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Trump ha ‘espartanizado’ el planeta

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Es sabido que antes de C., mientras Atenas, basó su sociedad en un modelo ‘democrático’ y fomentó el comercio y las artes, Esparta fue un estado eminentemente militar, liderado por una clase dominante. Y, en este momento, Trump y su MAGA han militarizado el planeta, con todas las derivadas que esto comporta, y que comento a continuación.

El efecto MAGA (make America great again) es devastador para las libertades, la cultura, la moral y, en definitiva, para el conjunto de costumbres, saberes y artes, que definen nuestra civilización occidental.

Y con esa estrategia, Trump ha conseguido militarizar el planeta, imponiendo el aumento del armamento, con el falso lema ‘si vis pacem, para bellum’ (si quieres la paz, prepara la guerra), frase atribuida erróneamente a Gaius Iulius Caesar (Julio César 100 a.C. – 44 a.C.), pues fue formulada por Publius Flavius Vegetius Renatus, en su tratado ‘Epitoma rei militaris’ (de re militari: de la cosa militar) escrito entre los siglos IV y V. Y he dicho que ese proverbio es falso, pues lo óptimo sería ‘si quieres la paz, prepárate para ella; no te prepares para la guerra, pero recuérdala’.

Es sabido que el exceso de armas, la libertad de poseer y llevar armas, como proclama la segunda enmienda a la constitución de los EUA (aprobada en 1791), comporta un alto nivel de agresividad, de asesinatos y, en definitiva, una gran desconfianza que limita la libertad pretendida.

Sobre el particular, me parece interesante recordar que la cultura espartana fue extremadamente militarista y agresiva, los niños (sin deformidades), en su educación (agogé) eran entrenados desde pequeños en las más duras condiciones físicas; incluso debían robar los alimentos, sin ser cogidos; y al llegar a los 20 años, si habían superado todas las pruebas, eran considerados ‘iguales, ciudadanos de pleno derecho’, si bien, para casarse, a los 30 años, debían pelearse con los familiares de su pretendida esposa, hasta que pudieran ‘secuestrarla’, y hasta ese momento, podían ‘colarse’ puntualmente en la vivienda de su prometida, pero si eran pillados in fraganti, y eran capturados, comportaba un gran fracaso militar, ya que habían demostrado no estar a la altura exigida para infiltrarse y actuar, sin ser capturados.

El motivo de esa agresiva cultura era debido a que el 90% de la población de Esparta, eran esclavos, ‘ilotas’, descendientes de poblaciones conquistadas; anualmente, los espartanos declaraban la guerra a esos ‘ilotas’, para reducir su número, atemorizarlos y, a la vez, servir de entrenamiento militar a los espartanos. Asimismo, en Esparta funcionaba a la perfección la policía secreta, ‘krypteia’ (etimológicamente: escondido, secreto), que se infiltraba en las poblaciones de los ‘ilotas’, para efectuar asesinatos selectivos y mantenerlos divididos, debilitados; y, en esa policía participaban también los jóvenes, para completar su formación.

La militarización está contrapuesta a la democracia; y, un buen ejemplo lo tenemos en los ejércitos, que se rigen por reglamentos internos, herméticos, protegidos; especialmente, si son herederos de regímenes como el franquismo, como en el reino español, que las carreras militares son automáticas, con mínimas responsabilidades al respecto, así que se da una gran culpa ‘in eligendo’ (en la elección), ya que multitud de chusqueros han ido ascendiendo, sin ningún sentido ni formación adecuada y objetiva (ajena a las propias academias militares), y con el burocrático sello de que ‘el valor se le supone’.

Y todo ese dislate, disparate, en el reino español lo podemos observar en otros cuerpos, como el judicial, policial, etc.  

Esta semana, en 3cat (la televisión catalana) hemos podido ver la segunda parte del documental titulado ‘Et faran un home. Morts silenciades’ (Te harán un hombre. Muertes silenciadas), en el que se explican las muertes en el servicio militar, cuando era obligatorio, y expone que en el período que va de la muerte del dictador y asesino Franco, hasta el año 2001, que fue abolido el servicio militar obligatorio (mili), se produjeron 1.900 asesinatos, e infinidad de vejaciones sexuales y de todo tipo, en 25 años.

Esa frase popular de que en la mili ‘te harán un hombre’ ya denotaba el carácter castrense, espartano, en el peor sentido, no en el de la austeridad, sobriedad, severidad, etc.

Un amigo de mi infancia y juventud (J.) murió haciendo el servicio militar, y la información facilitada a la familia, fue que la causa había sido un accidente producido durante un ejercicio de tiro. Todo es posible, pero, en todo caso, debían haberse depurado las responsabilidades, o irresponsabilidades, ‘in vigilando’ (culpa en la vigilancia). 

Yo recuerdo que, en mis años de mili, en pleno franquismo, los días de ejercicio de tiro, se montaban unas mesas con botellas con todo tipo de bebidas alcohólicas, para los mandos, y después de finalizar el ejercicio, bebían como cosacos (y no sé si antes y durante, pero no me extrañaría, ya que, en los cuarteles, en los cuartos de banderas, el alcohol corría más que el agua)

Volviendo a las cifras facilitadas por la investigación del citado documental, hay que considerar que, con toda seguridad, en realidad deben ser mucho más elevadas, pero no lo sabremos, ya que dominan la censura, la prohibición de consultar los archivos militares, la falta de información facilitada a los familiares en cada momento y, en definitiva, el hermetismo de una casta militar que no fue depurada y que se ha ido reproduciendo a imagen y semejanza de la existente previamente, y que, por lo tanto, se mantiene ‘constitucionalmente’, por encima del bien y del mal, dirigida por el personaje más a-demócrata del reino, que es el nefasto Felipe VI. Así, tenemos un ejército franquista, mandado por un elemento impuesto por Franco; y, en ese contexto de total impunidad, ¿qué podemos esperar?, pues cualquier cosa, menos transparencia.

Y nadie ha intentado investigar, ningún político español se ha molestado en pedir responsabilidades, ningún juzgado ni la fiscalía, han actuado de oficio. Nadie ha pedido responsabilidades. Ni después del mencionado programa de la televisión catalana que, claro, ningunean en el resto de su España. Y eso no solo es vergonzoso, es delictivo, pues no valen las excusas de que pasó hace años; asumir ese argumento es ser cómplice de los delitos mencionados.

Y ahora, con la estrategia impuesta por Donald Trump, que, como he dicho, eleva potencialmente el gasto militar, y da más prerrogativas a los ejércitos, efectivamente, nos lleva a un futuro distópico, con menos libertades y vigilados por antidemócratas, como estamos viendo en las calles de muchas ciudades de los EUA.

Así, nos están llevando a un tipo de sociedad como la que describió Eric Arthur Blair (George Orwell, 1903 – 1950), en su famosa novela ‘1984’ (Nineteen eighty-four), publicada en 1949, caracterizada por el Partido único, y por la omnipresente vigilancia del Gran Hermano, la policía del pensamiento, la neolengua y … la habitación 101 (un espacio de tortura donde los sospechosos (traidores) eran sometidos a todo tipo de torturas, para destruir en su mente, aquello que le impide amar al Gran Hermano; por eso, eufemísticamente, la habitación 101 dependía del ministerio del amor).

En esa novela, el ‘ministerio de la paz’ (Minipax) se encargaba de la guerra. Curiosamente, ahora, Trump, a su ministerio de defensa, le ha cambiado el nombre por el de la guerra, huyendo de todo tipo de subterfugios y mostrando su prepotencia.

Orwell describió un mundo dominado por tres superpotencias en guerra eterna: Oceanía (dominada por el socialismo inglés), Eurasia (controlada por el neobolchevismo) y Eastasia (Asia, en la que domina la adoración a la muerte y la desaparición del yo). Curiosamente, Trump también concibe el mundo en base a tres potencias: los propios EUA, Rusia y China, pues Europa, para él, es un continente en decadencia.

En ese mundo orwelliano, el lenguaje también era ‘curioso’, pues consideraba que ‘la guerra es paz’, ‘la libertad es esclavitud’ y ‘la ignorancia es fuerza’; es decir, características inmorales, propias de una sociedad distópica, donde las haya.

Y ese es el futuro al que nos lleva Donald Trump, y el que, de una forma u otra, van asumiendo todos los estados. Un mundo militarizado y militarizante. Un mundo espartanizado y espartanizante. Un mundo infernal. Máxime, en un reino como el español, en el que el ejército es lo que es, igual que la justicia, etc.; y, encima, los políticos se dedican a ‘bailar el agua’ al reyezuelo, tratando se serle grato.

En definitiva, que, ante un panorama tan negro, tenemos más que sobradas razones parta independizarnos, y también de la UE y de la OTAN, pues es mejor ser pequeños, con un espíritu ateniense, y alejados de los espartanizadores, ya que, sólo así, nos evitaremos tanta y tanta guerra (recordando a Mercè Rodoreda i Gurguí (1908 – 1983), en su novela titulada ‘Quanta, quanta guerra…’ (1980)