Las estrategias equilibradas ayudan a mantener un enfoque de largo plazo, con una volatilidad menor que la que ofrecen carteras compuestas sólo por acciones.

Los inversionistas han recurrido a la seguridad percibida del efectivo en distintos momentos de los ciclos de mercado, y por varias razones. Esta búsqueda de refugio es tan inevitable como los periodos de volatilidad que suelen precederla.
En 2023 y 2024, los inversionistas globales seguían marcados por las pérdidas de 2022, cuando tanto acciones como activos de renta fija registraron rendimientos negativos. Esa experiencia, junto con el aumento de tasas de la Reserva Federal —que hizo que el efectivo volviera a generar ingresos atractivos—, los llevó a adoptar una postura más cautelosa. Después de más de una década de tasas cercanas a cero, productos como cuentas de ahorro, fondos del mercado monetario y certificados de depósito ofrecían rendimientos razonables con bajo riesgo, por lo que mantenerse al margen parecía un sacrificio menor.
En 2025, la incertidumbre derivada de los aranceles, la inflación, las tensiones geopolíticas y las perspectivas de la economía global han llevado a muchos inversionistas a seguir refugiándose en el efectivo. Otros han optado por una postura de “esperar y ver” antes de volver a invertir. Esta decisión implica un costo de oportunidad, especialmente ahora que las bolsas alcanzaron máximos históricos en septiembre.
Los inversionistas siempre necesitarán tener efectivo disponible para ahorros a corto plazo o necesidades de liquidez, independientemente de lo que ocurra en los mercados. Sin embargo, la historia demuestra que usar el efectivo como vehículo de inversión a largo plazo puede ser perjudicial para la creación de riqueza.
¿Déjà vu otra vez?
Este 2025 parece un “déjà vu” con tantos inversionistas que aún mantienen su dinero en efectivo. Y hay muy pocas señales de que esta tendencia vaya a revertirse, sobre todo al considerar que la incertidumbre económica parece continuar.
No ayuda que la venta masiva posterior al Liberation Day en abril siga fresca en la memoria de los inversionistas. Aquel periodo de extrema volatilidad —y las múltiples olas que lo siguieron— probablemente es una de las principales razones de su renuencia a invertir, a pesar de que el repunte posterior recuperó prácticamente todas esas pérdidas en cuestión de días. La venta masiva de abril es un claro ejemplo de cómo las acciones suelen registrar importantes movimientos al alza tras caídas abruptas, y de por qué mantener la inversión durante las fluctuaciones inevitables ha demostrado ser históricamente rentable.
Un enfoque más equilibrado
Si bien la volatilidad y la incertidumbre pueden resultar inquietantes, existen estrategias de inversión que ayudan a los inversionistas a mitigar el riesgo a la baja mientras participan en las ganancias al alza. Una de las más reconocidas y probadas, diseñada precisamente con ese propósito, es la estrategia 60/40 —o estrategia equilibrada—, que consiste en combinar un 60% en acciones con un 40% en instrumentos de renta fija de alta calidad.
La combinación 60/40 ha sido durante mucho tiempo sinónimo de inversión prudente y ajustada al riesgo, al ofrecer una asignación de portafolio que históricamente presenta menos riesgo a la baja que una cartera compuesta únicamente por acciones. Esto brinda confianza a los inversionistas para mantener su exposición al mercado incluso en condiciones volátiles. Históricamente, este enfoque mixto ha permitido obtener rendimientos sólidos con una volatilidad menos intensa que la de una cartera 100% de acciones.
Acciones y renta fija
A pesar de la volatilidad a corto plazo, las acciones siguen siendo un componente clave para la creación de riqueza a largo plazo. El papel principal de la asignación en renta variable dentro de una estrategia equilibrada es generar apreciación de capital, por lo que es fundamental que esta parte del portafolio esté posicionada para crecer, incluso en condiciones económicas más desafiantes. Por otra parte, un principio fundamental de una estrategia equilibrada es que reducir el impacto de las caídas resulta crucial para el desempeño a largo plazo. Por ello, la asignación en renta fija debe cumplir con dos funciones esenciales: maximizar los ingresos y limitar las pérdidas durante los periodos de tensión en el mercado accionario.
Dadas las complejidades de cumplir ambas funciones de manera simultánea, las opciones que emplean enfoques activos tanto en renta variable como en renta fija —junto con la capacidad de ajustar dinámicamente la proporción entre acciones y bonos— pueden ofrecer una mejor posición ante las cambiantes condiciones del mercado.
La estrategia equilibrada y el regreso a los mercados
Es probable que la volatilidad que ha marcado 2025 continúe. Sin embargo, aunque la atracción del efectivo en tiempos de incertidumbre es comprensible, el costo de oportunidad por mantenerse al margen ha sido considerable, sobre todo teniendo en cuenta el sólido desempeño de los activos de riesgo en 2023, 2024 y lo que va de 2025.
Las estrategias equilibradas ofrecen menor volatilidad y facilitan el reingreso de los inversionistas a los mercados. Estas estrategias buscan generar rendimientos sólidos en entornos positivos y limitar las caídas durante las ventas masivas en el mercado accionario. Con ellas, los inversionistas más cautelosos pueden enfrentar la incertidumbre económica o la volatilidad, sin dejar de aprovechar las oportunidades de crecimiento del mercado.
INFORMACIÓN IMPORTANTE
Los portafolios de inversión gestionados activamente están sujetos al riesgo de que las estrategias de inversión y los procesos de investigación aplicados no produzcan los resultados esperados. En consecuencia, un portafolio puede tener un rendimiento inferior al de su índice de referencia o al de otros productos de inversión con objetivos similares.
Los valores de renta variable están sujetos a diversos riesgos, incluido el riesgo de mercado. Los rendimientos pueden fluctuar en respuesta a factores relacionados con el emisor, así como a acontecimientos políticos y económicos.
Los instrumentos de renta fija están expuestos a riesgos de tipo de interés, inflación, crédito e incumplimiento. El mercado de bonos es volátil: cuando las tasas de interés suben, los precios de los bonos suelen bajar, y viceversa. La devolución del capital no está garantizada, y los precios pueden disminuir si un emisor no realiza los pagos a tiempo o si se deteriora su solidez crediticia.
La diversificación no garantiza ganancias ni elimina el riesgo de sufrir pérdidas en las inversiones.