
amadeopalliser@gmail.com
En la actualidad es difícil llegar a tener pleno conocimiento de alguna cosa o acontecimiento, siempre nos falta información, o estamos confundidos por pseudo-informaciones, o contra-informaciones, por más que nos interesemos en buscar fuentes de confianza. Y así, nuestras opiniones valen lo que valen, es decir, bien poco o nada. Y es una triste y penosa situación, claro.
Los trampantojos (trompe-l’oeil) son engaños, trampas para los ojos (mejor dicho, para las células cerebrales), mediante los recursos de claroscuros y forzadas perspectivas, que nos producen determinadas ilusiones ópticas. En el arte, esa técnica está muy estudiada y aplicada desde hace siglos. Y, claro, en las relaciones sociales y en el ámbito político, ese fenómeno engañoso, de aparentar lo que no se es, también ha sido moneda de uso corriente desde los albores de la civilización, ya que la sociabilidad exige cierto nivel de engaño (y de autoengaño), pues éste actúa como un pegamento.
Un ejemplo de trampantojo lo tenemos hoy con el circo montado por Donald Trump, pues si bien todo el mundo reconocemos que es positivo que se dejen de tirar bombas contra la ciudadanía palestina, me parece evidente que el discurso de Trump en el Knéset, el parlamento israelí, ha sido un claro ejercicio de prepotencia, de alarde del militarismo y de la fuerza, y me ha quedado claro que más que un pacto de paz, ha representado un circo de prepotente victoria, pues estar ausentes los representantes de Hamás (incluso, hasta última hora parecía que no habría representantes del gobierno de Israel, pero Netanyahu no ha querido perder su momento de gloria) ha sido una demostración de la debilidad del fondo del acuerdo.
¿Cómo puede ser un acuerdo de paz, si Trump ha hecho alarde de las grandes y potentes armas que tienen los EUA, y que espera no utilizar nunca; y ha alabado a generales israelís, y diciendo que entre militares se entienden bien?, y claro, los diputados y asistentes, riendo y aplaudiendo las ocurrencias del amo Trump, sin el menor espíritu crítico.
Por eso, me parece un trampantojo, nos quieren hacer creer que han conseguido una paz eterna, para la zona; cuando, en realidad, a mi modo de ver, no pasa de ser un acto de marketing político, muy bien ejecutado; y con la aquiescencia de numerosos líderes políticos, deseosos de salir en la foto.
Y es sabido que cuando al vencido se le humilla, lo que se consigue es incrementar su odio; pues los sentimientos funcionan como los vasos comunicantes; y las tensiones siempre acaban encontrando su escapatoria.
Pero espero estar equivocado, como casi siempre, y que esta paz se consolide y fructifique.
Ogro ejemplo, lo tuvimos ayer, viendo el besamanos en la Zarzuela, más de un millar de personajes, congratulando a la familia real, en su día de las fuerzas armadas / hispanidad / fiesta nacional, pues me pareció una clara muestra de prepotencia y humillación, máxime al ver al president de la Generalitat, entre esos súbditos agradecidos, haciendo cola para mostrar su mejor cara de súbdito satisfecho.
Por todo eso, me preocupa la incerteza que nos imponen los poderosos, que, controlando las redes sociales, encima nos quieren dar la sensación de que tenemos cierto margen de maniobra, de libertad, cuando la realidad es que somos y actuamos como sus subproductos desean y nos tienen fijado un trampantojo de libertad, así como un trampantojo de conocimiento.
Un reciente ejemplo de la fragilidad de mis informaciones y opiniones, fue la información sobre la publicación del libro de Eva Piquer, ‘Difamació’, que comenté y defendí hace unos días. Pero ayer, al leer el artículo de Àstrid Bierge, titulado ‘Difamadora de difamador’ (Elmon.cat, 12 oct.), me hizo entrar todo tipo de dudas, de incertidumbres, ya que la libertad de expresión, mal que nos pese en algún momento, siempre ha de prevalecer sobre ciertos comportamientos victimistas.
Es sabido que precisamos ciertas ‘seguridades’ para mantener nuestro aparente autocontrol, dentro del marco y del margen que nos permiten los que dominan el tablero de juego; pues esas seguridades, aunque sean falsas (trampantojos), configuran nuestro sistema y nuestra aparente calidad de vida.
De todos modos, siempre nos queda la ciencia, la tecnología, como último reducto de fiabilidad, aunque, como todo en esta vida, está manipulado tendenciosamente. Si bien hay espacios que aún nos merecen confianza, como hoy, que la oncóloga me ha telefoneado para darme una buena noticia, al decirme que el tratamiento radiológico ha funcionado bien, y que mi cáncer, ha sido superado.
En definitiva, aunque estemos en pleno Mar de los Sargazos, con ataques de todo tipo, aún tenemos un cierto margen para ir respirando, y debemos aprovecharlo, con plena consciencia para ir ponderando, adecuadamente, los diferentes inputs que nos llegan y con los que nos bombardean, para anular nuestra capacidad crítica.