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¿Plurinominales en riesgo? Entre la pluralidad democrática, perfiles técnicos y sus claroscuros legislativos

Por Jorge Ortiz Ceballos

En medio de una creciente discusión sobre una posible reforma electoral en México, los diputados plurinominales se encuentran en el ojo del huracán. Mientras algunos sectores demandan su eliminación bajo argumentos de austeridad y baja productividad, otros defienden su existencia como un pilar de la pluralidad democrática, la representación de minorías y la profesionalización del Congreso.

Representación proporcional: más voces en el Congreso

La figura del diputado plurinominal fue incorporada al sistema político mexicano en 1977, con el propósito de corregir la sobrerrepresentación de los partidos dominantes en el sistema de mayoría relativa. Hoy en día, 200 de los 500 diputados federales son electos por esta vía (el 40% del total), y su papel ha sido esencial para garantizar que fuerzas políticas con menor respaldo electoral territorial también tengan un espacio legítimo en la toma de decisiones nacionales.

En la actual legislatura (LXVI), partidos como Movimiento Ciudadano (26 de sus 27 diputados) y el PRI (26 de 36) deben su presencia principalmente a este mecanismo. Sin él, su participación legislativa sería casi nula.

Contrapeso institucional y pluralidad

Más allá de los números, los plurinominales cumplen una función clave: evitar la concentración de poder en un solo partido. En democracias jóvenes como la mexicana, su presencia ha sido un freno frente a los intentos de instaurar “mayorías artificiales” que aprueban reformas sin oposición real.

Además, la representación proporcional ha permitido que el Congreso se convierta en un espacio más plural, más incluyente y con mayor especialización técnica.

Perfiles técnicos: un valor estratégico para el Congreso

Un punto poco mencionado en el debate es la calidad técnica y académica de muchos diputados plurinominales. Diversos estudios indican que los partidos políticos suelen colocar en sus listas a perfiles con posgrados, trayectoria en el servicio público, academia, justicia, activismo social o políticas públicas.

Por ejemplo:

  • Más del 50% de los presidentes de comisiones especializadas tienen estudios de posgrado (maestría o doctorado).
  • En áreas estratégicas como seguridad, justicia, salud y equidad de género, hasta el 42% de los integrantes son plurinominales.
  • Estas personas no siempre tendrían posibilidades de ganar una elección territorial, pero su conocimiento enriquece los debates y fortalece el diseño de políticas públicas.

Así, los plurinominales funcionan no solo como representación política, sino también como reserva técnica legislativa, crucial para profesionalizar el trabajo del Congreso.

Las sombras del sistema: baja productividad y débil conexión ciudadana

A pesar de su importancia institucional, los plurinominales también enfrentan cuestionamientos legítimos. Un análisis de la LVII Legislatura mostró que en tres años:

  • Presentaron solo una iniciativa de ley y unos 350 puntos de acuerdo.
  • Varios diputados no presentaron ningún documento legislativo.
  • El promedio por legislador fue menos de dos documentos en todo el periodo.

A esto se suma un mayor ausentismo en votaciones y menor participación en comisiones, comparado con sus colegas de mayoría relativa. Además, al no representar distritos específicos, tienen menos incentivos para rendir cuentas ante la ciudadanía.

Desde una óptica de costo-beneficio, también se han señalado: 446 millones de pesos anuales es el costo estimado de los plurinominales para el erario, frente a una producción legislativa limitada en términos cuantitativos.

¿Eliminar o reformar?

Una encuesta reciente revela que 59% de los mexicanos apoya reducir el número de legisladores, lo que ha alimentado la narrativa de que eliminar plurinominales haría más eficiente al Congreso. Sin embargo, especialistas advierten que esto socavaría los principios de pluralidad y representación que han permitido la evolución democrática del país.

En lugar de eliminarlos, la opción más sensata parece ser reformar su mecanismo de selección y desempeño: establecer evaluaciones, exigir transparencia, mejorar sus obligaciones de rendición de cuentas y fortalecer su compromiso legislativo.

Los diputados plurinominales representan una pieza compleja pero necesaria del sistema democrático mexicano. Han permitido que voces diversas —de partidos pequeños, de sectores minoritarios, de especialistas técnicos— tengan un espacio en el Congreso. Aportan al equilibrio de poderes, a la profesionalización del trabajo legislativo y a la calidad del debate parlamentario.

Sin embargo, también es innegable que deben mejorar su desempeño, su productividad y su cercanía con la ciudadanía. El reto no es desaparecerlos, sino hacerlos más eficientes, transparentes y responsables con el mandato democrático que representan.