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To be, or not to be (ser o no ser)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Hace años leí la novela ‘Hamnet’ (hijo de Shakespeare, fallecido a los 11 años), escrita por la novelista de Irlanda del Norte, Maggie O’Farrell, y editada en el año 2020, con la que consiguió diferentes premios internacionales y se convirtió en súper ventas. Y hoy hemos visto su versión cinematográfica, dirigida por la cineasta Chloé Zhao; y he podido constatar, de nuevo, que hay novelas que pierden mucho al pasar al cine, pues, incluso, me he dormido a ratos. De todos modos, la referencia al famoso soliloquio de la obra ‘Hamlet’, de William Shakespeare (1564 – 1616), escrita entre los años 1599 y 1602 (cuatro años después del fallecimiento de su hijo; Hamlet y Hamnet eran nombres intercambiables en aquella época, como muchos otros apellidos), si bien, banalizando un tanto el sentido original, me parece muy actual y por eso lo reproduzco, sabiendo que podrá estimular algunas reflexiones al respecto.

Como es sabido, la sociedad catalana estamos sufriendo una gran crisis de servicios públicos: de movilidad (ferroviarios y viarios), sanitario, de vivienda, de educación, etc., y, en definitiva, de libertad; y todo ello tiene un denominador común, que es la histórica infrafinanciación, más bien dicho, la represión aplicada desde la metrópolis, desde el primer Borbón (Felipe V), tras la conquista de Catalunya, por las armas, en 1714, hasta el actual tataranieto Felipe VI.

Y ante esta situación de represión Borbónica (con el interludio franquista, represor extremo), los catalanes hemos pasado por diferentes estadios, intentando solventarlos de distintas formas, incluido el frustrado intento de emancipación del 2017.

Y lo grave es que siempre, los catalanes hemos estado divididos, entre los independentistas y los unionistas (los dependentistas españoles); y el próximo sábado 7, ofreceremos una nueva muestra de esa falta de sintonía, mediante una doble manifestación, para mostrar nuestro desacuerdo ante el actual agravio ferroviario; pues, ante el anuncio de la manifestación efectuada por la ANC (Assemblea Nacional Catalana) y el CR (Consell de la República Catalana), los catalanes españolistas no tardaron en contraprogramar la suya, y así nos va.

Por todo ello, como he dicho, me parece interesante recordar el famoso soliloquio de Hamlet (primera escena del tercer acto):

‘Ser o no ser, esta es la cuestión: ¿es más noble sufrir calladamente las flechas y los embates de una Fortuna indigna, o levantarse en armas contra un mar de adversidades y eliminarlas combatiendo? Morir, dormir: nada más…y si durmiendo se borran todos los males del corazón y los mil estigmas naturales heredados por la carne, ¿qué desenlaze puede ser más deseado? Morir, dormir … dormir …y quizás soñar … Si, éste es el obstáculo: no saber qué sueños acompañarán el sueño eterno, una vez liberados de esta piel mortal, es lo que nos frena y hace que concedamos tan larga vida a las calamidades. ¿Por qué aguantamos, si no, el escarnio de estos tiempos, el yugo de los opresores, el agravio de los soberbios, el amor burlado, la lentitud de la justicia, el orgullo de quien tiene un cargo o el desprecio de los ineptos por el mérito paciente, cuando uno mismo puede liquidar sus cuentas con una simple daga? ¿quién arrastraría el peso de este equipaje tan pesado toda una vida de sudores y lloros, si no fuese que el temor de alguna cosa más allá de la muerte, aquel país inexplorado del cual no vuelve nunca ningún viajero confunde la voluntad y hace que prefiramos sufrir males conocidos a huir hacia otros que desconocemos? Y así, la consciencia nos hace cobardes a todos, los colores naturales de nuestro impulso empalidecen bajo la sombra de la reflexión, y empresas de gran peso y gran difusión por esta razón desvían su curso, y pierden el número de acciones … pero silencio… la bella Ofelia …ninfa, en tus oraciones recuerda todos mis pecados’. 

Como habrá comprobado el paciente lector, este soliloquio tiene (o puede tener) una actualidad impresionante, en todos los órdenes, desde el internacional al nacional y local, y, también, al personal. Y, especialmente, en nuestra actual situación en Catalunya, me parece que define, con precisión, la complejidad del problema y de los diferentes actores implicados. Por lo que dejo al lector las diferentes interpretaciones que pueda aplicar, en sus respectos problemas personales o locales.

En esta línea de pensamientos, Silvia Marimon Molas, efectúa una entrevista al escritor Hervé Le Tellier, de la que entresaco algunos párrafos, que me parecen más que interesantes:

‘(…) Hay una diferencia que se ha de hacer clarísimamente entre el régimen de Vichy y los auxiliares o personas jóvenes que se alistaron. Hago una diferencia entre esta juventud, que es una juventud perdida, sin educación, sin formación, y los que están arriba de todo, los ideólogos.

(…) Es como la verdad y la mentira. Mark Twain tiene una frase: ‘una mentira puede hacer media vuelta al mundo, mientras la verdad se está poniendo los zapatos’, como cuando alguien dice que la Tierra es plana y después algún otro necesita diez minutos para contradecirlo. Y esto lo vemos también en las redes sociales, con la administración de Trump, que es la reina de las mentiras. Lo mismo pasa con el fascismo y la democracia. Es mucho más complicado debatir y hacer callar a la gente. Y por eso, el fascismo avanza rápidamente, porque no necesita debate. Es suficiente con dar una orden y rápidamente la sigue un ejército, o unos colaboradores, mientras que la democracia es una cosa razonada y, por lo tanto, más lenta. Lo que vemos hoy es una lucha entre las personas que actúan por su propio interés y las que intentan resistir sin utilizar las mismas armas. El fascismo convence con mentiras y odio. A la democracia quizás le falta la capacidad de responder y esto es culpa de sus dirigentes. Ha de ser muy fuerte y no se ha de someter. Pero esto no es fácil.

(…) No somos fascistas de manera espontánea, pero es más fácil ser fascista que demócrata. Por motivos que tienen que ver con nuestra propia naturaleza, nuestra capacidad de conformarnos y de adaptarnos al grupo, de someternos a la autoridad y, para acabar, la tendencia a la violencia. Forma parte de nuestro ADN y de nuestra animalidad. Nos salvó en el Neolítico, pero plantea algunos problemas en sociedades civilizadas. Yo utilizo una frase de Malraux que me parece muy adecuada. Malraux afirmaba que el fascismo es menos una doctrina que un estado de ánimo: lo relaciona con el pesimismo. También decía que detrás de un fascista no había fidelidad. El fascista tiene una visión negativa del mundo. Las democracias sobreviven gracias a la fraternidad y esta fraternidad no se ha de limitar a la tribu sino a toda la humanidad. Y quizás un día entenderemos que es necesario ampliarla, incluso a todas las especies animales.

(…) Todos somos terroristas para alguien. Se consideran terroristas las luchas de los pueblos que no tienen ejército. La resistencia francesa fue considerada terrorista. Trump hace servir las expresiones ‘terrorista’ y también la de ‘terrorista doméstico’, para hablar de sus opositores. Es una palabra que se utiliza para restar credibilidad a alguien. No se utiliza, por ejemplo, cuando se trata de organizaciones militares de un estado. En cambio, considero que Israel tiene hoy un ejército terrorista, porque está destruyendo todo un pueblo. Terrorismo se usa de la peor de las maneras y creo que no lo deberíamos utilizar nunca. Desconfío de ese término como de la peste. Prefiero, por ejemplo, los términos opresor, resistente o criminal de guerra, que son palabras que para mí tienen más sentido’ 

(Ara de hoy, 3 de febrero)

En definitiva, estos dos textos que he reproducido hoy, me parecen muy estimulantes, para hacernos recapacitar sobre diferentes aspectos y enfoques, y no caer en la trampa de las narraciones y luchas de los diferentes relatos interesados, pues, como explicó muy bien ayer Gonzalo Boye en su artículo titulado ‘El colapso del relato’ (elnacional.com), ahora se trata de una lucha entre relatos, olvidando la realidad, las realidades.

Pero los independentistas catalanes tenemos claro nuestro relato, coincidente con nuestra historia, con nuestra realidad; y no nos dejamos engañar por falsas relecturas interesadas, provenientes de la capital de la metrópolis. Y, si somos consecuentes, seremos conscientes que la clave está en el dilema: ‘to be, or not to be’: ser o no ser catalán, esta es la cuestión.