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El pasado miércoles 17, Salvador Illa y buena parte de su equipo de gobierno, ‘celebraron’ la Diada de Catalunya en Madrid, para divulgar su mensaje de ‘convivencia y solidaridad’, e incluso, se reunió con monseñor Luis Argüelllo, presidente de la conferencia episcopal española. Y en los actos efectuados, Salvador Illa argumentó que ‘la inmensa mayoría de los catalanes queremos mirar hacia adelante y no hacer ningún paso atrás’. Y eso me recuerda la película que apunté hace un par de días, citando a Manuel de Pedrolo, ‘Section spéciale’, dirigida en 1975 por Konstantínos (Costa) Gavras, en la que se dice: ‘aquí es un soldado del ejército de ocupación, y cuando forma parte de un equipo de ejecución dispara’; y, a mi modo de ver, esa es la mejor definición – descripción del actual president de la Generalitat.
Esa reunión mencionada, con motivo del centenario del nacimiento del jesuita José Martín Patiño, organizado por la Fundación Pablo VI y la Cátedra Martín Patiño de la Cultura del Encuentro de Comillas, fue para potenciar ‘el valor del diálogo como herramienta de convivencia’. Diálogo en el doble sentido (para defender a su jefe Sánchez), pues Argüello había llegado a pedir elecciones generales.
¿Cómo sabe Salvador Illa (155) lo que queremos la inmensa mayoría de catalanes?, si más de 2 millones expresamos nuestro deseo de independencia (y siempre nos tiene olvidados, marginados).
Y claro, que él sea un católico-apostólico y romano practicante, no le debería hacer olvidar que, como president de la Generalitat, y desgraciadamente, todavía representante del estado español, ha de postular el laicismo y la aconfesionalidad (como determina su constitución española) y, por lo tanto, sus contactos con representantes religiosos, si quiere tenerlos, deberían ser con los de todas las confesiones, incluída la musulmana, claro, pues, en Catalunya tenemos muchos ciudadanos con esa religión.
Y todo eso me corrobora, de nuevo, que Sánchez e Illa, viven de espaldas a la realidad sociológica catalana, que sólo atienden, cuando precisan pactar sus respectivas investiduras, y, después, ‘si te he visto, no me acuerdo’.
Otro claro ejemplo de esa visión distante y desvirtuada (en función de la ley Campoamor, que he citado de forma repetida, la que dice ‘que todo es según el color del cristal con que se mira’), lo tenemos con Ernest Urtasun, ministro de cultura, y miembro de los Comunes, es decir, un ‘pijo de izquierdas’ en toda su extensión, que ha organizado un congreso en Barcelona, para los próximos 26 y 27 de este mes de setiembre, (el onceavo encuentro Cultura y Ciudadanía), para la élite intelectual española (la mayor muestra de un oxímoron, como lo son la inteligencia artificial o el silencio atronador), y todo será en castellano, claro, de Catalunya sólo se espera nuestra hospitalidad y ‘convivencia’.
Según explica Josep Sala i Cullell, en su artículo ‘Un congreso de élites subvencionadas’:
‘(…) ese congreso es para ‘unas élites subvencionadas (…) que hablarán de unas cuestiones que no tienen ninguna relevancia para los ciudadanos normales, y todo, mientras hacen networking al hall del CCCB. Los temas que tratarán son ‘Tomar la palabra, tomar el espacio: procesos de agenciamiento’; ‘Cartografía de redes culturales. Conectando prácticas, territorios y comunidades’; o ‘Intersecciones críticas: inteligencia artificial, desvíos y subjetividades’. El primer día el ministro Urtasun presentará su plan de derechos culturales, y, en este acto, la Generalitat no estará presente. De hecho, nuestro gobierno sólo asistirá en el diálogo sobre ‘iniciativas legislativas sobre derechos culturales en el ámbito autonómico’.
A parte de los políticos, el único nombre que me suena es el de Brigitte Vasallo, aquella señora que montó los congresos de ‘cultura charnega’ (es decir, de orgullo afrikáner) y a quien el Institut Ramón Llull ha pagado una estancia en la cátedra Mercé Rodoreda de la universidad Municipal de Nueva York. Hace un par de años Vasallo ya ganó una beca Montserrat Roig otorgada por el Institut de Cultura del ayuntamiento de Barcelona, y no sé que pensarían Rodoreda y Roig de todo esto. Las biografías de los ponentes son clónicas: catedráticos, cargos de la UNESCOI, funcionarios del mundo cultural, artistas ignotos, autores de libros extraños. El debate ‘Hacia una pluri(di)versidad’ incluye alguno a quien presentan como un ‘escritor e investigador sobre políticas y narrativas de la raza y el racismo en el contexto del estado español’, y una ‘docente-investigadora de la carrera de Arts Visual en la Pontificia Universitat Católica de Ecuador y colaboradora del movimiento latinoamericano Cultura Viva Comunitaria’.
(…) el congreso se celebra en Barcelona, pero el lugar es irrelevante. Podría ser Murcia o Marsella. Los participantes vendrán en avión, hablarán con un vocabulario incomprensible para la plebe, comerán en buenos restaurantes, beberán y marcharán. El programa no tiene ninguna mención a la cultura catalana, como si no existiera (el único debate sobre diversidad lingüística lo modera un poeta madrileño). No es extraño que este aquelarre tenga lugar en el CCCB y el MASCBA, dos de los organismos que más han trabajado para descatalanizar nuestra capital.
(…) en realidad, el congreso muestra un mundo opaco y cerrado, inaccesible si no eres de buena casa. Ya que, sólo los mantenidos por la familia pueden permitirse invertir los años necesarios para acceder a estos cargos y pagarse los estudios para captar los contactos adecuados. Es, quizás, lo más despreciable de todo esto, ver gente rica que ha decidido tener una vida ociosa y que la pagarán los impuestos de los trabajadores. Guilluy les asignó la etiqueta de burgueses bohemios, y me parece que no puede haber otra descripción mejor’.
(Vilaweb, 18/09/25)
Como vemos, la descatalanización de Catalunya, y ya no digamos, su desnacionalización, es el trabajo prioritario del gobierno central, y para eso cuenta con sus soldados catalano-españoles, como el católico apostólico y romano Illa o el pijo Urtasun, que actúan como verdaderos soldados del ejército español y, como se dice en la película de Gavras, cuando se ven en el piquete de ejecución, disparan, como los otros, pues no quieren aparentar ser menos españoles.
Por todo eso, y contradiciendo lo que propugna Illa, de no mirar atrás, los independentistas, y todos los catalanes nacionalistas, deberíamos mantener la memoria de las desgracias y penurias que nos han causado a lo largo de siglos.
Ayer fuimos al café-concierto ‘El Molino’ (*) de Barcelona, para ver una interpretación musical, a cargo del dúo formado por el pianista (ciego) Ignasi Terraza y el ‘armonicista’ Antonio Serrano, que tocaron diferentes piezas de Cole Porter y otros especialistas de jazz; y, como última canción, tocaron ‘Alfonsina y el mar’, una zamba compuesta por el pianista Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna, e interpretada por Mercedes Sosa. En esa canción se narra la historia de la poetisa argentina Alfonsina Storni; y, al oírla ayer, aunque solo fuera la música, todo el público se emocionó nuevamente, lo que muestra que los recuerdos son importantes, ya que están grabados en nuestros sentimientos y emociones; y su recuerdo forma y conforma nuestras vidas. Pues bien, eso, precisamente, es lo que nos quiere evitar Salvador Illa, al propugnar que no miremos atrás.
(*) teatro inaugurado en 1898, con el nombre de Pajarera Catalana. En 1910 cambió el nombre por el de Petit Moulin Rouge; pero con la llegada de la dictadura franquista, en 1939 fue obligado a castellanizar el nombre y quitar el término ‘rojo’, por las connotaciones políticas que podía sugerir. Y desde entonces quedó el nombre ‘El Molino’. Y así hasta nuestros días, poniendo de manifiesto la impronta de la censura incorporada en el subconsciente colectivo. Por lo que tenemos mucho trabajo para revertir tanto mal causado.
En definitiva, mirar atrás, es lo que debemos hacer, para no olvidar sus responsabilidades en la aplicación del 155.