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Como sabemos, a nivel general, las situaciones de equidad son pura teoría, ya que la práctica, en todos los órdenes de la vida, nos muestra la predominancia de la desigualdad, del desequilibrio y, por lo tanto, las relaciones que se producen suelen ser asimétricas, como intento explicar a continuación.
Hay un principio general, que se puede reflejar con el refrán que dice que ‘el pez grande se come al pez chico’, ahora bien, no siempre sucede así, como vimos ayer, por ejemplo, en las elecciones húngaras, con la victoria aplastante del líder opositor Péter Magyar (Tisza, 138 escaños), poniendo punto final a la época del ultraderechista Viktor Orbán (Fidesz, 55 escaños); a pesar de tener, éste, el claro apoyo de Trump, Putin, Netanyahu, Vox, etc.
Asimismo, otros ejemplos en ese sentido van desde:
- la lucha bíblica entre el pastor israelita David y el gigante filisteo Goliat; y
- saltando muchos siglos, vemos los resultados espectaculares de las actuaciones de los drones (vehículos aéreos no tripulados, VANT, o UAV, en inglés), versus los cohetes y misiles tradicionales.
Estos ejemplos nos demuestran que no todo depende, exclusivamente, del tamaño, ya que intervienen otros factores, no menos importantes, como la agilidad y la rapidez (la velocidad, sobre el tamaño) la innovación y la unión, los cambios de paradigmas y de estrategias, etc., que nos confirman que la capacidad de adaptarse, rápidamente, a las nuevas exigencias, es más importante que el mero tamaño absoluto. Tenemos ejemplos que nos muestran que, a veces, ‘el pez chico se come al grande’.
Otros ejemplos de relación asimétrica, los tenemos con los ataques de Putin contra Ucrania, de Trump contra Irán, de Netanyahu contra Palestina, etc., que, evidentemente, a corto y medio plazo, comportan grandes destrozos y matanzas, pero, a largo plazo, los resultados pueden ser diferentes, ya que el odio que siembran, no se olvidará en generaciones.
También recordamos el resultado de la guerra de los EUA contra Vietnam del Norte (1955 – 1975), ya que las acciones de defensa, el mayor conocimiento del propio territorio, y la colaboración fraternal, confieren un plus importante, no solo moral y ético.
Por eso, la falta de simetría, de equilibrio o igualdad, me parece que son predominantes en todos los conflictos de intereses, también en las relaciones sociales: inmigrantes vs nativos; clases dominantes vs desfavorecidos; machismo patriarcal vs feminismo; empresarios vs trabajadores; padres vs hijos; etc. Y esas asimetrías siempre comportan desigualdad, desproporción, irregularidades, anomalías, etc. No en vano el término ‘asimetría’, etimológicamente, viene del griego ‘asymmetria’: sin medida o falta de correspondencia.
En definitiva, las relaciones asimétricas se caracterizan por una distribución desigual de poder, recursos, conocimientos, etc., que comportan una falta de reciprocidad entre lo que se da y lo que se recibe. Pero, con escasas excepciones, la responsabilidad recae en el que tiene más poder, que suele ser el agresor, sea el ámbito que sea.
Pues bien, centrándonos en el conflicto entre el estado español y Catalunya, nos encontramos, exactamente, en una confrontación asimétrica, ya que el reino español ha usado y usa, y ha abusado y abusa de todos sus poderes (legales e ilegales) para eliminar económica e ideológicamente, al ‘enemigo catalán’: independentistas y unionistas (éstos como daños colaterales).
Y esos poderes se han dedicado, asimismo, en conseguir el ‘divide et impera’ (divide y vencerás), como ya escribió Sunzi en el siglo VI a. C., en su ‘Arte de la guerra’: ‘la segunda mejor política, después de desbaratar la estrategia del enemigo, es romper sus alianzas’. Y esa estrategia, favorece, asimismo, el efecto denominado ‘tertius gaudens’ (tercero riendo), es decir, que un tercero se aprovecha del conflicto entre las dos partes. Y, tristemente, esos ‘terceros riendo’, en nuestro caso, con el tiempo, han acabado siendo algunos de los antiguos aliados (partidos políticos trashumantes ideológicamente).
Con todo, el resultado actual que padecemos los independentistas, es el de equivocarnos, nuevamente, y considerarnos pequeños, e incluso irrelevantes y, por lo tanto, fuera de lugar y de época. Y así, divididos y enfrentados entre nosotros, y desmoralizados y desmotivados, efectivamente, no conseguiremos nada; por lo que la estrategia del poder central habrá ganado.
En definitiva, y asumiendo todo lo expuesto, los independentistas deberíamos aprovechar nuestras fortalezas, que son muchas, principalmente, el conocimiento personalizado de cada uno de los contextos y, por lo tanto, una mayor flexibilidad para adaptarnos a sus necesidades específicas, pues, el conocimiento de los deseos y necesidades de las bases, y saber y poder representarlas, es fundamental en todo movimiento social y democrático. Y otras fortalezas para definir nuestras acciones estratégicas, son, precisamente, la proximidad, el conocimiento mencionado, y la agilidad en las reacciones.
Por todo ello, después de nueve años, desde el referéndum del 2017, que efectuamos y ganamos, me parece que no están justificados ni el complejo de inferioridad, ni la depresión post-traumática que padecemos; y que es lo que pretende la ‘normalización’ del represor Illa, que busca mantenernos en esa fase catatónica social (expresión que define un síndrome neuropsiquiátrico grave).
Así que ya va siendo hora de que reaccionemos, masiva y estratégicamente. Y eso, en gran parte depende de todos nosotros, para demostrarles que, al final, ‘el pez chico acabará comiéndose al grande’.