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Ayer (09/04), en Barcelona, tuvo lugar la presentación efectuada por Irene Montero (Podemos) y Gabriel Rufián (ERC), moderada por Xavier Domènech (ex Comuns), que los presentó como: ‘La Pasionaria de la izquierda actual’ y ‘el puño de hierro contra la derecha española y la catalana, como un Robespierre de la izquierda catalana, si no fuese un jacobino’. Esta presentación, seguida excesivamente por determinados medios de comunicación, a mi modo de ver, no dejó de ser humo, ya que todos sabemos que la realidad electoral la marcan los diferentes partidos que, en última instancia, son empresas de ocupación dirigidas por sus líderes y sus amigos deseosos de ocupar puestos de relevancia, como intento comentar a continuación.
La crítica situación de base es lógica: la derecha española está representada por dos partidos (PP y Vox), y la izquierda del PSOE está fragmentada (ambos ponentes repitieron que hay hasta 14 formaciones en esa franja), y esa fragmentación es negativa para las expectativas de voto, máximo teniendo una ley electoral y la ley d’Hont, que favorecen las mayorías y, por ende, el bipartidismo.
Pero ese análisis me parece simplista, ya que, en la tradición electoral española, está instalado, prioritariamente, el bipartidismo PSOE / PP; mientras que los restantes partidos, incluyendo Sumar y Podemos, según las encuestas demoscópicas, ante las elecciones del 2027, tendrán un papel residual. Asimismo, en las autonomías periféricas, especialmente en las tres comunidades históricas (Catalunya, Galicia y el País Vasco), interviene, con un peso relativo, pero notable, el eje nacionalista, ¿por encima? del eje izquierda / derecha.
Asimismo, respecto a esa ¿unión? de las izquierdas, estamos viendo que Oriol Junqueras, presidente de ERC, no está apoyando el movimiento protagonizado por su discípulo Gabriel Rufián (junto a su predecesor en el congreso, Joan Tardà), ya que teme perder parte de su electorado, pues él siempre había sido partidario de que cada partido se presentase independientemente, y siempre ha defendido que la suma de las partes es superior a la suma de un conglomerado (por eso, también fue contrario, incluso del ‘Junts pel Si’, que finalmente, aceptó)
Ahora bien, según la psicología de la Gestalt, ‘el todo es más que la suma de sus partes’, pues la estructura global comporta nuevas sinergias, debido a la agrupación de elementos próximos, semejantes, y a la propia ley de cierre (el cerebro y, añado, por extensión, la sociedad, tiende a completar las figuras incompletas, rellenando automáticamente los huecos, para percibir una forma total y coherente). Es decir, que individual y colectivamente, tendemos a buscar patrones ancestrales, como el de que ‘la unión hace la fuerza’. Siguiendo con la mencionada corriente de pensamiento psicológico, ‘dividir todo en pequeñas partes, es erróneo para comprender fenómenos complejos, ya que la interacción entre las partes es primordial’.
Pero esa teoría psicosocial, me parece, que no se puede extrapolar a la política, al menos, no de forma automática, ya que, en la política, la polarización se puede observar en diferentes ejes posibles, principalmente: derecha / izquierda; nacionalista / unionista; si bien según los especialistas, hay otros ejes: autoritarismo / libertarismo; productivista / antiproductivista; ecologismo / crecimiento tradicional; oriundos / inmigración; etc. Y todos esos ejes y sus respectivos polos inciden en la economía y en la sociedad y en la socialización consecuente.
Y obviar los aspectos diferenciales y esenciales de cada uno de los partidos políticos, por ejemplo, el polo nacional (independentismo / españolismo), para priorizar el eje derecha / izquierda, me parece que comporta el riesgo de perder votantes, ya que si ERC acabase presentándose con ese conglomerado, con un programa centrado en ese eje español, denotaría que su interés respecto a la independencia queda postergado (por más que su posible discurso lo intentase limar y suavizarlo).
Y claro, priorizar el eje izquierda / derecha, para presentar a Junts, su principal enemigo, como perteneciente al eje del mal, además de ser una postura inmoral, falsa y tramposa, comporta un ataque en la línea de flotación del movimiento independentista, y eso es un error inexcusable, como lo fue, que apoyasen la investidura del represor Salvador Illa.
Y eso el centralismo español lo sabe muy bien, ya que esa ‘potencial’ unión de las izquierdas, les va como ‘anillo al dedo’, pues consolida su tesis del ‘divide et impera’.
Los independentistas catalanes llevamos más de 10 años trabajando y pensando en base a la priorización del eje nacional, ya que consideramos que la configuración de la futura república catalana será un tema para definir posteriormente, de forma democrática, y contando con la totalidad de nuestros recursos económicos.
Por todo eso, me parece que el show montado por Irene Montero y Gabriel Rufián, tiene un interés personalista, de protagonismo puntual y efímero, más que un verdadero programa madurado y elaborado por ambos, máxime cuando no explicaron, ni fueron capaces de responder, a las preguntas fundamentales respecto a la prioridad de cada formación en los diferentes ámbitos geográficos, y desviaron la respuesta a futuros trabajos entre todas las partes. Montero, diciendo que, en Podemos, siempre han decidido las bases; y Rufián, diciendo que hay muchos modelos, como la unión parlamentaria (que han sido incapaces de ejercer hasta ahora), pero que, ese futuro no comporta perder la identidad de los partidos, ya que él no piensa dejar ERC (salvo que le expulsen) y que siempre ha trabajado y trabajará, para que Oriol Junqueras sea president de la Generalitat, y de la futura república catalana. Y eso es la cuadratura del círculo.
Y que esa cuadratura del círculo, encima, pretenda efectuarla y liderarla ‘intelectualmente’ un personaje tan plano y simple como Rufián que, por lo visto, en sus años de estancia en Madrid ‘ha visto la luz’ en su éxito mediático (en las redes sociales), no deja de parecerme un bluf, pues dijo ‘prefiero llenar TikTok antes que las bibliotecas, ya que mi hijo mira TikTok’.
Entiendo que Rufián quiso reconocer la importancia de las redes sociales, pero, no todo vale, las bibliotecas, como símbolo de la cultura, no pueden sacrificarse, por meros likes: ‘el fin no justifica los medios’, a pesar de que, efectivamente, la derecha (nacional e internacional) se haya apropiado de esos medios de comunicación, siguiendo las tesis del ideólogo ultraconservador Stephen Kevin Bannon; y a pesar, también, de que, efectivamente, la juventud se ‘informa’ única o preferentemente, por esos medios.
Pero, para llegar a la juventud, si se han de utilizar esos canales, no me parece aconsejable caer en la simplicidad, como: ‘no hay personas ilegales’ (Montero), o ‘estoy cansado de tener razón’ (Rufián); pues, caer en ese marco, es decir, rebajando el nivel ‘intelectual’ a límites ínfimos, no es la solución, ya que, como dijo Henry Louis Mencken (1880 – 1956), periodista y escritor, conocido como ‘el sabio de Baltimore’ o ‘el Nietzsche estadounidense’: ‘para todo problema complejo existe una solución clara, simple y equivocada’, pues los problemas complejos precisan análisis profundos y complejos.
Es cierto que, socialmente, hay un cierto atractivo por la simplicidad, pues es mucho más cómodo creer que hay soluciones sencillas para problemas complejos; y que, en paralelo, hay una visión negativa hacia la complejidad, al esfuerzo. Además, las propias redes favorecen el lema: ‘primero dispara y luego dialoga y negocia’. Y ese atractivo favorece y potencia los populismos.
El mencionado Mencken, entre otras frases, popularizó que:
‘Un idealista es aquel que, al darse cuenta de que las rosas hacen un mejor olor que las coles, concluye que también harán una mejor sopa’.
‘El objetivo general de la política práctica es mantener el pueblo alarmado (y, por lo tanto, deseoso de ser conducido a la seguridad) por una serie infinita de hobgoblins (*), la mayoría de ellos imaginarios’.
(*) goblin, hobbit, etc.
pues Mencken consideró que cada grupo, ya sea el de los periodistas, negros o artistas, producen sus propias élites; y así, nos encontramos, ahora, con el dúo Montero y Rufián, aspirando a ser esa élite, esos Moisés que nos marquen el camino; si bien, la primera, tiene una cierta coherencia, al querer potenciar las izquierdas españolas, mientras que a Rufián …, al haberse olvidado del eje nacionalista, solo le queda potenciar y perseverar su propio ego.
En definitiva, nuestra misión, la de los ‘boomers’, debería ser la de clarificar nuestra postura, y manifestar de forma clara nuestra posición, por ejemplo, exponiendo con detalle nuestras observaciones y objeciones respecto al mencionado ‘dúo pimpinela’, autoconsiderados los nuevos líderes y representantes de los zoomers (generación Z, nacidos entre 1997 y 2010) y millennials (generación Y, nacidos entre 1981 y 1996).
Pero deberá ser esa juventud, mayoritariamente, la que acabe decidiendo su futuro, sin ninguna imposición por nuestra parte. Por eso, no debemos simplificarles la situación actual, eso sería reducir elementos; debemos presentar con total complejidad nuestras experiencias erróneas y acertadas, sin temor a que no las entiendan, pues no debemos desconfiar de la juventud que, en este momento, tiene más formación y recursos de los que tenemos nosotros.
Y volviendo al final de mi escrito de ayer, debemos dejar de actuar como los virus (según la cita de Matrix) y, como dijo Salvador Espriu, debemos estar abiertos a los años que nos queden, a las nuevas experiencias que, con toda seguridad, los jóvenes nos aportarán, pues no dudo que, en su momento, considerarán y valorarán nuestras experiencias, pero decidirán según sus intereses futuros. Y si, finalmente, deciden que ese futuro no pase por la república catalana, será su decisión y su responsabilidad.