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En diferentes obras de William Shakespeare (1564 – 1616), en las dos ‘Enrique IV’ y en ‘Las alegres comadres de Windsor’, aparece el personaje de Sir John Falstaff, gordo, vanidoso, facha y cobarde caballero bufonesco, pretendiente de mujeres casadas; y, como sabemos, estamos sufriendo una verdadera pandemia de ‘Falstaff’, en todos los ámbitos, como intento explicar a continuación.
Esta semana se ha sabido que la exvicepresidenta de la comisión europea, Federica Mogherini, y actual rectora del colegio de Europa (que ha dimitido del cargo), había sido detenida durante unas horas, en el marco de una investigación por fraude registrado en el servicio europeo de acción exterior, cuando Josep Borrell i Fontelles (PSOE) era el máximo responsable de los asuntos exteriores y política de seguridad de la UE. También está involucrado Stefano Sannino, uno de los fichajes estrella y mano derecha de Borrell.
Y de momento, no hay noticias sobre Borrell, que permanece en un estricto silencio.
Pero muchos recordamos el pasado de este personaje, ‘implicado’ en diversas áreas de corrupción: el escándalo del instituto universitario europeo (IUE) de Florencia, después de revelarse que cobraba 300.000 euros anuales como miembro del consejo de Abengoa, una empresa española de energía, un verdadero lobby, y que Borrell no declaró, como exigían las normas del IUE. Asimismo, en el año 2018, la comisión nacional del mercado de valores resolvió en contra suya por un caso de abuso de información privilegiada, al vender acciones de Abengoa, siendo él presidente de la compañía.
Un personaje que empezó su carrera política en 1979, como diputado provincial de Madrid, y que, prácticamente, ha ido en coche oficial hasta el 2024, cuando era ministro de exteriores español, en 2018, fue considerado el ministro con más patrimonio, 2,77 millones de euros, de los que 983.400 euros correspondían a bienes inmuebles. Y aquí lo dejo, pues su padre era panadero en la Pobla de Segur (Lleida).
Y cambiando de tercio, ayer nos informaron que el virus de la peste porcina africana (PPS), con grandes posibilidades, se ‘escapó’ del centro de investigación en sanidad animal (IRTA-CReSA), ubicada en el punto neurálgico de la aparición de los jabalíes infectados.
Según la Generalitat, ese centro, es el único que trabaja con el virus de esa peste en toda Catalunya. Pero Salvador Illa encargó al instituto de investigación y tecnología agroalimentaria (IRTA) que coordine una auditoria para revisar de forma preventiva todas las instalaciones y protocolos de los 5 centros y espacios que trabajan con la PPA en el perímetro de los 20 Kms estipulado como segunda corona.
Y aquí viene la desinformación, ya que, en primer lugar, dicen que ese es el único centro que trabaja con ese virus, pero investigarán a 5, sin estipular cuáles son. Parece ser que en la facultad de veterinaria de la universidad autónoma de Barcelona (UAB), también hay grupos de investigación; mientras que en el hospital universitario Hermanos Trías i Pujol, de Can Ruti (Badalona), informaron que no trabajan con ese virus vivo.
Pero nadie nos informa si un desecho infectado con virus muerto puede seguir activo.
Y ayer informaron que mañana, lunes, se constituirá el grupo de expertos (catalanes, españoles y europeos) para analizar las medidas y protocolos de seguridad de esos centros. Es decir, ‘parece’ que no es urgente, primero es la festividad del fin de semana; como también han permitido que se efectuaran los accesos a los restaurantes de Collserola, a pesar del estricto control, pero el negocio es el negocio, y la Generalitat no se ha planteado subvencionarlos, y todo se ‘soluciona’ rociando con desinfectante los neumáticos de los vehículos.
El citado IRTA-CReSA de Bellaterra (Barcelona), es el único que trabaja con la cepa que circuló en Georgia en el 2007, y que es el que se ha detectado en los jabalíes salvajes encontrados muertos.
Pero, a pesar de todo, Salvador Illa mantiene su confianza en esos centros, que serán investigados por la propia Generalitat, como he mencionado (si bien, con expertos externos). Asimismo, confiesan que no cerrarán las investigaciones sobre otras hipótesis; cuando, la principal hipótesis han de ser el mencionado centro y la citada facultad de veterinaria, distantes unos cientos de metros, en el ámbito de la UAB, y posponer otras posibilidades y, claro, evitar la confusión mencionando 5 centros, sin especificar, y que la prensa no ha podido dilucidar.
Pero, ‘blanco y en botella’, todo eso es un claro ejemplo de infoxicación, para tapar, aparentemente, responsabilidades directas y específicas de esos centros del campus de la UAB de Bellaterra.
Y me pregunto ¿es ‘racional’ que centros de investigación de cepas de virus estén situados en ámbitos de densa población y flujo de personas?, ¿no sería más adecuado ubicarlos en zonas más distantes y que esa misma distancia fuera una protección añadida? Igualmente, ¿es racional que centros de investigación tan delicados, estén ubicados en hospitales? La logística no ha de ser un argumento de valor, al respecto.
Todos sabemos que, en su momento, todo el mundo fue ‘informado’ que el Covid-19 comenzó en un brote epidémico detectado, por primera vez, el 17 de noviembre de 2019, en un mercado mayorista de marisco, pescado y animales vivos de Wuhan (Hubei), si bien el gobierno chino ‘ocultó’ todo tipo de información sobre el laboratorio del instituto de virología de Wuhan, que estudiaba ese virus.
Es evidente que todos los poderes (gobiernos, empresas, etc.) implicados en esos casos, defienden ciegamente todos los protocolos de seguridad, como está haciendo ahora la Generalitat con IRTA-CReSA, explicando las excelentes medidas que se siguen en esos ‘búnquers’.
Pero nada humano es perfecto, así que siempre cabe la posibilidad de un error, de un fallo; y, lo que es inconcebible, es que, durante la primera semana de la crisis porcina, aquí, todos estuvieran girando sobre la hipótesis del bocadillo con embutido infectado procedente de otro país, y que un jabalí se lo comiera.
Cuando esa hipótesis parece mucho más inverosímil, máxime, teniendo los mencionados laboratorios en el epicentro de la peste. Pero, claro, así van pasando los días, la crisis se superará, más pronto que tarde, ya que ya ahora parece muy delimitada, y la comisión de estudio, como todas, tardará años en determinar la causa, y, si se llega a saber la responsabilidad directa de esos centros, la ciudadanía ya habrá pasado página, y estará por otros temas. Y las responsabilidades políticas, siempre acaban difuminándose.
Michel Eyquem de Montaigne (1533 – 1592) dijo que ‘el mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad (…) no te aferres a la verdad y la racionalidad absolutas, como si fueran el único posible en la vida: cambiar, adaptarse, observar y dudar no es rendirse, es crecer’.
Y ese debería ser nuestro camino, sin dejarnos deslumbrar por las facilonas apariencias de información que los diferentes poderes quieren imponer, para mantener su estatus quo.
Aparentemente, esta situación parece inmutable, pues los poderes controlan la información (que es poder), y ahora, con la importancia de las redes sociales, lo tienen más fácil para desconcentrar, desinformar, etc.
Pero, en las situaciones extremas, aparecen elementos que hacen tambalear esos poderes. Y esos elementos, muchas veces, son impredecibles de forma puntual, aunque, a posteriori, analizando con detalle la situación precedente, puedan atisbarse informaciones y acciones relevantes al respecto.
Un buen ejemplo lo tenemos con la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, tras 28 años de existencia. El pasado jueves vimos la interesante exposición ‘El muro de Berlín, un mundo dividido’, en el espacio Inmersa de Barcelona, en la que se puede observar que, de golpe, el mayor símbolo de la división de la guerra fría, entre capitalismo y comunismo, cayó como un castillo de arena en la playa, al llegar una ola del mar.
Y ese es un gran ejemplo, que incluso los independentistas catalanes deberíamos tener presente, ya que, llegado el momento, hasta la acorazada y sacrosanta unidad española, caerá. Pero, es evidente que no hay milagros, ni inspiraciones gratuitas, debemos trabajar para que se produzcan, haciendo caer a los ‘Falstaffs’ que nos rodean.