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Muchos recordamos y condenamos el atentado de Hamás del 7 de octubre del 2023 (justo cuando se cumplían los 50 años de la guerra del Yom Kippur) causando 1400 muertes y 252 secuestros. Y en esos dos años, hemos visto que la guerra de venganza de Binyamín Netanyahu, causando un claro genocidio, ha ido perdiendo respaldo internacional, como es comprensible. Y a la vez, ha ido provocando una polarización ciudadana en diferencias países. Pues bien, en este marco general, me parece interesante centrarme en un detalle concreto, como fue un e-mail del president Carles Puigdemont.
En anteriores escritos ya comenté que la polarización de determinados temas impide, o dificulta, la mínima posibilidad de llegar a un acuerdo, ni que sea un acuerdo de mero compromiso. Y un buen ejemplo es el tema del conflicto árabe-israelí y, en especial, la coexistencia de dos estados: Israel y Palestina; pues es un conflicto milenario, si bien, agravado por la determinación de Occidente, tras la Segunda Guerra Mundial, para limpiar su vergonzosa actuación con el pueblo judío y, también, para garantizarle un espacio que reivindicaban históricamente, para que emigraran. Y, claro, olvidando los derechos, también milenarios, de los palestinos, incluso traicionándolos.
Es sabido que este conflicto conlleva importantes referentes históricos y simbólicos, tanto para el Occidente cristianizado, como para el mundo de cultura musulmana. Y eso encona, más si cabe, la polarización. Y la importancia de ese simbolismo de sustrato religioso es determinante, ya que, en otros conflictos, como el de la invasión rusa en tierras de Ucrania, o la guerra entre las repúblicas de Sudán y de Sudán del Sur, etc., al no darse ese plus mencionado, o verlo muy alejado, como pasa con los conflictos africanos, no se da la citada polarización social.
Pues bien, efectuado este preámbulo de carácter general, paso al tema concreto que considero de interés en el presente escrito. Y, en primer lugar, me parece exigible y razonable, que los líderes y partidos políticos se definan ante todo tipo de temas, por más resbaladizos y pantanosos que sean, como el que nos ocupa entre los estados de Israel y el de Palestina.
También me parece claro que no podemos generalizar, y hablar de los israelíes, israelitas o los judíos, ya que en el estado de Israel hay ciudadanos de todo tipo de posicionamientos ideológicos, que, individualmente, o liderados por Yair Golan, o Alon-Lee Green, líder del grupo ‘Standing Together’ (permaneciendo juntos), etc., que no comparten las posiciones del gobierno de Netanyahu. Pero, claro, este gobierno sí que es el responsable de la actuación del estado de Israel.
Y ahora paso al núcleo duro.
‘El ministro de comunicación de Israel, Shlomo Karhi, ha dado la orden de parar todos los preparativos para asistir al salón de tecnología móvil, el más importante del mundo para el sector, que se celebra en la capital catalana. Karhi ha justificado la decisión porque el estado español está adoptando medidas ‘antisemitas’ y da soporte ‘sistemático’ a Hamás.’
(Josep Maria Botanch, TotBarcelona.cat, 13 de setiembre 2025)
El día anterior 12, al conocer la información mencionada, el president Carles Puigdemont publicó el siguiente tuit en su cuenta de X:
‘Algunos de los que se exaltaron porque decían que las empresas marchaban de Catalunya por el referéndum de independencia del 2017 (*), y que todavía continúan con la misma cantarela (recordad aquello de ‘Catalunya ha vuelto’ que pregona el actual gobierno de la Generalitat y sus aliados mediáticos y económicos), ahora se dedican a espantar inversiones extranjeras.
Deberán dar explicaciones por haber provocado el boicot al Mobile World Congress de Barcelona de uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo. Es una decisión grave, que no podemos menospreciar y que nuestros dirigentes deberían de tomar muy seriamente.
Boicotear los productos israelis y las empresas israelitas por el simple hecho de ser israelitas es un error que de debería rectificar lo antes posible.
(*) Número de empresas en Catalunya el 1 de enero, según los datos oficiales recogidos por el Instituto de Estadística de Catalunya:
2016: 606.522 empresas.
2017: 619.490 empresas.
2018: 630.020 empresas.
Este mensaje del president Puigdemont, inmediatamente tuvo muchos comentarios, la mayoría críticos, que lo consideraron un error; pero la respuesta de Gabriel Rufián (ERC), en su línea, fue la siguiente:
’64.000 muertos.
17.000 niños asesinados.
2.000.000 de personas deportadas.
7 países y decenas de campos de refugiados, escuelas y hospitales, bombardeados.
Y centenares de miles de personas muriendo de hambre.
Es preciso estar fuera de la realidad o ser directamente un desalmado para que a tí, delante de esto lo que te preocupe la pasta (dinero).
Seguro que es lo primero’.
Ante ese aluvión de críticas, Aleix Clarió, asesor de Carles Puigdemont, rechazó los comentarios indignados porque:
‘(…) son de aquellos incapaces de diferenciar entre un gobierno y un país (…) Israel no es, por suerte, Netanyahu; de la misma manera que Palestina no es Hamás’.
Como he señalado, me parece conveniente conocer los posicionamientos de todos nuestros líderes, en todo tipo de temas; pero estoy convencido de que conflictos tan complejos como el que nos ocupa, no pueden limitarse ni ventilarse con meros mensajes en las redes sociales, pues requieren un profundo análisis y una ponderada información, que, forzosamente, ha de ser compartida por el correspondiente grupo político, para ser asumido como planteamiento propio.
Respecto a la respuesta del president, comparto su tesis de que no es correcto generalizar, de que es preciso diferenciar entre el estado y ciertas empresas privadas, alejadas del poder (si bien, precisamente, las empresas tecnológicas punteras nunca están alejadas de los respectivos poderes militares). Pero todo tipo de postura ha de ser sólida, ya que no me parece correcto no querer generalizar en este caso, y aceptar la generalización en el caso de Rusia, por ejemplo.
Y puestos a estirar el tema, ¿porqué se vetan los atletas rusos en las competiciones deportivas internacionales (que pueden actuar bajo la bandera de la ONU) o los cantantes en concursos televisivos (como Eurovisión); mientras que para los deportistas y cantantes israelíes no se ha efectuado ningún veto, hasta el momento?. Y no digo que deberían censurarse todos o no, sólo pido coherencia. Pero me parece claro que, simbólicamente, la censura, en estos casos, tiene un notable eco mediático que puede ayudar a concienciar a mucha gente, y eso es positivo. Pero, si el president Puigdemont quiere diferenciar determinadas empresas, respecto al estado israelí, ¿está de acuerdo con diferenciar a los deportistas, por ejemplo?
Un ejemplo lo estamos viendo con la participación del equipo ciclista ‘Israel Premier Tech’, que está participando en la Vuelta española (últimamente, quitó el nombre de ‘Israel’, y ahora solo indica las siglas TPI). Y que, jornada tras jornada, la ciudadanía ha ido mostrando su disconformidad con la participación de ese equipo ciclista, enseñando gran cantidad de banderas palestinas, e intentando cortar la carrera, que está siendo protegida por un fuerte dispositivo policial, especialmente hoy, que tendrá el final en Madrid, y tienen dispuestos 2.500 policías, para el ‘correcto desarrollo’ como dijo el alcalde de Madrid, José-Luís Martínez-Almeida Navasqüés, del PP.
Este mediodía, aprovechando un acto del PSOE en Málaga, Pedro Sánchez ha dicho:
‘Vaya por delante nuestro reconocimiento y respeto absoluto a los deportistas, pero también nuestra admiración a un pueblo español que se moviliza por causas justas como la de Palestina’.
Me parecen bien estas declaraciones de difícil equidistancia, ya que respetar la libertad de expresión y de manifestación, como derechos humanos, no es compatible, al menos no lo es fácilmente, con el normal desarrollo de la carrera. Y ya no digamos, la falta de coherencia de Sánchez y del pueblo español, pues esa causa les parece justa (que lo es), pero la del pueblo catalán está claro que, para ellos, no lo es, y pueden limitar nuestros derechos de expresión y de manifestación, como hicieron con Meridiana Resisteix y otros grupos.
Volviendo al mensaje del president, mi opinión es que fue desafortunado, impreciso, e improcedente. Ahora bien, la mencionada respuesta de Gabriel Rufián (ERC) el diputado autor de otra famosa calumnia, la de las ‘155 monedas de plata’, me parece una respuesta desgraciada, maleducada e insultante, pues tutear al president legítimo en público, tacharlo de estar fuera de la realidad, de ser un desalmado, y de preocuparse principalmente por la pasta (el dinero), es vergonzante, y descalifica al ya descalificado Rufián, por lo que no voy a hacer perder el tiempo del lector, con más elucubraciones al respecto.
Y, en última instancia, espero que Binyamín Netanyahu y Yoav Galant (exministro de defensa), que están en búsqueda y captura de la Corte Penal Internacional, acaben siendo juzgados y condenados, más pronto que tarde; medida que satisfaría a muchos ciudadanos israelís, y de otros muchos países.