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Este eslogan, ideado por James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, contra George H. W. Bush (padre) en 1992, y que llevó a la presidencia a Clinton al empatizar con la primacía de las ‘urgencias’ básicas sobre las más generales y abstractas, me parece relevante recordarlo, el día de hoy (7 agosto), que Donald Trump ha aplicado sus aranceles a nivel mundial.
A lo largo de la historia, la mayor parte de las guerras tuvieron y tienen un motivo económico, todas las conquistas y dominaciones se basaron y basan en el expolio del débil. Y en la ‘pseudo-democracia’ que tenemos, vemos que ese dominio lo consiguen comprando los votos mediante engaños de promesas de mejora de la economía de la ciudadanía, promesas que generalmente son incumplidas, ya que los políticos, en realidad, tienen otras prioridades.
Y por eso, por poner la economía en primer lugar, la mencionada campaña electoral de Clinton vs Bush (padre) fue una novedad de marketing político, y representó un éxito, a pesar de que el presidente en ejercicio, Bush, se presentaba con unos elevados niveles de aceptación popular (90%), por poner fin a la Guerra Fría (1947 – 1991) y a la Guerra del Golfo Pérsico (1990 – 1991). Y Clinton, sin experiencia política internacional, tuvo la habilidad de centrar la contienda en la vida cotidiana de la ciudadanía.
Y desde ese momento, hemos podido ver que los partidos de derecha y, especialmente, los de extrema derecha, han asumido ese papel de centrar sus programas en problemas ciudadanos y, en concreto, en la inmigración, a la que acusan de ser los orígenes de todos los males, desde los costes sociales que comportan, hasta la inseguridad (que, injustificadamente, han asociado a ese colectivo)
Ahora bien, los aranceles que ha impuesto Trump, teóricamente, para defender a la industria de su país, en realidad, es una forma de ejercer su poder absoluto en todo el globo terrestre, pues, la ciudadanía estadounidense, en última instancia, será la que pagará los costes adicionales, si quiere seguir consumiendo productos importados gravados con esos nuevos aranceles. Por su parte, las economías de los restantes países verán frenadas sus exportaciones y, en definitiva, un incremento del paro local.
Paralelamente, Trump ha impuesto otras exigencias a los países, en función de su afinidad e intereses, obligándoles a ciertas inversiones en los EUA, la compra de recursos energéticos, armas, etc. Y, todo eso, mezclándolo con la seguridad internacional, es decir, tomando a la OTAN como un mero juguete a su disposición, que puede usar a su gusto y conveniencia, según le plazca en cada momento, de acuerdo con su estado de ánimo puntual.
Así es el ejercicio de la ‘democracia’ actual, que ya no requiere maquillajes, para conseguir sus objetivos.
El general prusiano Carl von Clausewitz (1780 – 1831), en su obra inacabada ‘De la guerra’ (‘Vom Kriege, 1832), escribió que: ‘la guerra es una simple continuación de la política por otros medios’.
Y yo añadiría, que la guerra económica actual, es, también, la continuación de una falsa política ‘democrática’, por otros medios.
El mencionado Clausewitz estudió la escalada, que conduce a una totalización de la guerra, diciendo que:
- El que hace un uso despiadado de todos los medios a su alcance, ha de ganar una preponderancia sobre su oponente, salvo que éste haga lo mismo; por lo tanto, los dos aumentan al máximo sus esfuerzos.
- Mientras no hayas derrotado a tu oponente, corres el riesgo de ser derrotado tu mismo.
- Y dado que ninguno de los oponentes puede evaluar con precisión la determinación de su enemigo, todos intentarán ser los más decididos posibles.
Y me parece evidente que los asesores de Trump tienen muy presentes esos principios.
Y, como sabemos, no tiene apenas oponentes, ya que la UE está haciendo un papel ridículo, de perro faldero sumiso, olvidando los principios fundacionales de la propia UE; principios que fue abandonando a medida que fue ampliando su marco de actuación, incorporando a estados que apenas tienen rasgos de demócratas y de europeístas. Y ahora, con mayoría política de derechas y de extrema derecha, ya no podemos esperar ni siquiera mantener los principios de igualdad y libertad.
Clausewitz no contempló ni era partidario de la guerra de aniquilación, si bien diferenció entre la estrategia de postración y la estrategia de fatiga. Y está claro que Trump lo busca todo: la aniquilación de los otros, su postración y su fatiga. Es decir, una ciudadanía rendida al poder, y que abandone todo idealismo y todo tipo de esperanzas sobre un futuro mejor.
Y ante esta situación, que considero muy deprimente, me parece que las políticas dilatorias de muchos estados, esperando que pase el mandato de Trump, para volver a la situación original, no deja de ser un engaño más, ya que los impuestos y aranceles son fáciles de poner y difíciles de quitar, además, en realidad, tanto el partido demócrata como el republicano, piensan igual, si bien se diferencian en las formas, pues el pensamiento sintetizado en el eslogan ‘The economy, stupid’ (‘es la economía, estúpido’), lo deja muy claro.
En definitiva, que vivimos en un período complejo y con negras, negrísimas perspectivas, por lo que la única alternativa sería consolidar verdaderas democracias populares, que no populistas, que procurasen un giro en la UE, depurando a los países que no cumplen con sus principios fundacionales, pues ‘menos es más’, como hizo famoso el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe (1886 – 1969)
Y ese mismo pensamiento minimalista deberíamos asumirlo, también, los independentistas catalanes, especialmente tras el contrastado fracaso de la estrategia erróneamente seguida por ERC, al querer ampliar las bases, para ser más, pero, claro, rebajando las líneas rojas del independentismo.