas de tranvías ya no son apenas recordadas por nadie, como la represión del 1 de octubre del 2017, pues se han normalizado en la tradicional acción represiva de los diferentes gobiernos, de todos.

Unas minorías pueden destacar dichos hechos, recordarlos y reivindicarlos, pero ni así, esos esfuerzos acaban teniendo el valor pedagógico preciso.

El mencionado efecto Restorff, también denominado ‘el efecto aislamiento’, destaca el ‘efecto de la posición seriada’, el ‘efecto extrañeza’, etc., pues los aspectos de la singularidad, la individualidad, teóricamente, son o deberían ser más relevantes en nuestra percepción y memoria.

Ahora bien, desde hace décadas, ‘curiosa e interesadamente’, esos aspectos destacables, han perdido su valor, y supongo que es debido a los ‘daños colaterales’ (o, mejor dicho, buscados expresamente) de la hiperinformación, las fake news, etc.

Así, casos de heroica individualidad, como, por ejemplo, la efectuada en su momento por Lluís María Xirinacs i Damians (1932 – 2007), ahora, salvo honrosas excepciones, si alguien los recuerda, lo hace de forma jocosa y despreciativa. Otros ejemplos recientes, lo tenemos con los pequeños grupúsculos de manifestantes recordando la represión del 2017, que también son (somos) criticados por ‘hiperventilados’, ‘ilusos’, ‘soñadores’, etc.

Ahora bien, cuando el elemento distorsionador ostenta el poder, como el ególatra y narcisista Trump, tiene una repercusión mediática, tan desmesurada, que sobrepasa, excesivamente, el foco en cuestión; y nos hace incapaces de darnos cuenta de que la sucesión de noticias, al estilo del ‘más difícil todavía’, tienen un claro objetivo, que es el de hacernos olvidar las desgracias anteriores, pues la parida de hoy, tapa y hace olvidar la anterior. A eso podríamos llamarlo efecto cebolla, por sus diferentes capas; pero, claro, eso no tiene ningún glamor.

En definitiva, en estos momentos ni la soledad y la individualidad, tienen valor, como, metafóricamente, explicó Hans Christian Anderson (1805 – 1875), en su cuento titulado ‘Grantraeet’, (El árbol de Navidad), publicado en 1844, que tiene el siguiente argumento:

‘Un abeto pequeño se lamenta por su escasa altitud y ve como otros árboles lo tapan, y después, son usados como mástiles de veleros o fuertes vigas. Un día, una familia lo tala y lo usa como árbol de Navidad. Lo llenan de guirnaldas, ponen juguetes en su pie, y lo coronan con una estrella. Explican historias cerca de él y los niños están contentos de verle.

Al pasar Navidad, si bien el abeto espera que se repita la fiesta, los familiares lo llevan al altillo, lleno de ratas, y, cuando ya ha perdido gran parte de su vida, lo cortan para hacer leña’.

Todos estamos perdidos en el falso ‘carpe diem’, pues, en realidad, ni siquiera aprovechamos el momento, más bien, desperdiciamos el tiempo, con las excusas más tontas e infructuosas, y esa es la verdadera rueda del hámster, en la que corremos y corremos, sin llegar a ningún lugar ni conseguir nada, salvo agotarnos.

Los unionistas se reían del procés de independencia, precisamente, con esa denominación de la rueda del hámster, cuando la realidad es que esa rueda es la del reino español, en la que los españoles (y muy españoles, como dijo M. Rajoy), se sienten tan a gusto; y de la que los independentistas catalanes queremos huir.

En fin, no se me ocurre ninguna moraleja ni ninguna conclusión sobre todo lo expuesto, únicamente la convicción y el deseo, de conseguir la República Catalana, y empezar de cero, desechando tanto los ejemplos de los estados que nos rodean, como el fulgor puntual de ciertos momentos y personajes, pues, como apunté en mi escrito de ayer, estamos dominados por el lado oscuro de la Luna. Y, si seguimos así, está claro que nunca llegaremos a las estrellas, por más que, aparentemente, nos esforcemos. Y, de ese modo, también será falso el lema ‘Per aspera ad astra’, que he citado al inicio.