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Hace tiempo que muchos hemos perdido el oriente y, como dice un chiste muy malo, formamos parte del gremio del confucionismo, pues estamos confusos, como intento explicar a continuación.
La ONU, creada en 1945, en la presente Asamblea General con motivo de su octogésimo período de sesiones (iniciadas el pasado 23 y que concluirán el próximo 29), tienen, como lema: ‘Juntas y juntos somos mejores; más de 80 años al servicio de la paz, el desarrollo y los derechos humanos’; un positivo lema que, como estamos viendo, está haciendo aguas por todos lados, ya que se ha confirmado, nuevamente, la disfuncionalidad de la actual estructura organizativa, anacrónica, por el mantenimiento de veto, por parte de los 5 paises vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Todos los órganos de la ONU hacen recomendaciones a los estados miembros, pero el Consejo de Seguridad, es el encargado de mantener la paz y la seguridad entre naciones, y tiene el poder decisivo, efectivo, y sus resoluciones deben ser obedecidas todos los países de acuerdo con la Carta de la ONU. Ese Consejo está formado por 15 estados, cinco con derecho de veto, como he indicado (EUA, RU, Francia, Rusia y la Rep. Popular China), y 10 miembros no permanentes, elegidos por la Asamblea General, para un período de dos años.
La historia nos ha demostrado la disfuncionalidad de esa organización, que es la antítesis de la democracia, ya que es inconcebible que estados como Francia y el RU tengan un poder decisorio por encima de países con muchísima más población, como la India, Indonesia, Pakistán, Brasil, Nigeria, Bangladesh, México, etc. Y es inaceptable, asimismo, que estados con poderes totalitarios (a pesar de su aparente formalidad democrática) como los 3 grandes: China, Rusia y los actuales EUA, actúen con la desvergüenza y prepotencia que muestran perpetuamente. Y la situación resulta ser mucha más grave, cuando alguno de esos 3 grandes estados está presidido por personajes patológicos.
Y el colmo de los colmos es ver a un secretario general de la ONU, como António Guterres, que no se atrevió a defender a su propia organización, ante el aluvión de críticas y desprecio plasmado por Donald Trump y, en definitiva, haciendo dejación de sus funciones y responsabilidades para defender los derechos humanos ante la prepotencia, pues, claro, es más cómodo ‘quedar bien’ con el ‘amo del mundo’.
Por todo ello, la ciudadanía en general, al no tener referentes cualitativos, con valores éticos, morales y objetivos, que puedan regular la disfuncionalidad e irregularidades de todos los diferentes estados miembros, es comprensible, en cierta medida, que nos sintamos confundidos, desorientados (sin la referencia a los puntos cardinales, para orientarnos).
Y en este momento, no es extraño que los grandes medios de comunicación, temerosos de perder el ‘favor’ (prebendas y privilegios) de los diferentes ‘amos’ (Putin, Xi y Trump; práctica que también vemos en España, y Catalunya, claro), acaben siendo sus meros comparsas, muy alejados del verdadero objetivo de investigación, ya que el mal llamado ‘cuarto poder’, en la actualidad, en realidad es una prolongación del primero (del ejecutivo).
Así, en el actual ‘delirium tremens’ generalizado, me parece digno de mención que haya articulistas y medios de comunicación que perseveran en el mantenimiento de los principios y compromiso ético y moral, aunque eso les comporte una discriminación en la distribución de los recursos por parte de los respectivos gobiernos de turno.
Y ‘casualmente’, en estas últimas horas he encontrado un par de dignas y notables referencias que, indirectamente, delatan la confusa situación actual; y, son:
1 –
Roxane Gay, escritora de The New York Times, con su escrito titulado ‘¿Civismo?, ¿Qué civismo?’, reproducido en el Ara de hoy (25/09), pues, entre otras ideas, apunta que:
‘(…) El civismo, la cortesía, es la fórmula de compromiso que se suele exigir en los discursos políticos: según lo que nos quieren hacer creer sus adeptos, es el precio que se ha de pagar para que te admitan en un debate político importante; si no hay civismo no hay acceso. Pero este civismo es una fantasía.
Según las fantasías del civismo, si mostramos cortesía en nuestros desacuerdos, hacemos política como toca. Si somos corteses cuando expresamos ideas intolerantes, actuamos de una manera respetable con gente q quien, en realidad, no respetamos y que, en su turno, no nos respetan. El comportamiento es la única cosa que importa.
A los obsesionados con el civismo les gustan sobretodo los encantadores de serpientes elocuentes, bien vestidos y con un corte de cabellos impecable, que insinúan suavemente, intolerancias dulces. En este marco, la descortesía es negarse a rendirse al odio, negarse a sonreís educadamente a quien no te considera su igual; negarse a eliminar las partes de nosotros que resulten aparentemente desagradables hasta que no quede nada. No tener civismo, ser maleducado, quiere decir señalar las hipocresías y la desinformación. Quiere decir tomar nota con precisión de lo que la gente dice, con documentación abundante, y exigirles responsabilidades por sus palabras y hechos.
Quiere decir protestar contra la injusticia, partiendo de la base que la protesta no ha de ser tímida ni excesivamente cauta. Quiere decir ejercer el derecho a la libertad de expresión protegido por la Constitución. Quiere decir creer en la ciencia, la información objetiva, la educación pública y otras ideas heréticas parecidas. El civismo es una jaula en la que nos dicen que hemos de cerrarnos, y, encima, después, hemos de darles las gracias por el encarcelamiento. Y el concepto de dos grupos -los cívicos y los no cívicos- se basa en la idea que todos jugamos con las mismas reglas y estamos en igualdad de condiciones, libres de las desigualdades y las intolerancias del mundo. Es una fantasía.
(…) La no-violencia no quería decir pasividad. Era una estrategia que pretendía revelar el brutal contraste entre las tácticas del opresor y las experiencias de los oprimidos. Las protestas no violentas y cívicas tuvieron como respuesta una total falta de civismo: es decir, la hipocresía con que actualmente entendemos el civismo o falta de civismo no es ninguna novedad.
Pedir civismo forma parte del ejercicio del poder. Es una manera de recordar a los indefensos que su existencia depende de la voluntad de los que tienen el poder y que han de actuar en consecuencia. Es una exigencia de control.
Como escritora, como persona, no sé vivir ni escribir, ni tampoco tirar adelante, en un mundo donde se puede considerar que luchar por la honradez, la justicia y la equidad es una falta de civismo y donde esto puede comportar amenazas para mi vida o la de mi familia; un mundo en el que me preocupa que un Tribunal Supremo sin escrúpulos intente anular legalmente mi matrimonio; donde me preocupan mis vecinos y mi entorno, vulnerables al poder sin control. Me preocupo y no paro de preocuparme, y me siento impotente, enrabiada y cansada, pero también reconozco que no hacer nada es una opción inaceptable.
Cada día leo las noticias y a duras penas soy capaz de procesarlo todo. Me gustaría saber cuando llegaremos a un punto de ruptura cultural en que, finalmente, la administración Trump vaya tan lejos que nos haga salir de nuestra zona de confort cuotidiana. Miro los líderes que hemos elegido, sobretodo los del Partido Demócrata, y casi no los reconozco. Como ya he dicho muchas veces, nadie vendrá a salvarnos, pero nunca me habría imaginado que nuestros líderes estarían de acuerdo, que obedecerían con tanta antelación, que su estrategia política se adheriría a las políticas conservadoras más que a la defensa de los progresistas.
Estamos en un momento muy peligroso y delicado de la historia de los EUA. Sobre todos nosotros recae la responsabilidad de rechazar la fantasía del civismo y optar por la reparación. Este país está roto, pero esto no quiere decir que hay de ser para siempre’.
(Ara, 26 de setiembre. Copyright The New York Times)
2 –
La segunda referencia que me parece digna de destacar, la vi ayer, en ‘MésNit’ (3cat) una entrevista a Jaume Pla, cantautor y productor musical conocido como Mazoni.
En esa entrevista hicieron referencia a una de sus canciones, titulada ‘La cuina està tancada’ (la cocina está cerrada), del último álbum ‘Banderes per daltònics’ (2025), y la busqué, y seguidamente reproduzco mi traducción, ya que me parece que el sentido de la canción, está en sintonía con las ideas y sentimientos expuestos:
La cocina está cerrada
Como un velero con las velas agujereadas
esperando el viento, parados en el mar azul
seguiremos tejiendo banderas para daltónicos
seguiremos anhelando todos los amores platónicos.
Hoy puedo hacerte de canguro
me estoy cocinando un gran futuro
no quiero que me salga bueno
tengo una reputación.
No estoy en la lista
he perdido la pista
tengo mal la vista
la cocina está cerrada.
Rallado como el queso
frito como las patatas
y llevo una empanada
la cocina está cerrada.
Quiero ponerme en la sombra cuando suba el mercurio
no quiero convertirme en el tonto del voto útil.
seguiremos la pista a todos los paparazis.
con harapos haremos vestidos aristocráticos.
Hoy me dejas en el paro
me estoy cocinando un gran futuro
no quiero que me salga bueno
tengo una recuperación.
Rallado como el queso
frito como las patatas
y llevo una empanada
la cocina está cerrada.
En definitiva: deberíamos superar el falso civismo que cínicamente nos imponen, deberíamos desobedecer el falso orden de los cementerios que nos exigen, pues, sólo saliendo de la confusión y desorientación que nos inutilizan, seremos lo que somos y lo que queremos ser, en todos los niveles, personal, social y patriota catalán