Jordi Oriola Folch

El 17 de abril, los mandatarios más importantes de la Unión Europea (Macron, Starmer, Merz y Meloni) se convocaron en París, junto con otros dirigentes de cuarenta y cinco estados que participaron por videoconferencia –de emiratos del Golfo hasta Japón, Corea del Sur, Australia y Ucrania, para estudiar la posibilidad de una misión conjunta para abrir el estrecho de Hormuz, para hacer frente al encarecimiento del petróleo, que llegaba a 126 dólares el barril (la mayor subida mensual de toda la historia del mercado del petróleo) haciendo peligrar la economía de medio mundo.En vez de ir a París, el presidente español Pedro Sánchez prefirió organizar una reunión en Barcelona llamada Movilización Progresista Global, mezclando partido con estado en un acto básicamente de propaganda con el presidente brasileño Lula da Silva, la mexicana Claudia Sheinbaum, el sudafricano Cyril Ramaphosa, el Petro, además, en un frente progresista opuesto a la derecha radical representada por Donald Trump, para hablar en términos muy generales y sin ningún propósito concreto.
Y la ubicación del evento en Barcelona, capital de Cataluña, ha indignado a los independentistas catalanes porque ven como Sánchez quiere vender la idea de que la relación entre España y Cataluña está normalizada y ya no hay problema. Nada más lejos de la realidad, Sánchez intenta pacificar la colonia combatiendo su identidad y lengua propia y repitiendo que la autodeterminación de Cataluña es inconcebible, pero esto todavía hace crecer más el anhelo de libertad de los catalanes, aunque ahora mismo esté social y políticamente desorganizado. Sánchez tapa hoy lo que mañana emergerá de nuevo: Cataluña quiere ser libre porque tenemos una forma de entender y gestionar la realidad totalmente antagónica a Madrid. El previsible futuro gobierno español de extrema derecha aún incrementará más este anhelo.
Y también nos indigna mucho que Sánchez pretenda aparecer como abanderado de la legalidad internacional, la democracia y la soberanía de los pueblos, cuando en el caso catalán ha actuado de forma totalmente contraria. Él sólo habla de la soberanía de los estados tal y como están constituidos y, en modo alguno quiere respetar la soberanía a las naciones que han quedado atrapadas dentro de su estado, y que sí pueden ser oprimidas y pisadas por España. Pero la democracia, si lo es, debe ser para todos. Por tanto, denunciamos la falsedad de Sánchez, a menos que esté dispuesto a ser consecuente con lo que pretende hacer ver que defiende.
Está muy claro lo que dice el que era presidente catalán en 2017 (ahora exiliado en Bélgica): https://x.com/i/status/2045535885156823145
«En el país más apaleado por la «democracia» española; en el país donde vive la gente más perseguida por el Estado profundo; en la ciudad donde se han producido durante años las mayores manifestaciones pacíficas de toda la Unión Europea pidiendo independencia y democracia; en el único lugar donde España ha disuelto un Parlamento a golpe de decreto y destituido todo un gobierno, encarcelado activistas, manifestantes y líderes políticos y sociales… tienen la desfachatez de venir a posar ante varios líderes internacionales, todos de la misma cuerda, para hablarnos de democracia y progreso.
Quiero recordar que mientras más de un millón de catalanes se manifestaba por nuestros derechos, quienes ahora hablan de democracia ante medio mundo se manifestaban en esta misma ciudad de Barcelona junto a la derecha y la ultraderecha franquistas bramando para cortarnos el derecho a expresar y decidir nuestro futuro, y trabajaban codo con codo con las cloacas del estado profundo para que nos aplicaran la represión más feroz e injusta que se ha aplicado nunca a un movimiento pacífico y democrático. Luego escuchamos cómo estos mismos «progresistas» consideraban que habrían tenido que aplicarnos el artículo 155 mucho antes de lo que lo hizo el gobierno conservador del PP.La Cataluña progresista no ha sido invitada a este festival de vanidades. Es la Cataluña que defendió ante las porras españolas los derechos que cualquier progresista del mundo defiende y quiere ejercer. Ha sido deliberadamente tapada y silenciada por sus representantes institucionales, que han exhibido ante nuestras narices la desvergonzada normalidad del gobierno de todos. Pueden estar agradecidos de que en Cataluña tengamos la expresión «poca vergonya» (significa: poca vergüenza), que es más considerada que su versión en español «sinvergüenzas» (significa: ninguna vergüenza), en la que ya no tienen ninguna».
También el partido independentista de izquierdas, CUP, ha dirigido una carta https://x.com/i/status/2044755127387496464 a los dirigentes de México, Uruguay, Brasil, Sudáfrica y Colombia para denunciar la “contradicción” que, según la formación, representa defender un «discurso de la paz» mientras se niegan derechos democráticos como la autodeterminación.
Para terminar dos anécdotas relacionadas: En la reunión de Barcelona, la presidenta mexicana defendió el derecho a la autodeterminación, provocando el desconcierto entre los socialistas españoles que, enseguida, trataron de desactivar las connotaciones que la autodeterminación tiene en el contexto catalán y corrieron a decir que se refería a la autodeterminación de los estados frente a agresiones externas como las de Trump.
Y, por otra parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, en 2017 visitó Cataluña, cuando todavía no era presidente, y fue testigo del referéndum de autodeterminación de Cataluña del 1 de octubre y condenó la represión por parte de España: https://x.com/petrogustavo/status/914067034945748994?ref_src=twsrc%5Etfw : «Estoy en Cataluña como testigo de su referéndum para la independencia. Detenciones, intrusiones. El gobierno español reprime el referéndum» https://x.com/petrogustavo/status/914181044408111104?ref_src=twsrc%5Etfw : «Fascismos escondidos. Tanto en España como en Colombia, las sociedades no hicieron ruptura con lo que significó el fascismo en sus países».