Nota preliminar: en memoria de I. C. L., mi suegra, fallecida este mediodía, día 10 de marzo de 2023.

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Siempre se dice que el momento final siempre es solitario, por más familiares que te acompañen; el traspaso es personal, subjetivo, por eso, esa soledad, aunque no sea objetiva, es subjetiva, que es lo que cuenta.
Es evidente que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Y por más bullicio que nos rodee, lo que cuenta es nuestra percepción interior. La soledad es como el hambre, ya que ambas son sentimientos internos que se sacian mediante lo externo.
Asimismo, evidentemente, en todo momento, pero de forma especial, en los momentos decisivos, debemos prescindir de los compromisos sociales, de los ‘deberes’ autoimpuestos, para quedar bien, y ser coherentes con nosotros mismos.
Pues bien, aprovecho estas elucubraciones para trascenderlas a nivel colectivo y, en concreto, al problema relacional entre el estado español y sus españolistas, con el movimiento independentista catalán, y a este respecto, me parece interesante destacar que siempre ‘es mejor estar solo que mal acompañado’, especialmente cuando la ‘compañía’ es impuesta, ya que toda ‘compañía tóxica’ nos comporta todo tipo de problemas.
Y como es comprensible, toda soledad no buscada, sino fruto del estado depresivo, es negativa; por ejemplo, tras la represión del estado, y la desmovilización pretendida por determinados partidos ‘independentistas’, que buscan que nos quedemos en casa, sentados en el sofá, mirando la televisión y, como dijo Antoni Bassas, en su artículo ‘el esfuerzo para no oxidarse’: ‘el que empieza mirando la televisión, acaba mirando la pared’.
Siempre debemos tener un acicate, un. estímulo, pues, como dijo Baltasar Gracián (1601 – 1658), y repitió José Martí (1853 – 1895) ‘triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien’.
Al nivel psicosocial, François de La Rochefoucauld (1613 – 1680), dijo ‘Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen’, pues ‘es mejor tener un verdadero enemigo, que un falso amigo’. Y esto lo podemos observar entre los ‘compañeros independentistas’, que ahora se nos han distanciado, para buscar amistades españolistas.
Y tener como enemigos a los españolistas represores, obviamente, no deja de ser positivo, ya que muestra que no somos invisibles, y ese enfrentamiento nos hace más fuertes y sabios.
Sabemos que las personas y grupos grises y amorfas, es raro que tengan enemigos, y eso lo observamos con la actual ERC; pues, no alzando su voz discrepante, para que se note su presencia, no se le ofenderán los ‘españolistas’, claro. Ya lo dijo Josep Pla (1897 – 1981): ‘lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas’; y esos son los ‘amigos’ que busca ERC.
Por eso, debemos repensar el pensamiento de Friedrich Wihelm Nietzsche (1844 – 1900 ): ‘Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de las personas; al contrario, odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme compañía de verdad’.
Pero claro, los españolistas (incluidos los catalanes) que nos quieren sometidos, sin libertad, realmente tienen un trastorno de ansiedad denominado ‘autofobia, monofobia o isolofobia’, un miedo irracional al aislamiento, a quedarse solos en su meseta, pues eso les llevaría a la ignorancia e irrelevancia extrema.
Por eso nos quieren sometidos, atados a su unidad de España, ya que saben que ‘mala hierba nunca muere’, y de eso se aprovechan, de su mala ‘milk’ histórica; sólo hace falta recordar, como ejemplo, que el término ‘cabreo’ (enfado extremo) viene de ‘cabrevación’, es decir, del conflicto que se vivió en España en el siglo XIX entre el campesinado y la nobleza, sobre todo en el noroeste de Catalunya, pues los campesinos renunciaron a seguir asumiendo los cabreos (exigencia de pagos, laudemios o luismos) por las tierras que trabajaban; las sentencias fueron desfavorables a los ‘campesinos cabreados’ y fueron obligados al pago de los atrasos y a reasumir la exigencia feudal, ya en desuso, por entonces de los laudemios,
No es de extrañar, por tanto, que mostrasen un monumental enfado ante las autoridades cada vez que eran citados a estos actos procesales. Y así surgió el sentido actual de ‘cabrearse’, ‘cabreo’ y ‘estar cabreado’, que, aunque pueda parecer lo contrario no tiene nada que ver con las cabras, sino que deriva de la palabra latina ‘capibrevium’ (recuperar rápidamente)’.
(https://www.muyinteresante.es/hisrtoria/34411.html)
Y los independentistas catalanes seguimos cabreados, disgustados en grado sumo con el estado español extractivo, como vimos ayer con su último ‘ingenio’ mesetario, el de súper-financiar el corredor ferroviario Atlántico, pero, claro, haciéndolo pasar por Madrid y hasta Extremadura, esa es su concepción del Atlántico; claro que ya vimos que el corredor Mediterráneo también debe pasar por Madrid. Así, Madrid es una isla, rodeada por el Atlántico y el Mediterráneo, claro.
Y que, pese a todo, haya partidos ‘independentistas’ como ERC que prefieran tener a sus bases mirando la televisión o las paredes, para no perturbar su actual ‘disfrute y gozo’ de las poltronas en las instituciones catalanas, tragando todo lo que le impone Pedro Sánchez, es de miserables.