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Un país libre en un mundo possible

Carles Castellanos i Llorenç (Poble Lliure)

O la destrucción del mundo o la libertad. Éste es el marco general que nos interpela, pero que no cambiaremos nosotros solos porque somos millones de mujeres y hombres los que estamos directamente implicados.

Este 11 de septiembre pasado ha sido importante porque han empezado a cambiar las cosas, mostrando la necesidad de fortalecer el movimiento popular catalán en la perspectiva de la independencia. Se ha empezado a abandonar el lamento estéril que ha acompañado la represión (con sus campañas de desmovilización) y se ha aportado fuerza a la labor continuada de extender las reivindicaciones de libertad, democracia, igualdad e independencia en todo el país. También son importantes la creciente movilización popular en el País Valenciano y las Islas Baleares contra un poder despótico que sólo trabaja contra el pueblo y la lengua, siendo cínicamente insensible al sufrimiento de las personas (como en las graves inundaciones en que numerosas personas han perdido la vivienda, el medio de vida y la vida misma).

Muchos articulistas han defendido también la necesidad de avanzar por medio de actuaciones concretas que vayan fortaleciendo las redes solidarias y reivindicativas. Esto es lo que habían hecho los núcleos del independentismo de los años 70-90 del siglo pasado, esparcidos por comarcas y barrios, que se formaron y crecieron defendiendo las reivindicaciones populares dando fuerza así a la perspectiva de un país libre.

Es a través del trabajo y la movilización arraigados en todo el país como nuestro movimiento de liberación nacional volverá a ser fuerte y podrá encarar los objetivos. La historia de la humanidad está llena de movimientos que han ido rompiendo las barreras. Y hoy las expresiones extremas de arbitrariedad e irracionalidad del poder son, de hecho, un signo de debilidad al mostrar la impotencia para mantenerse, respetando las reglas del juego que sus antecesores democráticos habían implantado. Los gigantes despóticos de ahora, defensores de un sistema capitalista desaforado tienen, como bien se ha dicho, los pies de barro. Son temibles en su arbitrariedad pero no son eternos y tienen en contra a millones de personas y cientos de pueblos y naciones que reclaman la libertad como condición básica para poder sobrevivir.

Desde el punto de vista de los contenidos nos conviene, por tanto, combinar la crítica de las formas de poder y de manipulación ideológica; y al mismo tiempo defender nuestros derechos que se pueden resumir en el derecho a la vida y a la libertad. Todo el mundo tiene derecho a poder vivir de su trabajo y tener acceso a una vivienda digna. Y el contexto político y económico actual (rabiosamente capitalista) no lo permite. Todas las personas deben ser iguales ante la ley y el marco actual lo hace imposible. Las mentiras del poder son estridentes ya que aquellos que se llenan la boca de la palabra ‘Tothom (todo el mundo)” (como el gobierno del PSC-PSOE que pretende presentarse com defensor de oprimidos y opresores) no son más que unos defensores serviles de un régimen monárquico español y españolista que mantiene las desigualdades y favorece una represión que defiende unas oligarquías heredadas del franquismo. Todo esto debe acabar pero requiere un cambio profundo porque es el sistema institucional mismo, de listas electorales cerradas controladas por las cúpulas de los partidos, lo que favorece la política abusiva y las redes de corrupción. Son necesarias, como primeras medidas en las instituciones, listas abiertas y formas de participación popular en todas las cuestiones que afectan la vida cotidiana de las personas.

Un sistema de dominación que permite tantos abusos, pone en riesgo el planeta, y fomenta las guerras, tendrá cada día más oposición. El belicismo es fomentado por los fanatismos religiosos, como muestra la base ideológica del poder israelí y de Hamás; los fanatismos no deben mandar en la vida social (v. «La República Laica» en La Veu de Poble Lliure). La destrucción de las lenguas del mundo también debe finalizar. Y nosotros tenemos que garantizar la vida social del catalán y el occitano, que nos corresponden en primera instancia. Y estos días tenemos la suerte de contar con la “Setmana del llibre en català” (semana del libro en catalán) y hay que estar en este importante evento. Con mi humilde participación he trabajado con ahínco en la tarea de enriquecer la lengua porque es necesario favorecer la expresividad y no limitarlo todo a la simple corrección. Por eso quisiera remarcar la aportación de dos libros recientes, el Diccionari de Recursos Lexicals (Llibres de l’Índex) y Llengua Viva (Edicions del 1979). Nuestra tarea debe ser revitalizar la lengua, revitalizar los colectivos en lucha. Más allá de La Barbarie hay los Derechos de los Pueblos y las Naciones.