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Preguntas básicas que deberíamos respondernos los independentistas catalanes

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Me parece interesante destacar un par de artículos recientes que, a mi modo de ver, tienen en común la necesidad que tenemos los independentistas catalanes, de definirnos (mejor dicho, redefinirnos), como colectivo, ya que, si no somos capaces de conocernos, no podremos avanzar, o avanzaremos hacia un lugar no deseado, pues, como dice un refrán, atribuido a Lucius Annaeus Séneca (4 a.C. – 65): ‘ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige’. A continuación, hago referencia a esos dos escritos.

1 – Artículo de Joan Rovira, titulado ¿Son independentistas los partidos independentistas? (elmon.cat, 05 de abril 2026). En este artículo, el autor se plantea algunas preguntas y señala algunos comentarios al respecto:

‘(…) ¿Es independentista todo el que dice que es independentista?, ¿lo son igual o menos que antes?, ¿más que antes?, ¿lo eran antes o sólo lo parecían?, y apunta que ¿cuándo es ‘antes’?, pues hemos mantenido inalterada la terminología política del 2017, como si no se hubiera movido nada. Y no es así.

¿Qué es preciso ser para ser independentista de verdad? Pues eso es menos obvio de lo que parece. Pues, puede darse el desear o querer (que no es bien lo mismo) la independencia de Catalunya es esta vida y no en el Reino de los Cielos. 

El espectro político, que cada vez más se limitará al eje España / Catalunya, tiene un abanico de matices. El españolismo es un bloque clarísimo, con diversos grados, desde el fascismo desacomplejado de brutalidad casposa hasta el escapismo progresista-republicano y regionalista, donde situaríamos PP, Vox, PSC/PSOE y el ectoplasma de los Comunes, más los sindicatos políticos del régimen, como UGT y CCOO, (…) pues su órbita es, indudablemente, el centralismo colonialista madrileño.

(…) El catalanismo sería otro bloque, a pesar de que ya no sabemos bien qué es e incluso dudamos de lo que era. Aquí tenemos el procesismo-regionalismo, que también puede acoger a los autonomistas, signifiquen lo que signifiquen, a pesar de que todo eso es la nostalgia de un sueño frustrado, como el federalismo. Aquí podríamos poner a Junts, ERC y la CUP, con sus contradicciones y discursos inflamados, pero atrapados en la maquinaria colonial y en la política de la metrópoli española. (…) ¿Podríamos etiquetarlos como independentistas de palabra e incluso de intención, más que de hechos?

¿Dónde ponemos Òmnium, la ANC, el Consell de la República o otros planetas del sistema solar en fase de colapso? Independentismo formal, ritual y crepuscular, probablemente sí, con tonos muy diferentes.

¿Dónde situamos AC?

(…) Sin embargo, está muy claro dónde se sitúa el abstencionismo de la revolución pendiente, en el independentismo frustrado, fastidiado, empreñado y traicionado. Si esto tendrá o no traducción política viable, también ya lo veremos. Pero quizás es el bloque más rotundamente independentista de todos. (…) Cada uno es libre de situarse allá dónde le parezca y sus hechos confirmarán o contradirán sus posicionamientos.

(…) Empezar por etiquetar claramente quién es y quién no es independentista, respetando la libertad de todos, es una manera modestísima de buscar salida. Sin apedrear a nadie, sin permitir que nos tomen más el pelo. Puede ser un buen principio. Y después, pasito a pasito, vayamos haciendo cosas claras, sumando cosas claras, construyendo cosas y complicidades claras y quizás llegaremos a algún lugar en un término razonable. Es preciso empezar modestísimamente, de forma humilde, para saber cómo se llama cada cosa. Puede ser más revolucionario de lo que parece’.

2 – Artículo de Toni Soler, titulado ¿Quién somos nosotros? (Ara, 12 de abril 2026). En este escrito, el autor efectúa las siguientes elucubraciones:

‘Se suele citar la parida de Pío Cabanillas que, en los últimos años de la Transición, a la salida de un tempestuoso congreso de UCD, dijo: ‘Hemos ganado, pero no sabemos quiénes’. En la política catalana actual pasa una cosa similar cuando se habla de unidad. Queremos unidad, pero no sabemos de quién. Sabemos que nos hemos de unir, pero no sabemos a qué o a quién nos referimos cuando hablamos de nosotros.

Unidad es una de aquellas grandes palabras que, como progreso o libertad, acaban siendo conceptos vacíos que son manipulados por la clase política. En general, cuando un líder preconiza la unión, la concibe como una concentración de fuerzas entorno a él mismo. Y esto, claro, no tiene nada que ver con la unidad auténtica, que implica aproximación mutua, la cesión.

Soy de los que piensan que la unidad es un falso dogma que se suele contraponer a la división, cuando su contrario, de hecho, es la pluralidad. Y en democracia, la pluralidad es necesaria. Es el punto de partida para conseguir consensos, las mayorías amplias: otra clase de unidad, que no implica uniformidad y que no genera vetos.

(…) Para llegar a acuerdos, se han de relajar las líneas rojas. Si ERC y Junts pretenden que esa mayoría adopte como condición previa el referéndum de autodeterminación, no se saldrán. No tienen fuerzas suficientes. Si el PSC, por el contrario, impone como línea roja el respeto al Estatut y a la Constitución, mejor que se busquen la vida con el PP y Vox. Los partidos soberanistas pueden renunciar, temporalmente, a la autodeterminación, pero si lo único que se les ofrece es el mantenimiento de una autonomía precaria e infrafinanciada, se negarán.

(…) Unidad -en este caso, independentista- también es lo que reclama Junts a sus antiguos socios de ERC. Es un anhelo legítimo que se inspira en los potentes partidos nacionalistas del Quebec y Escocia. Pero parece que ni Junts ni ERC están en una posición suficientemente sólida para pensar en aventuras. Han de poner orden, cada uno en su casa, antes de plantearse la creación de un nuevo partido, que exigiría nuevos liderazgos, y borrar una década de agravios y críticas mutuas.

(…) Todas estas propuestas ‘unitarias’ tienen un mismo origen, que es el miedo a una mayoría del PP y Vox en el Parlamento español. ¿Cómo se ha de responder a esta amenaza?, ¿cómo la hemos de combatir nosotros? Y ¿quién somos nosotros? Quizás empecemos por aquí’. 

Yo no estoy de acuerdo con algunos planteamientos y respuestas de esos autores, pero me parece que ambos plantean, con claridad, la necesidad de definirnos, de redefinirnos, pues eso es elemental para conseguir la unidad necesaria entre los partidos teóricamente independentistas. Por eso, me he permitido reproducir ambas reseñas, ya que me parece que deberíamos pensarlas y contestárnoslas, pues, de acuerdo con la cita de Séneca, que he introducido al principio de este escrito: ‘ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige’.

A modo de ejemplo, en la concentración de ayer, en Meridiana Resisteix, para recordar y honrar al joven anarquista y activista asesinado, Guillem Agulló i Salvador (1974 – 1993), al final del acto, a modo de agradecimiento a los jóvenes de la ANC que asistieron, se gritó: ‘sin juventud no hay revolución’. Y, en gran parte es así, pero no solo, pues somos necesarios todos, es decir, la citada unidad en todos los planos. Y, es más, no podemos pretender que la juventud haga ‘nuestra revolución’, y que la haga a ‘nuestra manera’. Como he repetido en varias ocasiones, los jóvenes, en su momento, si lo consideran oportuno, harán su propia revolución, de acuerdo con sus criterios, y los mayores deberemos apoyarles, no dejarlos tirados y criticarlos, como pasó los primeros días de octubre del 2017, tras los ‘hechos de Urquinaona’.

Efectivamente, todo es complejo, pero, volviendo al mencionado Séneca, sería preciso que pensáramos en los siguientes aforismos, pues, con toda seguridad, nos ayudarán a respondernos, sin apriorismos, las preguntas e inquietudes planteadas por los dos autores citados: Joan Rovira y Toni Soler: 

  • ‘No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho’;
  • ‘La vida es larga si sabes cómo usarla’;
  • ‘No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas’;
  • ‘La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo’;
  • ‘A menudo, el hombre se atormenta por lo que nunca sucede’.